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Regalía de aposento y casas de malicia
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...son de Doña Manolita
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Los pabellones del Campo del Moro

 

 

...SON DE DOÑA MANOLITA

Fíjese el lector si son famosos los billetes de Lotería que se venden en la Administración de Loterías de Doña Manolita, que aparecen reflejados en las coplas que interpretaba como nadie Doña Concha (no hace falta explicitar el apellido de la ilustre coplista). La citada Administración siempre está atestada de gente, gente que en los días previos a las Fiestas de Navidad se convierte en una muchedumbre que da la vuelta a varias manzanas. En este espacio reducido se despachan los billetes de lotería más deseados, junto a los de La Bruja de Sort, de toda España. La buena suerte ha identificado a "Doña Manolita" desde los años 20 del siglo XX, con la vitola de ser una de las administraciones loteras que reparte más premios. Verdad no será, pero créate fama y échate a dormir. Y esto es lo que hizo la fundadora del negocio.

En 1904, una joven de 25 años, Manuela de Pablo, emprendedora ella, abrió un despacho de loterías junto a sus tres hermanas en la calle de San Bernardo, 18, muy astuta y estratégicamente ubicada próxima a la que entonces era la masculinizada Universidad de Madrid. Los estudiantes, que por entonces solían ser varones acudían como moscas a la Administración, seguro que más interesados en conocer de cerca a tan lozanas mozas que la regentaban que en comprar lotería. Sea como fuere, las loteras sobrevivieron mal que bien hasta que todo cambió a mediados de los años 20.

La misma Doña Manolita contó en una entrevista concedida en 1928, que en 1926, harta de no conseguir premios para sus clientes, ni corta ni perezosa, se fue de peregrinación a Zaragoza, y en cuatro viajes que hizo la buena mujer, tuvo la suerte de ver a la Pilarica con su manto rojo, signo inequívoco de buena fortuna. Pidió en la ciudad del Ebro unos números que la llevaban rondando un tiempo por la cabeza, se los llevó a Madrid, y ese año cayó el premio gordo de Navidad en su administración. Desde entonces creció su fama como lotera. Según la propia Doña Manolita, "la Virgen del Pilar y su manto carmesí me amparan".

Dado el éxito que cosechaba año tras año, la afortunada lotera mudó de local, y trasladó el lucrativo negocio primero a la Puerta del Sol, esquina Arenal, y después a la Gran Vía, 31, en 1931, donde su fama continuó creciendo, sobre todo en el Sorteo extraordinario de Navidad. Vendía premios como churros. Aunque Doña Manolita falleció en 1951, su suerte acompañaba desde el más allá a su celebérrima Administración de lotería, y continuó aumentando su fama, incluso cuando el negocio cambió de manos en 1967.

En 2011, el local de Doña Manolita se trasladó donde permanece ahora, en la calle del Carmen, 22, que hasta ese momento había sido ocupado por la Mansión del Fumador. Las colas que antes se formaban en la Gran Vía se han trasladado a la nueva ubicación, con el consiguiente disgusto y resquemor de algunos comerciantes, que ven como sus escaparates se ven obstaculizados por los compulsivos compradores.

Como hay que adecuarse a los nuevos tiempos, Doña Manolita también vende décimos a través de Internet, pero como la aplicación no permite al comprador elegir número (de momento), los madrileños siguen prefiriendo comprarlos presencialmente, aunque haya que esperar largas colas. Supongo que la elevada probabilidad que se concede a que los décimos de Doña Manolita estén premiados merece la pena el esfuerzo. O eso dice la leyenda urbana.

© by Diego Salvador desde 2006