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Ni puerta ni sol
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La odisea de la Mariblanca
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La Calle de Alcalá, cañada real
La Virgen Negra de Madrid
El extraño caso del Dr. Velasco
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Los pabellones del Campo del Moro

 

MAYRIT Y LOS VIAJES DE AGUA

El nombre de la primitiva aldea visigoda cuyos habitantes habían elegido el emplazamiento de Madrid, era Matrice, en el sentido de arroyo matriz. Así que el fundamento del primitivo Madrid era un pequeño arroyo que dividía el poblado. El Madrid musulmán lo constituían dos montículos: aquel donde se alzó el primitivo Alcázar y otro el de las Vistillas, dos colinas entre las que corría el arroyo matriz que había dado su primer nombre a la futura ciudad. El arroyo bajaba por la actual calle Segovia, arroyo que con el tiempo desapareció, pero bien documentado en tiempos de Alfonso X el Sabio como "Arroyo de la Fuente de San Pedro", que nacía junto a Puerta Cerrada. Los musulmanes, hábiles captadores de agua (a la fuerza ahorcan), buscaron infinitas "matrices" o canales subterráneos, a los que aludieron con el nombre de Mayrit, topónimo compuesto de la palabra árabe mayra (madre de agua, aspiradero de agua) y el sufijo mozárabe -it (procedente del sufijo latino -etum, con sentido de abundancia). Así pues, Mayrit era el lugar donde abundaban las mayras o conjunto de mayras. En época musulmana, los mozárabes siguieron llamándola Matrice y los árabes, Mayrit. Con el tiempo, Matrice se transformó en Matriy y posteriormente en Matrit, de donde se derivó Madrid. Al final los conquistados impusieron su topónimo y el nombre árabe de Mayrit se perdió en el olvido.

Como Madrid era un puesto avanzado y fronterizo de los reyes musulmanes de Toledo, se vio constantemente amenzada por las razzias cristianas, y sometido a continuos asedios. En estos casos, no habiendo fuentes y privados del uso de las aguas del Manzanares, tuvieron que echar mano de las aguas subterráneas, y aprovechando las condiciones geográficas del emplazamiento matritense, crearon los "viajes de agua".

Los viajes de agua eran un ingenioso sistema que consistía en drenar o extraer el agua existente en grandes cantidades, de las capas de arenas permeables, que se apoyaban sobre un estrato de arenas impermeables. En la zona más alta de la ciudad se abrían una serie de pozos, que recogían el agua de las arenas acuíferas. Estos pozos se unían por medio de galerías subterráneas de ladrillo, de suficiente altura para que las recorriese in hombre erguido. En el suelo, una acequia transportaba el agua. Estas galerías estaban siempre en declive llegaban a la ciudad ramificándose bajo el suelo por medio de arcas (cuando las galerías iban por el subsuelo o cambijas (cuando asomaban por la superficie). El arranque de las minas se situaba casi siempre al norte y este de Madrid, entre Fuencarral y Alcalá, en los alrededores de Fuencarral, en Chamartín, Canillas y Canillejas. Las aguas se comenzaban a repartir a la entrada de la ciudad mediante una red de galerías, que se complicaba extraordinariamente intramuros.

Es difícil precisar el número exacto de viajes de agua que han existido en Madrid, pues fueron muchísimos los que se construyeron para dar servicio particular a conventos, sitios reales y fincas privadas. Los principales, y que pertenecían a la Villa y conservados a cargo de los fondos municipales eran los de Castellana, Alto Abroñigal, Bajo Abroñigal y Alcubilla. Al mando de los viajes de agua se encintraban funcionarios municipales, los señores de la Junta de Fuentes, presidida por el Juez de Aguas, que tenía la última palabra cuando se originaba algún conflicto relacionado con el agua.

También existían los viajes de aguas gordas, para diferenciarlos de las aguas potables o dulces, y que tenían múltiples usos: riegos, lavaderos, fábricas, etc. Los principales de este tipo eran: el del Prado de San Jerónimo, el de la esquina del depósito para surtir las fuentes del Prado y el del Prado Nuevo. Había muchos más, pero sirvan éstos como ejemplo.

Por último decir que los caños por donde discurría el agua en los viajes de agua eran de barro cocido sin vidriar, por ser el material más idóneo para preservar el agua de sabor y elementos nocivos.

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