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LA VIRGEN DE LA ALMUDENA

La catedral madrileña de la Almudena, la que está ubicada al otro lado de la explanada del Palacio Real, se comenzó a construir en 1883.Al final, fue consagrada en 1993, 110 años después de iniciado el proyecto. Aunque he de decir, que en un gesto muy español, se han hecho retoques a última hora, a matacaballo, con motivo de la boda del Príncipe Felipe, en 2004.

La talla original de la Virgen de la Almudena, según la leyenda, fue transportada nada más y nada menos que de Tierra Santa a Madrid por el Apóstol Santiago hacia 38 d.C. A ver quien es el guapo que desmonta esta piadosa historia. Alguien se trae una estatua desde el otro extremo del mar, y la lleva a una ciudad que ni siquiera existía en época tan temprana...Tampoco está demostrado que ningún apóstol hoyase con sus pies la Panínsula, ni siquiera nuestro santo patrón. Asi que alguien tenía que poner un poco de cordura en el asunto. La talla actual, que se encuentra en la catedral data de finales del siglo XV o comienzos del XVI, lo que la hace bastante más creíble que una Virgen paleocristiana. Incluso algunas fuentes hablan de una Virgen intermedia en el tiempo entre la legendaria y la real.

Pero como parece que nos gustan más las leyendas que a un niño un chupete, por supuesto, "aceptamos pulpo" y que sí, que la Virgen original vino con Santiago, que para eso es patrón de España, y que además la trajo a Madrid, que ya por entonces estaba predestinada a ser capital de reino, aunque no existiera como tal. A mí, me suena a mitología propagandista elaborada en época barroca para embellecer los orígenes de la Villa y Corte. El caso es que la Virgen ya estaba en esos parajes cuando los musulmanes conquistaron la Península Ibérica. Y como Madrid ya existía, aunque parece ser que no pasaba de ser un pequeño asentamiento visigodo denominado Matrice, sus habitantes, cristianos devotos, escondieron su imaginería religiosa para que el feroz agareno no la hallase y la deshonrase. Entre esos objetos de adoración, se encontraba, como no, la Virgen, muy adorada por los habitantes del cuchitril, la cual fue celosamente escondida en un lugar secreto, escoltada por dos cirios y sellada. Tan oculto era el lugar, que luego a los musulmanes les dio por fortificar la plaza y ni se enteraron de que acababan de emparedar una sagrada imagen cristiana. Al ocupar los dichosos musulmanes la zona, la localización secreta pasó de padres a hijos entre los cristianos escogidos (que no todos lo sabían) que aguantaron el chaparrón en lo que era Madrid por entonces, hasta que por fin, a finales del siglo XI, cuando Mayrit, ahora una pequeña ciudad fortificada islámica, cayó en manos de Alfonso VI, la imagen tuvo a bien reaparecer.

Pero no lo hizo de cualquier manera, sino que su reaparición, tuvo como en todos estos casos, su componente teatral. Y la población del Barroco era bastante aficionada a este tipo de espectáculos públicos. Por eso digo, que muchas de estas leyendas se elaboraron en tiempo de los reyes Habsburgo, ejem, los Austrias. La leyenda cuenta que una muchacha, curiosamente llamada María tendría que haber conocido el sitio donde se escondía la Virgen, un secreto que la había transmitido su madre, pero no recordaba el lugar exacto, y su progenitora ya había fallecido. Eran los tiempos en que Alfonso VI había conquistado Toledo y volvía a Madrid ansioso por ver la Virgen que había estado escondida tanto tiempo. Pero le informaron que la persona que debía ocultar el secreto, había olvidado el lugar exacto. Error imperdonable. El Rey se enfadó mucho, con razón, y amenazó con derruir las murallas árabes hasta encontrar la imagen, y dejaría la ciudad a merced del enemigo. La amenaza no era baladí, y María cayó en barrena. Tanto miedo tuvo la pobre chica de la terrible reacción del poderoso monarca, que la única actividad de la que era capaz era de rezar día y noche en busca del esperado milagro.

El plazo concedido por el conquistador de Toledo expiraba el 9 de noviembre, que era cuando Alfonso ordenaría comenzar a demoler las potentes murallas madrileñas. Pero no andaba muy convencido pues se le vio implorando ayuda divina en un paseo que dio por las murallas. No quería llegar a cumplir sus amenazas, pero no podía desdecirse. María y mucha gente se unió a la fervorosa procesión, que medró por los alrdedores de la muralla durante algún tiempo. Pero la Virgen no se dignaba aparecer. Debía estar enfadada por alguna causa y parecía querer castigar así a todo un pueblo. Cuando el cortejo, que parecía más fúnebre que otra cosa, alcanzaba el tramo de muralla que da a la actual Cuesta de la Vega, frente a un granero, María emitió un desgarrador grito, y ante sus ojos el muro se derrumbó, sin intervención humana. Era el milagro buscado y esperado por todos: la Virgen y sus dos cirios encendidos aparecieron ante todos los presentes. Al Rey, en el fondo, se le quitó un peso de encima, pues por fin pudo ver la sagrada imagen.

Como la Virgen se encontró cerca de un granero, se le dio el nombre de "Almudena", del árabe almud, que era una medida de trigo. Otros autores piensan que deriva de almudayna, "en el muro". El lugar donde tuvo el milagro, es visible hoy día y está señalado para que todo el mundo lo vea con una hornacina a gran altura, donde se ha instalado una réplica de la Virgen, ésa que hace diez siglos estaba perdida y que quiso ser descubierta cuando así lo estimó oportuno. Pero como ahora hay obras en el futuro Museo de Colecciones Reales, que nadie sabe cuando abrirá sus puertas, la réplica pétrea de la imagen está de momento a la izquierda del acceso a la cripta de la Almudena, muy cerca de la hornacina. La imagen auténtica, queremos decir, la del siglo XVI, está ubicada en la Catedral de la Almudena, en el crucero, en lugar preeminente, faltaría más, que para eso está la enorme iglesia bajo su advocación.

 

© by Diego Salvador desde 2006