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EL DILEMA DE LOS HUESOS DE DON DIEGO

Don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, es uno de los pintores más famosos del mundo. Su obra es admirable, y gran parte de ella se puede admirar en el museo madrileño de El Prado. Pero lo que no está muy claro es donde fue enterrado tan insigne caballero de Santiago.

En la plaza de Ramales, aneja a la plaza de Oriente, hay un pequeño monumento, bastante dDiego Velázquezesangelado que señala el lugar aproximado donde se encuentran los restos del genial pintor. Consiste en una columnita coronada con una cruz de hierro.

Velázquez murió, tras una prolífica vida de éxitos, el 6 de agosto de 1660, y fue enterrado en loor de multitudes en la iglesia de San Juan Bautista, hoy desaparecido, y en cuyo solar se halla la plaza de Ramales, en cuyo suelo podemos hallar unas baldosas que muestran la planta del viejo edificio religioso, al lado de un aparcamiento subterráneo. Su cuerpo estuvo expuesto al público durante un día, y aquel que así lo deseó, se acercó al lugar a despedir al insigne pintor. Después se le depositó en la Capilla de la Orden de Santiago, de la que era miembro. La descripción del cuerpo, documentada en textos de la época, señalan su atuendo: insignia roja en el pecho, sombrero, espada, botas y espuelas. También se describe el ataúd.

La iglesia sobrevivió hasta la época de José I Bonaparte, que decidió derribar bastantes viejos edificios eclesiásticos y civiles, abriendo así el espacio que iba a suponer la futura plaza de Oriente y la de Ramales, entre otras. Cuando se derribó San Juan Bautista, nadie se ocupó de señalar la tumba del pintor sevillano, con lo que se sabe que están en algún lugar de la plaza, pero no el sitio exacto. La columna de la crucecita señala el área del entierro, pero no el lugar exacto, como puede suponerse.

En verano de 1999 comenzaron las obras para construir un aparcamiento subterráneo en la plaza de Ramales, y se encontraron varios restos arqueológicos, por lo que los trabajos hubieron de ser detenidos al menos, de momento. Después de más de 350 años después del sepelio de Velázquez, existía la oportunidad de descubrir el lugar exacto donde fue enterrado. Como se contaba con los testimonios que describían su atuendo y el modelo de ataúd, se supuso que sería fácil dar con él. Pero no fue así. Y los investigadores recordaron el hallazgo de dos momias del siglo XVII, de la misma época en que falleció Velázquez, encontradas pocos años antes, en 1994, en el convento de San Plácido (C/ San Roque, 9) cuando fue restaurado. Y se propuso una teoría acerca del emplazamiento de los huesos de Don Diego.

En Madrid, como en muchas otras partes, existía la costumbre de inhumar a los muertos en iglesias dentro de la ciudad. José I, para tratar de acabar con tan insana práctica, ordenó su exhumación y traslado de los restos óseos a cementerios fuera de la ciudad como prevención de posibles epidemias. Con algunas excepciones, que hasta después de muertos hay diferencias entre los seres humanos: si los cadáveres eran de alguna persona importante o de la nobleza, se procedió al traslado de sus cuerpos desde las iglesias a demoler a otros edificios eclesiásticos de la ciudad. Por ello, algunos piensan que los restos de Velázquez pudieron ser trasladados desde la iglesia de San Juan Bautista al convento de San Plácido después de 1808. Las barrocas momias correspondían con un hombre y una mujer. El atuendo del hombre se correspondía con un caballero de la Orden de Santiago, según rezaban documentos contemporáneos a la muerte de Velázquez. Este murió a los 61 años y su mujer a los 58, edades a las que fallecieron los sujetos encontrados. Demasiadas coincidencias. Velázquez no parecía estar en Ramales.

Se practicaron muchas pruebas forenses a los pobres cadáveres, incluso se intentó relacionar al actual Príncipe de Asturias don Felipe con Velázquez, de quien parece descender en un vínculo muy muy remoto, demasiado como para seguir la pista del ADN. Este vínculo se descartó en seguida. Sin desanimarse, los investigadores se pusieron a investigar huellas dactilares. Es cierto que en algunos cuadros, como El Cristo Crucificado, el pintor había dejado, suponemos que inadvertidamente una huella en el lienzo. Pero, lógicamente, los dedos de la momia estaban demasiado deteriorados para extraer alguna conclusión válida en este sentido, y también hubo que abandonar esta línea de investigación. Ninguna pista resultaba concluyente. El atuendo de la momia y el de Velázquez, según los documentos, no era exactamente el mismo, pues la momia portaba zapatos y mallas, y el pintor habría sido enterrado supuestamente con botas y espuelas, luego la coincidencia no era tal.

El asunto fue olvidado hasta 2004, cuando salió a la luz un documento firmado por un amigo íntimo de Velázquez, Gaspar de Fuensalida, según el cual, éste había donado 3000 ducados a beneficio del Convento de San Plácido. Don Gaspar adquiría por medio de la donación algunos derechos sobre la iglesia, algunos de ellos de índole funeraria. Esta circunstancia refuerza de nuevo la teoría de que las momias de San Plácido son las de Velázquez y su mujer, trasladados allí a instancias de su amigo Fuensalida. Y aquí ha quedado la cosa. Quizás los restos de Velázquez continúen estando bajo nuestros pies en algún lugar de la plaza de Ramales. O no.

Lo que sí podemos comprobar, es que cubiertas por una techumbre de cristal en la misma plaza de Ramales, se hallan los restos de la iglesia de San Juan Bautista, donde fue originariamente enterrado el artista. Las piedras negras y losas de granito de la acera indican el perímetro de la antigua iglesia.

 

© by Diego Salvador desde 2006