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LA CASA DE FIERAS

Hasta 1972, el zoo de Madrid se ubicaba en el Retiro, en lo que se conocía como la Casa de Fieras. Pero este zoológico no había sido el primero, ni iba a ser el último.

El primer zoológico madrileño data de 1774, fue inaugurado por Carlos III, junto al Jardín Botánico, y se construyó como añadido para un futuro Museo de Ciencias Naturales, el mismo edificio que ahora es el Museo del Prado. El primer propósito de ese zoo anejo al imponente edificio de Villanueva era albergar animales de la Península Ibérica, algunos africanos y asiáticos, pero sobre todo los que se capturaban en las posesiones española en América.

Muy poco antes de estallar en 1808 la Guerra de la Independencia, el rey ordenó trasladar los animales al lado noreste del Parque del Retiro, un lugar pronto conocido como "la Leonera", apelativo en el que el fuerte olor que desprendían los animales posiblemente tendría mucho que ver. Fernando VII hizo construir jaulas para los felinos e incluso alojó a varios osos bajo la Montaña de los Gatos (denominada actualmente Montaña Artificial). junto a la esquina del Parque que forman la confluencia de las calles O´Donnell y Menéndez Pelayo. En los días en que se luchaba en las calles de Madrid contra los franceses, nadie se ocupó de los pobres animales, fallaciendo la mayoría.

En 1830, todavía quedaban supervivientes, y Fernando VII, ordenó su traslado a la Casa de Fieras, cuyas instalaciones fueron mejoradas y ampliadas durante el reinado de su hija Isabel II, época en la que llegaron al pequeño zoológico algunas aves. Por supuesto este recinto era para el exclusivo uso y disfrute de los monarcas, hasta 1868, cuando la revolución conocida como "la Gloriosa", destronó a los Borbones. En ese momento, la Casa de Fieras fue abierta al público, y arrendada a un domador de leones llamado Luis Cabañas, quien dio al lugar un aire circense que le proporcionó sus buenos ingresos.

En aquella misma época, el director del cercano Jardín Botánico, Mariano de la Paz Grells decidió incluir una colección de animales en el recinto del Jardín, para aumentar la clientela, quizás un poco deprimida, a la vista del tirón que le había dado Cabañas a la Casa de Fieras. Pero no pudo competir con la muy asentada Casa de Fieras, hubo que echarle el cierre y vender y trasladar en pocos años los animales al zoológico que sí que era rentable, el de la Casa de Fieras.

Después del largo período de gestión privada, la Casa de Fieras pasó a manos del Ayuntamiento de Madrid en 1920. El jefe de jardineros del Retiro, y a la sazón arquitecto, Cecilio Rodríguez, se encargó de acondicionar el zoológico, dotándolo de algunas avenidas y decorándolo con bancos de estilo andaluz. El Rey Alfonso XIII donó animales traidos del Sahara español y de Guinea Ecuatorial, ampliando el animalario ya existente con leopardos, leones, monos e hienas. Posteriormente se encontró acomodo en el zoo a otros animales como osos polares, cebras, avestruces, dos elefantes y un hipopótamo.

Pero hubo más vicisitudes para los pobres bichos, para los que ya de por sí el estar encerrados en un pequeño recinto no debía ser ninguna bicoca. Con el estallido de la Guerra Civil del 36, y el bombardeo de Madrid, el zoo vivió muy malos momentos. Muchos animales murieron de hambre y otros fueron sacrificados para servir de alimento a los madrileños, que pasaban hambre en aquellos momentos de asedio. No obstante algunos sobrevivieron, entre ellos el hipopótamo Pipo.

Después de la Guerra, nuevamente gracias a los esfuerzos de Cecilio Rodríguez, la Casa de Fieras se recuperó, y durante la II Guerra Mundial, continuación de la española, adquirió animales de zoológicos europeos que estaban sufriendo los avatares de la brutal conflagración mundial. Posteriormente llegaron osos, tigres, leones y simios del zoo de Munich y algunos camellos participantes en la película Lawrence de Arabia, donados por los productores del monumental film, rodado en parte en España. Los años 60 del siglo XX fueron los años de gran esplendor de la Casa de Fieras, llegando a contar con 550 animales de 83 especies diferentes. Doy fe de ello, pues recuerdo como de niño, mis padres me llevaban los domingos por la mañana a ver la Casa de Fieras. Mis recuerdos más vividos son el escaso espacio en el que se movían los pobres animales y el fortísimo olor.

Parece que las autoridades me leyeron el pensamiento, pues en 1972, se abrió un gran y moderno zoológico en la Casa de Campo, donde la mayoría de los animales podrían vivir en espacios abiertos y más amplios. Allí fueron trasladados los habitantes de la vieja Casa de Fieras, de la que todavía permanecen viejos recuerdos de que una vez existió un zoológico entre sus muros. La antigua entrada está flanqueada por dos esculturas de piedra que representan una leona y un león, que parecen dar la bienvenida al visitante. El Ayuntamiento ha acondicionado además en lo que fue el Foso de los Monos, las siluetas de animales y ha colocado paneles que explican la historia del recinto y las peculiaridades de algunos de los animales que lo habitaban. Dos grutas artificiales construidas en roca, y cerradas con verjas eran antiguamente la pequeña guarida de osos. El resto ha sido transformado en agradables jardines integrados en el resto del Parque de El Retiro,

 

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