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La odisea de la Mariblanca
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La Calle de Alcalá, cañada real
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El extraño caso del Dr. Velasco
El extraño caso de la hija del Dr. Velasco
Los pabellones del Campo del Moro

 

 

LA CALLE ALCALÁ, CAÑADA REAL

De vez en cuando, más bien una vez al año, las noticias de la tele nos sorprenden con las imágenes de un rebaño de ovejas en plena calle de Alcalá, invadiéndolo todo. En esas fechas, se prohíbe el paso rodado en la rotonda de la Plaza de la Independencia, donde se ubica la Puerta de Alcalá. Cientos de plácidas ovejas transitan como Pedro por su casa por el habitual dominio de los vehículos contaminantes. Ni policía, ni alcalde ni presidente del Gorbierno tienen la facultad de intervenir y cortar el paso ni al rebaño ni a sus pastores, puesto que se trata de un derecho concedido a los ganaderos hace más de 700 años.

En tiempos del Rey Alfonso X el Sabio, al que ya conocemos por otras buenas acciones que redundaron en beneficio del pueblo, se reafirmó el derecho básico de los ganaderos. Fue en 1273. Era costumbre de los ganaderos de trasladar sus reses en invierno al sur, a fin de encontrar un clima más benigno que el duro invierno mesetario, y buenos pastos para alimentar a los animales. En ocasiones, muchas ocasiones, los rebaños atravesaban terrenos privados, pueblos y ciudades. Como quiera que Mojón en la esquina Plaza Independenciani campesinos ni concejos estaban muy de acuerdo con la invasión, decidieron poner tasa al paso de estas hordas por sus territorios. Los ganaderos, evidentemente no estaban de acuerdo por pagar portazgos y pontazgos, entre otros impuestos por un derecho que creían adquirido, generándose grandes polémicas que a veces, llevaban a agrios encontronazos no exentos de gran violencia y derramamiento de sangre. En consecuencia, el Rey tuvo a bien ejercer su arbitraje en tan peliagudo tema y ordenó la creación por parte de los ganaderos del Honrado Concejo de la Mesta. Esta organización, gracias al edicto real promulgado por Alfonso X, pudo definir sus trayectos y la anchura de esas rutas o vías pecuarias (cañadas reales, cordeles, veredas y coladas), La Mesta se encargó desde entonces de regular caminos que desde entonces fueron de libre paso para los ganaderos.

Con la creación de la Mesta se intentaban evitar conflictos entre agricultores y ganaderos, conflictos generados por el paso de los rebaños por tierras de cultivo 2 veces al año, que producían daños irreparables, pues los animales se llevaban por delante toda planta verde y no tan verde que encontraban.

Los caminos más anchos se denominaban cañadas reales, de una anchura de 75,23 m (90 varas castellanas), que en número de 10 atravesaban la Península de cabo a rabo. Otras vías más pequeñas eran los cordeles, de 37,71 m (45 varas castellanas) de ancho o la vereda (20,89 m, 25 varas castellanas). Las coladas eran vías de menos de 25 varas castellanas de anchura. La vara castellana era la unidad de longitud utilizada para dimensionar estos caminos, medía 83,59 cm, y estaba dividida en dos codos o en cuatro palmos.

En España existen más de 125.000 km de cañadas, y todo el recorrido de estas vías pecuarias para el ganado está señalizado con mojones de piedra que delimitan claramente hasta donde se podía construir o cultivar sin interrumpir el paso del ganado.

Ha pasado el tiempo, y ahora se alimenta al ganado de forma artificial, a base de piensos compuestos, con lo que ya no se hacen necesario los traslados al sur desde el norte. Aunque también es cierto que la calidad de la carne de los rebaños así alimentados se resiente, qué duda cabe. Muchos de estos caminos fueron absorbidos por pueblos, fincas, autovías y autopistas. La Mesta fue abolida en 1836, pero en 1995 se promilgó una ley para proteger las que quedan y para restaurar las más deterioradas y que todavía son susceptibles de utilizar. Hoy esta serie de caminos se conocen como vías pecuarias y son usadas en mayor medida por ciclistas y senderistas.

A finales de otoño se celebra en Madrid la Fiesta de la Trashumancia, que reúne en tan señalada fecha a un montón de ovejas, perros pastores, vacas y caballos, y recorren en amistosa procesión parte de la antigua cañada que discurre por el centro de la capital. Los ganaderos, engalanados con los trajes regionales y aderezados con sus herramientas pastoriles, cantan y bailan en desenfadada celebración tradicional y festiva. Formaba parte de la tradición, y ejecutada en la fiesta, pagar los simbólicos 25 maravedíes que antaño era la cuota a pagar en la Casa de la Villa.

Los viejos mojones de piedra que delimitaban las cañadas aparecen en la Calle de Alcalá, junto a la Puerta de Alcalá, uno en la esquina noroeste de la Plaza de la Independencia (esquina calle de Alcalá y calle de Serrano) y otro a la izquierda de la entrada del Parque del Retiro, junto a la parada de autobuses. En ambos pedruscos se puede leer la misma inscripción: CAÑADA DE 75,23 m. No pone nada más. Como hemos visto antes, señalan la anchura entre los dos mojones de la Plaza de la Independencia y que nos indica que en este punto pasa una cañada real, y que por muchos coches que haya, y mucha calle de Alcalá que sea, desde 1273, los ganaderos tienen la potestad de recorrerla sin que nadie les ponga trabas. Aunque a muchos conductores les cause trastornos el día de la tradicional celebración trashumante.

© by Diego Salvador desde 2006