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LA VIRGEN DE LA PALOMA

La Virgen de la Paloma comparte con San Isidro y con la Virgen de la Almudena (ésta es la oficial) la triada de santos patrones de Madrid. Su festividad se celebra el 15 de agosto y tiene una zarzuela dedicada a ella, "La Verbena de la Paloma", compuesta por Tomás Bretón sobre libreto de Ricardo de la Vega, y que se estrenó en 1894.

La Virgen de la Paloma se refiere a un mediocre cuadro anónimo del siglo XVIII, lo cual no es muy frecuente, pues las vírgenes suelen ser habitualmente estatutas o tallas de madera. La Virgen descrita en la pintura era la de la Soledad, pero se comenzó a conocer popularmente como Virgen de la Paloma por hallarse expuesta en una casa de la calle de la Paloma.

La calle de la Paloma se denominó así debido al hecho de que mientras se transportaba la imagen de la Virgen de las Maravillas a una parroquia de esta calle, una paloma la siguió y desde ese momento, pasó todas las noches en este templo hasta que se murió. De ahí el nombre relativo a tan piadosa ave.

Parece que el cuadro se encontró por casualidad en malas condiciones por un hombre que buscaba leña en el patio de la iglesia. Extrajo el lienzo del marco, que se quedó para convertirlo en leña, y dio la pintura a unos chicos que jugaban por allí. Uno de ellos se lo "vendió" por unas perras a su tía, Isabel Tintero, quien limpió el retrato con cuidado, lo enmarcó de nuevo y lo colgó tan ufana en la entrada de su casa, en la calle de la Paloma. Fíjense que si este hombre no hubiese tenido frío ni la genial idea de Isabel, nos hubiésemos quedado si santa patrona. Lo que son las cosas. Los designios del Señor son inexcrutables. Eso sí, la propia Isabel ya se encargó de esconder la pintura cuando los franceses ocuparon Madrid.

Poco después, la cuñada de isabel expuso sin pensarlo, le salió de pronto, a su hijo neonato delante de la Virgen para su bendición, y desde entonces se puso de moda la costumbre en toda la ciudad, de modo que Isabel Tintero, paciente ella, reservaba parte de su hogar para alojar temporalmente a los molestos visitantes. Para custodiar la Virgen, se construyó una pequeña capilla en 1795, financiada por donaciones voluntarias, tal era la devoción que levantaba la figura impresa en la tela, pero fue trasladada a la iglesia adyacente de San Pedro el Real, donde ha permanecido, tras varias vicisitudes que la hicieron salir de su refugio, hasta hoy.

La Virgen sigue siendo hoy día especial objeto de la devoción de las mujeres embarazadas y de las que han alumbrado en fechas recientes. Actualmente, todos los sábados por la mañana, todavía se celebra una misa por las mujeres en estado de buena esperanza y por sus futuros hijos. Residuos de paganismo que el cristianismo tuvo que incorporar a su doctrinario, e hizo lo que debía para su expansión, pues sino no habría extendido su larga sombra por el mundo.

Incluso se hizo popular entre las mujeres de la realeza. María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, supuesta amante de Manuel Godoy, el favorito de la Corte, suplicó y solicitó ansiosamente su intervención, la de la Virgen, no la de Godoy, cuando su hijo Fernando (futuro y denostado VII de este nombre) cayó enfermo. Más hubiese valido que no le hubiese escuchado, porque puede que la historia de este país hubiese sido completamente diferente de no haber sufrido un reinado tan nefasto como el perpetrado por el nefando "Deseado".

Pero, ¿quién diantres era la Virgen de la Paloma? Según algunos cronistas de Madrid, el retrato representa a una monja de clausura burgalesa del siglo XVII. Parece que el padre de la novicia hizo pintar su imagen para recordarla, pues la echaba de menos. La joven era tan piadosa que fue beatificada, y se colgó su retrato en el convento en el que había ingresado a temprana edad. Se hicieron varias copias, y fue una de éstas la que fue a parar a manos de la mentada Isabel Tintero, que en buena hora le cayó en gracia, cuando tuvo que aguantar, suponemos que de buen grado, la avalancha de acólitos y fieles con barriga y con tiernos infantes berreando delante de su hogar. Isabel fue recompensada de su bonhomía con una calle dedicada frente a la iglesia.

En mayo de 1936, y en previsión de los males que se adivinaban y acercaban, la pintura fue enajenada de la iglesia para evitar su más que probable ultraje a manos de las turbas anticlericales, y fue escondida en el cabezal de la cama de un devotísimo feligrés. Luego el cuadro cayó en el sotano de un edificio de la Glorieta de San Bernardo, olvidado por todos. Tras la guerra, pasó a formar parte de la capilla privada del obispo de Madrid, y finalmente, volvió a su lugar original de San Pedro el Real.

El 15 de agosto es la festividad de todas las patronas locales de España, la Paloma en los Madriles. Ese día, en la iglesia de San Pedro no cabe un alfiler, y un grupo de bomberos, colectivo profesional del que es patrona, lo descuelga desde su privilegiada posición elevada y pasea el cuadro en carroza por Madrid, decorado con flores y mantones de Manila. Suenan pasodobles en honor a la Virgen y la música impregna los alrededores del Parque de las Vistillas. A pesar del calor agobiante del estío madrileño, en el barrio de La Paloma se congregan multitudes que aguantan el tirón hasta altas horas de la madrugada.

 

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