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EL ORIGEN DE LAS TAPAS

Desde Madrid hacia el sur es el paraíso de las tapas. Hacia el norte también, pero es más habitual tener que pedir el pincho y pagarlo aparte de la consumición líquida.

Pero, ¿cuál es el origen de las tapas? La versión más aceptada parece ser la siguiente, a caballo entre la hEstatua de Alfonso X en la Biblioteca Nacional de Madridistoria y la leyenda. De alguna manera, el rey Alfonso X "El Sabio" durante su reinado (1252-1284), inventó entre otras muchas cosas, las tapas (aunque no se conocieron como tales hasta mucho más tarde), que para eso mereció tal sobrenombre. El monarca cayó enfermo, y su médico personal tuvo la feliz ocurrencia de que al paciente tomase sorbos de vino que se acompañaría con una pequeña cantidad de alimento entre las comidas principales del día. No sabemos cual era la enfermedad que aquejaba al rey, pero el caso es que con tal tratamiento mejoró. Alfonso, viendo la excelencia del afortunado remedio decidió que todos sus súbditos deberían seguir un tratamiento que había sanado al propio rey, y promulgó una ley que ordenaba que todas las tabernas de Castilla debían proporcionar pequeñas cantidades de comida que acompañasen al vino. Ojalá todas las leyes que se promulgasen fuesen así.

Castilla era un país eminentemente agrícola, como casi todos en aquella época, y estaba hasta bien visto que los trabajadores parasen a media jornada y acudiesen a tomarse un chatito de vino a la taberna más cercana para refrescarse y descansar muy brevemente. Antes de la ley, los campesinos se limitaban a tomarse los chatos de vino sin acompañamiento sólido, con lo cual lo habitual es que volviesen al trabajo un poco "cocidos" por los efectos del alcohol, con lo que la eficacia de su laboreo se resentía. Así que Alfonso mataba dos pájaros de un tiro, pues permitía tomarse la ración de vino acompañada de un pequeño aperitivo, que atenuaba notablemente los efectos negativos de la bebida espirituosa, y permitía que los trabajadores continuasen con sus tareas de forma tan eficaz como antes de trasegar el zumo de la uva. Por esto, desde el siglo XIII, cuando pedimos en la barra de un bar una bebida alcohólica, el camarero nos brinda la correspondiente tapa o aperitivo, aunque a veces descuide tan noble cometido.

Los que no piden vino o cerveza se pueden encontar huérfanos de aperitivo, aunque también es habitual que se les ponga de parte de la casa, con cortesía y donosura, y más si vamos acompañados de niños, siempre deseosos de acharse algo a la boca para picar. Los camareros de las tabernas siguen así, seguramente sin conocer la historia, los preceptos de la antigua ley promulgada hace más de 700 años por un hombre a quien no sin razón fue apodado como "El Sabio", y en este caso, sin maledicencia alguna ni de cronistas ni del pueblo.

Pero en la ordenanza de Alfonso X no aparecía el término tapa por ningún lado. Habrá que esperar hasta principios del siglo XX para que alguien la popularizase. Y esa persona fue otro Alfonso, que también fue rey, Alfonso XIII. El Rey viajaba a Cádiz con su séquito. Se detuvieron a descansar y tomar un refrigerio en un chiringuito playero llamado Ventorrillo "El Chato", que todavía existe. Alfonso pidió tomar una copa de Jerez, y cuando iba a sorber, el viento, muy traicionero en esta parte de la geografía de España, levantó la arena de la playa, que se dirigió hacia los tranquilos comensales. No sabemos si soplaba Levante o Poniente, pero ante tal tesitura, el tabernero estuvo al quite y raudo y veloz, colocó una loncha de jamón sobre la copa del Rey, quien le increpó suavemente preguntándole por sus intenciones. El camarero, ni corto ni perezoso le explicó que era una "tapa", una tapadera para impedir que se colase la arena en el vaso de vino. El Rey, divertido, se bebió el vino, se tomó el jamón y acto seguido pidió más de lo mismo, con loncha incluida, claro. Los acompañantes siguieron el ejemplo, como no, del soberano, y todos pidieron vino acompañado de "tapas". Fue a partir de este momento cuando se acuñó el término tapa como acompañante de la bebida alcohólica. Verdadera o no, lo cierto es que la historia tiene su gracia.

 

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