| Inicio | Contacto | Viaje por España | Revista Historia | Biblioteconomía | Noticias carpetanas | Madrid críptico | Blog |

Ni puerta ni sol
Un Fuenteovejuna lozoyano
Mayrit y los viajes de agua
La morada del Diablo
Las uvas de la suerte
El Kilómetro Cero
La odisea de la Mariblanca
La osa y el arbustillo
Socialistas entre Soldaditos de Pavía
Lhardy, 5 tenedores
El origen de la Plaza de Santa Ana (y otras hierbas)
El origen de las tapas
Regalía de aposento y casas de malicia
Un cementerio en la Plaza Mayor
El chaflán del monje
Autos de fe en la Plaza Mayor
La sangre de San Pantaleón
El Héroe de Cascorro
Vida de San Isidro Labrador
Más milagros de San Isidro Labrador
El cuerpo incorrupto de San Isidro Labrador
La Virgen de la Paloma
Los reyes godos
El frágil equilibrio de Felipe IV
El dilema de los huesos de Don Diego
Los Gatos de Madrid
La Virgen de la Almudena
Las murallas de Madrid
Atentado anarquista en Madrid
Madrid, puerto de mar: primera parte
Madrid, puerto de mar: segunda parte
La madriguera del Intruso
...son de Doña Manolita
El fantasma de la casa de las Siete Chimeneas
Atis y Cibeles
Los leones de la Cibeles
La leyenda del Palacio de Linares
La verdad del Palacio de Linares
El Ángel Caído
La Casa de Fieras
La Puerta de Alcalá
Románico en El Retiro (y en otros lares)
La Calle de Alcalá, cañada real
La Virgen Negra de Madrid
El extraño caso del Dr. Velasco
El extraño caso de la hija del Dr. Velasco
Los pabellones del Campo del Moro

 

 

MADRID, PUERTO DE MAR: SEGUNDA PARTE

El viejo proyecto de Antonelli permaneció archivado durante décadas, pero no se olvidó por completo. Simplemente se había aparcado para abordarlo en mejor ocasión. En la época de los arbitristas, esos señores que ideaban planes de todo tipo imposibles de realizar que tuvieron su edad de oro sobre todo a mediados del siglo XVII, un matemático italiano, como Antonelli, Luis Carduchi escribió un libro en el que de nuevo analizaba la posibilidad de abordar de nuevo la navegabilidad del río Tajo hasta Madrid, proyecto que presentó a Felipe IV, pero en esta ocasión, el monarca no picó el anzuelo, y por consiguiente, tampoco cuajó.

En 1770, Carlos III ordenó la construcción de un canal navegable desde el Puente de Toledo hasta el río Jarama, que conectaría a su vez con el río Henares y con el Tajo. Se completaron 10 km de infraestructuras navegables y que se llamó Real Canal del Manzanares. El proyecto cada vez parecía más humilde y de menos enjundia. Pero sí más realista.

Durante el reinado del nefasto entre los nefastos (y al que alguien, sin duda, con mucha guasa le calificó de El Deseado), Fernando VII, se reanudaron los trabajos del canal, construyendo cuatro km más en dirección a Vaciamadrid, donde conectaba con el río Manzanares a unos tres km antes de confluir con el Jarama. Para ello se construyeron 10 esclusas y cuatro molinos de agua, y varios botes de transporte. Se añadieron edificios para oficinas y un embarcadero para los botes, e incluso una pequeña capilla (eso no podía faltar) próxima al Puente de Toledo. Los trabajos nunca fueron completados.

Años después, se revisó el viejo proyecto a instancias del ingeniero hidráulico Francisco Javier Cabanes en 1829 y por Manuel Bermúdez de Castro en 1834, pero no se consiguió reflotar el proyecto de Antonelli. Hoy día este viejo canal puede ser visitado, dentro del denominado Parque Lineal del Manzanares, compuesto de antiguas esclusas, pequeños puentes en ruinas y viejas casetas. En 2009 fue declarado "patrimonio histórico en peligro".

Nunca se consiguió conectar Madrid con el mar. Lo más que se ha conseguido es navegar en bote algunos tramos de los ríos Tajo, Jarama y Manzanares, pero sin ventajas económicas de calado. Según fueron mejorando durante el siglo XIX las carreteras españolas y se puso en marcha el ferrocarril desde 1851, la necesidad de una vía fluvial era ya muy discutible.

© by Diego Salvador desde 2006