Todos los caminos del Madrid musulmán conducen a … ¡La Marca Media!

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Las vías romanas, sobre todo las principales, que durante la etapa visigoda habían sido mejor conservadas, fueron utilizadas por los musulmanes desde su llegada a la Península. La red secundaria se encontraba en estado prácticamente ruinoso. Era época de recortes presupuestarios (y mentales). Los nuevos caminos abiertos en época islámica, se iban construyendo en la medida en que las nuevas poblaciones surgidas en los territorios conquistados iban necesitando de accesos eficaces. Como era el caso de Madrid. Muy cerca de la ciudad de Madrid, atravesaban el centro de la Península dos grandes calzadas de época romana, bien documentadas en el Itinerario de Antonino, considerado el mejor mapa de carreteras de la época (en dura competencia con el denominado Ravenate). Pues bien, la vía 25 del Itinerario unía Emerita Augusta (Mérida) con Caesar Augusta (Zaragoza), a través de mansiones (hostales de carretera) o poblaciones como Toledo, Titulcia, o Complutum. La vía 24, por su parte, unía Segovia y Toledo, a través del paso que se conoce actualmente como puerto de la Fuenfría, próximo a otro puerto, el de Navacerrada. La vía 25 se utilizó también en época visigoda y durante gran parte de la época islámica, pues sirvió de enlace entre las Marcas Inferior (capital Emerita Augusta-Mérida), la Media (Toletum-Toledo) y la Superior (Caesar Augusta-Zaragoza), y se utilizó hasta el siglo XV como camino principal desde Castilla a Toledo, La Mancha y Andalucía, según Torres Balbás. Uno de sus ramales secundarios, Madrid-Arganda se reactivó, ubicándolo más al norte, pasando por Getafe, Madrid y Rivas. Según Y. Álvarez Gonzáñez y S. Palomero Plaza, la importancia creciente de Madrid en la defensa del norte de la Marca Media, ocasionó esta modificación del trazado.

Si tomamos en consideración los actuales topónimos que rigen en algunos lugares de la Comunidad de Madrid y sus tierras aledañas, comprobaremos como los ríos que las vertebran y los caminos que los siguen tienen un papel fundamental, al igual que los lugares de asentamiento próximos. Las líneas de asentamientos fundamentales en época islámica se establecen a lo largo de tres valles, los de los ríos Guadarrama, Jarama y Henares, eslabones de una cadena de defensa que protege el paso hacia la Meseta Sur. Según Zozaya, muy bien pudo existir un camino que continuase la orilla derecha del río Tajo, desde Toledo, pasando por Azucaica, Casa de Mazarracín, Mocejón, Magán, Villaluenga, Illescas, Cubas, Leganés, Alcorcón, Vallecas y Madrid, hasta alcanzar el río Manzanares y progresar hasta Colmenar Viejo. En la extensa zona que actualmente ocupa la Casa de Campo, pudieron encontrarse las tierras de un tal al-Ush, que pudo generar el topónimo de Aluche. Por la zona del Tajo, desde Toledo, se llega a Azuqueca, conectando con Villaseca de la Sagra, Añover de Tajo y Aranjuez, un camino que desde el sur lleva por Ciempozuelos a Velilla de San Antonio, Mejorada del Campo, y, remontando por el río Jarama, alcanzaba Barajas, Paracuellos, Ajalvir, Algete, Almodóvar y Talamanca. Este sería el camino protegido por el sistema de torres del que quedan cuatro ejemplares en el valle del Jarama, y del que se habla largo y tendido en su capítulo correspondiente. Desde aquí, esta vía se dirigiría hacia Buitrago, que controlaba por el Este el paso de Somosierra, y de aquí, hacia Riaza, Ayllón, Liceras, Montejo, Caracena, Navapalos, San Esteban de Gormaz, El Burgo de Osma y Gormaz.

