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VIDA DE SAN ISIDRO LABRADOR

San Isidro Labrador es el santo patrón de Madrid. Parece que de eso no hay duda, aunque el puesto se podría compartir con la Virgen de la Almudena y con la Virgen de la Paloma. Pero santo es, y patrón, también. Pero lo bueno es que este buen hombre existió de verdad. Repasemos un poco su biografía.

Isidro nació en Madrid en 1082, cuando la pequeña ciudad todavía estaba en manos de los musulmanes, pero le quedaba un tris para cambiar de bando, a la fuerza, por supuesto. Este hombre, como era pobre, pues tenía que trabajar, y primero lo hizo como pocero y después como labrador, que es el oficio por el que todos le hemos conocido, en los campos de Iván de Vargas, uno de los grandes potentados de Madrid. Era un hombre excepcionalmente alto para su época, medía 1,80 metros según demuestra la envergadura de su cadáver y vivió una eternidad, 90 años, que igualmente en aquellos tiempos era una burrada, como ahora, vamos, pero por entonces más.

Se casó con una mujer de Torrelaguna (según otras fuentes, de Cobeña), María Toribia, posteriormente Santa María de la Cabeza, y tuvieron un hijo que se sepa, de nombre Illán, y que siguiendo las estela paterna, también le dio por obrar milagros, o eso dice la gente de Madrid de toda la vida, tan devota de esta familia campesina y campechana.

De Isidro se dicen muchas cosas, pero quizás la más importante es que ayudó al ejército cristiano a pasar inadvertido en Sierra Morena, hasta su ataque decisivo al campamento principal de los almohades, que derivó en la victoria de las Navas de Tolosa (1212), una de las batallas que han forjado España. Esta batalla abrió a los castellanos la llave de Andalucía. ¿Y qué tiene que ver nuestro buen santo aquí?. Pues que se apareció, 40 años después de su muerte, como pastor al rey castellano Alfonso VIII, y guió a sus tropas y a las de los demás reyes cristianos, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, por caminos seguros a través de Sierra Morena.

En Madrid hay muchos lugares relacionados con San Isidro. Voy a mencionar unos cuantos.

En la Plaza de San Andrés, 2, nos encontramos con el Museo de los Orígenes o de San Isidro, erigido sobre una propiedad de Iván de Vargas, el antiguo dueño o amo de San Isidro. El edificio lo adquirió en 1986 el Ayuntamiento, para abrir un museo que expone muchos objetos relacionados con el santo: esculturas, pinturas, una capilla. El elemento esencial del museo es el viejo pozo cubierto con vidrio, que tiene hasta 20 m de profundidad, donde Isidro realizó otro de sus más famosos milagros.

El milagro del pozo ocurrió así, según la leyenda. El pequeño Illán, en un despiste de su santa madre, se escabulló y se cayó al pozo. María no le pudo rescatar, mientras el santo se hallaba dedicado a sus menesteres campestres. Cuando volvió, se encontró llorando desconsoladamente a su mujer, y ni corto ni perezoso, San Isidro rezó con tanta devoción a Dios por la salvación de su hijo, que el agua del pozo ascendió milagrosamente y trajo flotando al niño, que así se salvó. No sabemos que ocurrió realmente, o que hecho esconde esta leyenda, pero el pozo ahí está.

Pero es que se descubrió otro pozo, en 1997, en la ermita de Santa María de la Antigua, en Carabanchel Bajo, que también reclama el honor de ser el "pozo del milagro", ya que una antigua inscripción pone "Pozo de San Ysidro". El asunto es que la ermita es posterior a la muerte de San Isidro, y posiblemente cosntruida para proteger el pozo. Hoy por hoy, el pozo que se lleva la palma de ser el verdadero del milagro es el del Museo de los Orígenes.

Otro de los famosos milagros en vida de San Isidro sucedió en la ribera opuesta del río Manzanares, cerca del Puente de Segovia, donde actualmente se alza una ermita, en el Paseo de la Ermita, 78. Antiguamente los terrenos de la poderosa familia Vargas se extendían desde lo que es hoy la Casa de Campo hasta esta ermita, cercana a Carabanchel, donde solía Isidro arar los campos. Y hasta allí fue a visitarle un día su amo y señor, Iván de Vargas. Como hacía calor, Vargas le pidió agua para beber, y como el santo tenía la cantimplora vacía, no se cortó un pelo y golpeó el suelo con su aguijada (esa vara larga que en un extremo tiene una punta de hierro con que los boyeros pican a la yunta), y en ese momento comenzó a brotar agua cristalina del suelo. Vargas, por supuesto, quedó alucinado, y seguramente pensó que debería subir el sueldo a su criado. Sobre el lugar de este nuevo milagro, se edificó una pequeña capilla, la de Isidro.

 

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