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LA PUERTA DE ALCALÁ

La Puerta de Alcalá es una de las puertas que se conservan de las murallas de Madrid, aquellas que rodearon la ciudad hasta el siglo XIX, cuando se acometieron las obras del Ensanche de la capital. La Puerta y la calle de Alcalá se llaman así por encontrarse en la antigua carretera que partía hacia el noreste, y que alcanzaba la patria alcalaína de Miguel de Cervantes.

El trazado de la calle de Alcalá parte de la Puerta del Sol, supera la Plaza de Toros de la Ventas y continúa más allá, por la antigua avenida de Aragón, reconvertida en calle de Alcalá, más allá del cruce de Alcalá con Hermanos García Noblejas, y donde empieza la calle de Arturo Soria. Por todo ello, la calle de Alcalá es la vía más larga de Madrid, alcanzando una longitud de casi 11 Km.

La Puerta de Alcalá que hoy podemos contemplar en la Plaza de la Independencia, confluencia de la Calle de Alcalá con Serrano y Alfonso XII (la que bordea el Retiro), no fue la primera construida. La original, de aspecto bastante más tosco y primitivo, se construyó más abajo, en dirección a la fuente de La Cibeles, en la intersección de la calle de Alfonso XI, que es la siguiente calle hacia Cibeles, paralela a Alfonso XII. La segunda Puerta de Alcalá se edificó en tiempos de Felipe III en el mismo emplazamiento que el actual, con tres arcos y una torrecilla a ambos lados del arco. Fue inaugurada en 1636.

Carlos III (1716-1788), tras la muerte de su hermano, el melancólico Fernando VI, accedió al trono de la corona española. Tenía ya gran experiencia como gobernante, puesto que había sido rey de Nápoles y de Sicilia, entre 1734 y 1759. Así que cuando se dirigió a Madrid para tomar posesión del cargo, hizo entrada triunfal en Madrid el 9 de diciembre de 1759. Hombre de un gran gusto artístico y arqueológico (lo demostró organizando las excavaciones de Pompeya de forma racional), quedó decepcionado ante la humildad de la puertecita que tenía que atravesar tan ilustre soberano. Y desde ese momento decidió que había que demoler el monumento y construir otro más acorde con la magnificencia de la capital. La nueva Puerta tendría que reflejar la grandeza de su reino (aunque el territorio emplazado en la península no fuese para tanto, eso sí, la posesión de las colonias americanas daba mucho lustre al Estado español). La nueva Puerta debía impresionar a los visitantes que acudieran a la capital española. Los trabajos finalizaron en 1778, como podemos ver en una gran inscripción latina en la parte superior de la Puerta: "REGE CAROLO III ANNO MDCLXXVIII".

La Puerta de Alcalá que ordenó edificar Carlos III esconde algunos secretos arquitectónicos que no son demasiado visibles. Hay que fijarse en ellos, cosa que los madrileños de toda la vida no solemos hacer. Cuando el Rey decidió construir el nuevo monumento, también tenía en mente una ligera idea del aspecto estructural y estético que debía poseer "su" Puerta. El arquitecto real Ventura Rodríguez propuso hasta cinco diseños diferentes, que no complacieron al monarca. Como venía de Italia, donde había realizado importantes obras públicas, buscó consejo de Francesco Sabatini, su maestro arquitecto en Nápoles. Sabatini fue cauteloso con los proyectos, visto como había fracasado un arquitecto del prestigio de Rodríguez. Presentó dos diseños alternativos, y ambos gustaron al rey, que quería quedarse con los dos. Sabatini, salomónicamente resolvió el dilema, y decidió usar un diseño para cada lado de la Puerta. Así que tenemos diferencias entre el lado este y el oeste de la Puerta.

La Puerta tiene cinco puertas, algo que nunca habíamos tenido en cuenta los madrileños, que pasamos por allí, volvemos a pasar, y nunca nos enteramos, ni prestamos atención. Simplemente es la Puerta de Alcalá, y no le damos más vueltas al asunto. Los tres arcos centrales son arcos romanos, y dos rectangulares a los lados.

A lo largo de sus años de vida, la Puerta de Alcalá se ha visto afectada por impactos de balas y metralla de explosiones, sobre todo en la Guerra Civil de 1936, cuando la ciudad era a menudo bombardeada por las tropas de Franco. Otros daños proceden de cuando el absolutismo europeo prestó su apoyo al inefable Fernando VII contra los liberales que le quitaban el sueño. Las monarquías europeas enviaron un ejército en 1823, al mando del Duque de Angulema, el famoso ejército de los "100.000 Hijos de San Luis", que no tuvieron demasiados problemas a la hora de ocupar Madrid, a pesar de que los madrileños opusieron alguna resistencia, nada comparada con la de 15 años antes, en el estallido de la Guerra de la Independencia. Es que no era lo mismo. En torno a la Puerta de Alcalá, se excavaron trincheras y ahí aguantaron los madrileños como pudieron a la que se les venía encima en una feroz batalla, cuyos resultados se pueden observar en la fachada del monumento.

Aunque en 2001 se restauró el monumento, los agujeros de bala, esquirlas de metralla se dejaron en su sitio, como parte de la Historia de la Puerta y recordatorio de los avatares que ha sufrido la ciudad y con ella, el monumento dieciochesco.

La Puerta de Alcalá formó parte hasta 1868 de la cerca que circundaba la ciudad. Los arcos de entrada soportaban gruesas rejas de hierro, puertas que permanecían cerradas por la noche y se vigilaban para controlar entradas y salidas de la ciudad. Para echar un vistazo a todos estos detalles tan sutiles, es necesario cruzar la atestada rotonda o tener a mano unos buenos prismáticos y descubrir los desperfectos. Seguramente el mejor momento para visualizar el paso del tiempo y el acontecer histórico, sean los domingos muy temprano por la mañana.

 

© by Diego Salvador desde 2006