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La Meseta
 

- Carrión de los Condes, Frómista y Sahagún -

Carrión de los Condes, Frómista y Sahagún tienen en común ser importantes finales de etapa en el camino jacobeo. Carrión y Frómista son todavía castellanas (Palencia) y Sahagún inicia León. En Carrión, las arquivoltas románicas de la portada de la iglesia de Santa María de las Victorias representan el tributo de las cien doncellas que cada año pagaban los critianos a los musulmanes; de la iglesia de Santiago tan sol,o quedan los ábsides laterales y la portada occidental, una de las obras maestras del románico hispano, que representa un Cristo en Majestad rodeado de su tetramorfos, y a un nivel más bajo, representación de múltiples oficios artesanales de la época. Del antiguo Real monasterio de San Zoilo, hoy día hospedería de lujo, no queda más que un lienzo con una ventana. En Frómista se encuentra la representación más perfecta de la armonía encarnada por el Románico, restaurada a comienzos del siglo XX, y de nuevo obra maestra. Entre Carrión y Saldaña se encuentra la extensa villa tardorromana de la Olmeda, en Pedrosa de la Vega. Sus habitaciones se abrían a un patio central de forma rectangular con cuatro galerías de mosaicos. Casi todas las salas contienen mosaicos de dibujos geométricos, plantas figuras y escenas de caza, pero el tema central es el espectacular mosaico que representa el descubrimiento de Aquiles por Ulises, composición que no tiene nada que envidiar a los mejores del mundo romano. No lejos de La Olmeda, en Quintanilla de la Cueza, otra villa romana, en activo desde el siglo I d.C. hasta el siglo IV, nos permite apreciar también varias salas con suelos de mosaicos y el ingenioso sistema de calefacción o hypocaustum de la villa Grajal.

Al oeste de Carrión, penetrando en tierras de León, la villa de Sahagún cuyo origen se encuentra en el monasterio dedicado a los santos Facundo y Primitivo. Las iglesias de ladrillo de San Tirso y San Lorenzo representan el románico de ladrillo, aunque también son consideradas mudéjares. San Tirso fue curiosamente iniciada en piedra en sus primeras hileras, y continuada en ladrillo. Mucho menos conocido que Sahagún, pero cuya visita es fundamental, es la pequeña localidad de Grajal, a 5 Km, que tiene nada menos que un castillo del que se visitan las mazmorras de dos de los torreones, repletos de mosquitos, un palacio renacentista en ruinas del que se aborda con modesto presupuesto la restauración (atención a las ruinosas escalinatas y al no menos ruinoso patio porticado) y una iglesia de tamaño desmesurado para tan modesta población (al menos en la actualidad).

 
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