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LA SANGRE DE SAN PANTALEÓN

Es muy famoso en Madrid el milagro de la sangre de San Pantaleón, incluso entre los descreídos. Se dice que el día de la fiesta del santo, el 27 de julio, la sangre contenida en una ampolla se licúa y permanece así durante 24 horas. Y ¡ay de no hacerlo!, porque es preludio de grandes desgracias. ¿Más todavía? La sangre de San Pantaleón, según esa regla de tres estaría sólida desde los tiempos de Matusalén. Este es el milagro, y a continuación la historia que lo sostiene.

El supuesto milagro es una de las atracciones destacadas del Convento de la Encarnación, donde además de la ampolla con la sangre de San Pantaleón, una vitrina en la cripta contiene los siniestros restos de todo tipo de santos: dedos, cráneos, dientes, brazos,..., una colección que no ha hecho más que aumentar desde su apertura en 1616.

Pantaleón era un médico que vivió a finales del siglo III d.C. y comienzos del IV, pero no era un médico cualquiera, sino que ejercía su ministerio para los tetrarcas Diocleciano y Galerio. Un día, paseaba Pantaleón por el campo y se encontró con niño que acababa de ser envenenado por la mordedura de una serpiente mortífera. El futuro santo, que por entonces era pagano, pero había oído hablar del Dios de los cristianos, pero no creía en sus maravillosos poderes, hizo de tripas corazón y se encomendó a Él, para que salvase, más bien, resucitase al tierno infante y matase a la serpiente. Dios, deseoso de ganar nuevos adeptos para su causa, decidió ayudarle y se cargó a la serpiente, devolviendo milagrosamente a la vida al niño. Claro, ante pruebas concluyentes como éstas cualquiera se resistía, y Pantaleón se hizo cristiano a la voz de ¡ya!. A quien no le hizo tanta gracia fue a su patrón Galerio, que cogió tal globo cuando se enteró, que lo mandó pasar por las manos del verdugo (martirizar, en terminología cristiana), y con lo que quedaba de él, después ordenó su decapitación pública. El día de autos fue el 27 de julio de 305 d.C.

Después de que falleciese el desventurado médico, unos correligionarios cristianos recuperaron su sangre, recogiéndola en algodones, y la guardaron en varias ampollas, que distribuyeron a lo largo y ancho de la bota italiana. Años más tarde, el médico subió a los altares celestiales tras su santificación.

La sangre coagulada del buen Pantaleón dio unas cuantas vueltas, y a comienzos del siglo XVII, le regalaron al Conde de Miranda, a la sazón virrey español de Nápoles, a falta de algo mejor, una ampolla con la sangre del mítico santo, que se había tomado de otro recipiente sanguinolento guardado en la catedral italiana de Ravello. No le debió gustar mucho el presente al Conde, o lo estimó como se merecía, porque acabó dándoselo a su hija Aldonza de Zúñiga, que ni corta ni perezosa, se lo llevó en 1611 al Convento de la Encarnación en Madrid, del que acabaría siendo segunda superiora.

Pero no es la única muestra de sangre del Santo que recorre el mundo, pues ya dijimos que tan solo era una porción. Hay más en Roma, Amalfi, Salerno, Bari y Venecia, cada uno con sus propias y particulares condiciones milagrosas, ya que no en todos estos santos lugares se licúa la sangre la fecha señalada. En Madrid, no obstante, es un verdadero espectáculo: el 27 de julio se congrega una abigarrada multitud para presenciar el milagro de la sí o la no licuefacción, de forma que pocos pueden ser testigos directos del milagro. No obstante, las cabezas pensantes del conventos ya ha reparado en ello y han plantado un circuito cerrado de TV dentro del recinto para que pueda ser presenciado por más gente. Y es que conocimientos de márketin no les falta a las autoridades eclesiásticas para recuperar el terreno perdido en las últimas décadas.

 

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