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El extraño caso del Dr. Velasco
El extraño caso de la hija del Dr. Velasco
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EL EXTRAÑO CASO DEL DR. VELASCO

Desde la calle de Alfonso XII, junto al Parque del Retiro, se puede tomar un atajo en dirección a la Glorieta de Carlos V, más conocida como Atocha. Ese atajo pasa por una pequeña calle que se llama del Doctor Velasco. El Museo Nacional de Antropología, bella mansión porticada y neoclásica fue la residencia de uno de los anatomistas más célebres de la España del siglo XIX, el Dr. Pedro González de Velasco. Alfonso XII, monarca benefactor de las ciencias y las artes, inauguró en este lugar el Museo Anatómico en 1875. Originalmente, la principal habitación de la planta baja del edificio tenía múltiples vitrinas de madera y vidrio con objetos antropológicos y etnográficos en su interior. La mayoría de esos artefactos habían sido recopilados por el Dr. Velasco a lo largo de sus viajes por el mundo: espadas africanas, malayas, dagas filipinas, canoas, calaveras,...

En la Sala de los Orígenes, a la izquierda del acceso principal, aparece un busto del fundador del museo, el Dr. Velasco, cuyo retrato posee el porte distinguido e ilustrado de uno de los grandes científicos madrileños del siglo XIX. Fue un hombre hecho a sí mismo. Llegó a Madrid solo y sin un chavo , consiguiendo un modesto trabajo como camillero en el Hospital Militar. Pero en 1840, poco después de su llegada a la capital, ingresó en la Escuela de Medicina de Madrid, donde se graduó como cirujano especializado en anatomía. En poco tiempo su fama como anatomista se extendió por España. Obtuvo la Cátedra de Operaciones y Anatomía en la Facultad de San Carlos, donde se dedicó a dar conferencias y lecciones de disección a los asombrados estudiantes. El actual Museo de Antropología fue su residencia y el cercano Hospital de San Carlos (hoy día Museo Reina Sofía), su lugar de trabajo.

En la Sala de los Orígenes arriba comentada también se exponen hoy día esqueletos y cráneos (algunos deformados), mascarillas, una momia guanche de Tenerife, cachivaches del laboratorio del Dr. Ramón y Cajal, una carta dirigida al Dr. Velasco por el mismísimo Charles Darwin y una "simpática" vitrina de vaciados, como la de la cabeza de un pirata chino decapitado. Como vemos, el contenido del Museo es harto agradable. Próximo al busto del Dr. Velasco de la puerta de entrada, existe otro retrato que pasa totalmente desapercibido, al lado de las extravagancias de las salas cercanas. Es una joven, identificada como la hija del Dr. Velasco, Concha, de la que me ocuparé en otro capítulo.

La mansión que actualmente alberga el extraño Museo fue diseñada por el Marqués de Cubas, a petición del Dr. Velasco, que ya se había hecho con un indiscutible renombre en el mundillo científico. El edificio serviría no solamente como residencia del Doctor y su familia, sino que también sería salón de conferencias, anfiteatro y museo para albergar la amplia colección privada de cosas raras que el buen doctor había ido recopilando con esfuerzo y dinero a lo largo de los años. Velasco invirtió su fortuna en la construcción del edificio y en las colecciones que albergaría una vez finalizado.

El Museo original era una especie de gabinete de cosas raras y aún de horrores. Contaba con fósiles, conchas de mar, minerales, plantas tropicales, esqueletos de animales, aves, hachas pulidas y cerámica griega. Hasta aquí todo normal, pero la parte principal de la exposición estaba dedicada al ser humano. Cabezas cortadas, esqueletos, cuerpos momificados...y el Gigante de Alcocer.

El gigantEl Gigante de Alcocer (vaciado de escayola)e de Alcocer es el impresionante esqueleto de un gigante extremeño de nombre Agustín Luengo Capilla, nacido en 1849 en Puebla de Alcocer (Badajoz), y que llegó a medir 2,35 m de altura. El Dr. Velasco obtuvo el cuerpo del gigante de la siguiente manera. En Asturias le presentaron a Luengo que trabajaba en un circo, y al doctor le intrigó su caso de desorden hormonal, que producía la desmesurada acromegalia, el crecimiento excesivo de las extremidades. Velasco pactó con Luengo un trato algo diabólico por el que el doctor pagaría todos los gastos del gigante durante su vida a cambio de que éste cediese su cuerpo al Museo Anatómico después de su muerte. El gigante aceptó la oferta, y una vez en Madrid, se dedicó en cuerpo y alma a una vida de parranda que ocasionó las objeciones de Velasco, puesto que temía por su salud. Luengo respondió que no debía preocuparse, pues cuanto antes acabase su vida, antes podría el científico exhibir su cuerpo en las tétricas vitrinas de los museos decimonónicos. En poco tiempo, la buena vida de Luengo en la capital y una tuberculosis galopante se lo llevaron al otro barrio la nochevieja de 1875, a la edad de 26 años.

Velasco rápidamente se puso a trabajar con el cuerpo del gigante fallecido, hizo un vaciado de escayola y salvó los huesos, que inmediatamente se expusieron en su Museo Anatómico y Universal de Curiosidades, que por entonces así se llamaba el invento. Pero su mayor excentricidad estaba por llegar...

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