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Ni puerta ni sol
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La odisea de la Mariblanca
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ATIS Y CIBELES

En la Fuente de la Cibeles podemos apreciar ornamentos en forma de piña en el suelo y en el carro. Tanta piña nos remite a un mito griego, que aunque difícil de ver, y sobre todo a esa distancia, está representado en la fuente. En la parte delantera del carro tirado por los leones, se puede ver una cara de la que brota un un gran chorro de agua. El rostro corresponde al nieto de Cibeles, Atis, y su leyenda se vincula con las piñas.

La Diosa Cibeles tuvo un nieto sin saberlo, el tal Atis, un joven del que se enamoró apasionadamente, sin conocer su parentesco (quizás si lo hubiese conocido, le habría dado igual, que para eso era diosa, y no sólo eso, sino la Diosa Madre Tierra). Pero Atis estaba enamorado de otra. Cibeles se cogió un globo tremendo y decidió que Atis no estaría nunca más con ninguna otra mujer. Y para ello le hizo perder la razón. Atis, completamente desesperado, y frustrado en su amor, se echó al monte, y en un momento de desesperación máxima, se autocastró, y desangrándose hasta morir.

Ante tamaño desafuero, la abuela y desconsolada amante se arrepintió del todo, y como diosa que era, tenía muchas prerrogativas, y entre ellas la de hacer resucitar a Atis, aunque lo hizo bajo la forma de un pino. A partir de ahí, Atis fue objeto de devoción de los hombres como el Dios de la vegetación, entre cuyas tareas estaban las de responsabilizarse de la muerte y resurrección de la vida vegetal, que para ello tenía ya experiencia, la suya propia. Ese es pues el significado de las piñas en el monumento madrileño, y de la exhuberante vegetación que rodea el carro. El mito recuerda un acto desesperado y una resurrección. Cibeles forma parte del itinerario del Madrid mítico.

© by Diego Salvador desde 2006