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Ni puerta ni sol
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La morada del Diablo
Las uvas de la suerte
El Kilómetro Cero
La odisea de la Mariblanca
La osa y el arbustillo
Socialistas entre Soldaditos de Pavía
Lhardy, 5 tenedores
El origen de la Plaza de Santa Ana (y otras hierbas)
El origen de las tapas
Regalía de aposento y casas de malicia
Un cementerio en la Plaza Mayor
El chaflán del monje
Autos de fe en la Plaza Mayor
La sangre de San Pantaleón
El Héroe de Cascorro
Vida de San Isidro Labrador
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El cuerpo incorrupto de San Isidro Labrador
La Virgen de la Paloma
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El frágil equilibrio de Felipe IV
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Atentado anarquista en Madrid
Madrid, puerto de mar: primera parte
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Los leones de la Cibeles
La leyenda del Palacio de Linares
La verdad del Palacio de Linares
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La Calle de Alcalá, cañada real
La Virgen Negra de Madrid
El extraño caso del Dr. Velasco
El extraño caso de la hija del Dr. Velasco
Los pabellones del Campo del Moro

 

 

EL CHAFLÁN DEL MONJE

Si hablo de la calle de la Escalerilla de Piedra, pocas personas en Madrid sabrán a qué me refiero. Pero si hablo del Arco de Cuchilleros, la cosa cambia radicalmente. Pues bien, la entrada a la Plaza Mayor mediante el ascenso de las escaleras bajo el abovedado Arco de Cuchilleros recibe el "pomposo" nombre de calle de la Escalerilla de Piedra. El Arco de Cuchilleros se denomina así porque la bóveda conduce a una escalinata que desemboca en la Calle de los Cuchilleros. Pero en ninguna guía oficial aparece la denominación más popular, sino que se señala como calle de la Escalerilla de Piedra, que es el que aparece en la baldosa correspondiente y que nombra esta callecita.

Antes de bajar por la escalinata, a mano izquierda aparece una barandilla de hierro semicircular que se asemeja en cierto modo a un púlpito de cualquier iglesia. Ya había barandilla en 1672, al menos, y los archivos se refieren a ella como "el pulpitillo".

Pues este curioso esquinazo de la Plaza Mayor madrileña se hizo harto famoso en unos momentos muy delicados para el pueblo de Madrid y por extensión a toda la nación. Estamos en los albores de la Guerra de la Independencia, con Madrid atiborrado de soldados franceses comandados por el mariscal Joaquín Murat, posteriormente rey de Nápoles entre 1808 y 1815. En ésas estábamos cuando un sencillo monje del convento de San Gil, de nombre Antonio (el apellido no ha trascendido o se perdió en la noche de los tiempos), se asomó al "pulpitillo" para soltar un fogoso sermón para aquellos que quisieran escucharle, que obviamente eran muchos, porque los ánimos estaban muy encrespados y a los miembros de la iglesia había que tenerlos siempre en gran consideración. Al fin y al cabo, fueron ellos los que impregnaron de una fuerte y violenta ideología patriótica contra todo lo francés el sentimiento nacionalista hispánico. El buen monje incitó a sus conciudadanos de los alrededores de la Plaza a levantarse contra los franceses, como habían hecho sus convecinos en otros lugares capitalinos. Y vaya si se alzaron. Esos días, los pelotones de fusilamiento ordenados por Murat para reprimir la sublevación no dejaron de trabajar. La Guerra de la Independencia estaba en marcha.

Hoy día asociados al Púlpito quedan un par de viejas farolas llenas de telarañas a ambos lados del Arco, y que llevan inscrito el nombre, "Púlpito". Y el Bazar Púlpito, tienda de recuerdos abierta desde los tiempos de Maricastaña. En el mundo literario, la Arcada objeto de este artículo era la morada de Fortunata en la genial obra galdosiana Fortunata y Jacinta, concretamente en el portal nº 9, que aún existe y que da acceso a las viejas viviendas a través de una angosta y apretadísima escalera.

Este púlpito ha sobrevivido como ha podido, pero evidentemente con éxito a algunos pavorosos incendios que tuvieron como escenario la Plaza Mayor. Posiblemente durante el primero, el de 1631, no existía, pero sí que superó el de 1670, así como el de 1790.

 

© by Diego Salvador desde 2006