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Los caminos islámicos en la Comunidad de Madrid (según Jiménez Gadea en “Maŷrit”, edición de Fernando Valdés)

Otro camino ascendería desde Toledo vía Madrid, y conectaría la fortaleza maŷrití con Torrejón de Ardoz, Alcalá de Henares, y desde aquí conduciría hasta la soriana Medinaceli por el Este. El camino o mejor, los caminos que describe Zozaya atravesarían una amplia encomienda regional, la de la familia de los Banu Salim, de ascendencia bereber, región que les fue entregada posiblemente en época de Hisam I o al-Hakam I para defender este sector de la Marca Media. Tanto Alcalá como lo que posteriormente fue Guadalajara mudan de nombre en época de Muhammad I, hecho que puede significar el fin de la encomienda del territorio a este linaje. Alcalá toma el nombre del río que controla y pasa a llamarse Qal’al Hanar, y Guadalajara, originariamente denominada Madinat al-Farray (la ciudad de Farray), comienza a llamarse Madinat Wadi-l-Hiyara, la ciudad del Río de las Piedras[1]. El Tajo servía de foso de defensa en el sur: una torre defensiva en la Dehesa de Ramabujas Altas, Añover, Aranjuez, Oreja, Alboer, Alarilla y Algarga, posiciones que mantuvieron el control del camino hacia el Alto Tajo.

Al margen de estas consideraciones de Juan Zozaya, basadas fundamentalmente en la toponimia árabe de la comunidad madrileña y la duración de una jornada caminera, lo que sí parece incuestionable es que los musulmanes, al invadir la Península y tirar hacia el norte, utilizan las calzadas de época romana, que debían estar en diferentes estados de conservación, pero casi siempre bastante malo. Posteriormente al asentamiento islámico, se construyen nuevas vías, en función de las necesidades económicas y militares. En la zona de Madrid se crean nuevas vías, pero también se reutilizan otras, de época romana. Conocemos el uso de la ruta de Somosierra, puesto que por aquí pasó el caudillo bereber Tariq, después de conquistar Toledo, pasar por Guadalajara y dirigirse hacia el norte por este puerto, denominado Fay Tariq, en honor al militar musulmán, según al-Razi y Ibn al-Qutiya. Entre las nuevas rutas que surgen en estos momentos, hay una concreta que conecta Alcalá con Toledo, pero un camino diferente al que tomó Tariq, que era un tramo del tradicional camino romano entre Mérida y Zaragoza. Posiblemente este nuevo camino es el resultado de la creación de las fortalezas de las que ya hemos hablado, y que controlaban los pasos de la sierra ante las algazuaras cristianas: Madrid, Talamanca, Canales, Olmos, Calatalifa…

  1. Jiménez Gadea (1992) considera Madrid incluida dentro de un solo camino, la vía entre Mérida y Zaragoza, por lo que sólo dos vías atravesaban el pequeño enclave, olvidándose del cruce de caminos que otros autores le atribuyen. Hacia oriente, el camino llegaría hasta Alcalá de Henares, donde enlazaría con la vía 25 del Itinerario de Antonino, en un camino ligeramente al sur de la ruta romana entre Madrid y Guadalajara, y que prácticamente coincide con la A-2. Hacia el suroeste, la vía romana se dirigía hacia Mérida. Esta es la ruta que, en época musulmana saldría desde Calatalifa hacia la sierra siguiendo el río Guadarrama, cuyos vados controlaba esta fortaleza. Este camino estaba defendido por las fortalezas de Olmos, Canales y la citada de Calatalifa, y conectaría con las tierras cristianas pertenecientes al reino de León. El camino de Somosierra, ya hemos visto que controlaba el paso entre Castilla y los territorios musulmanes.

Vemos que el carácter eminentemente militar de Maŷrit condiciona la estructura viaria de la región. Estas vías estaban jalonadas de puentes de construcción andalusí, de los que aún quedan restos bien visibles, y en algunos casos, de ejemplares en excelente estado, tras su pertinente restauración. Veamos algunos ejemplos de estos puentes de origen islámico en la región de Madrid.

[1] El nombre de Guadalajara procede de la denominación árabe del río Henares, Wadi al-Hiyara, “río de las piedras”, el Flavius Lapidum del arzobispo Jiménez de Rada. Así, Guadalajara era la “ciudad del río de las piedras”. El nombrecito de marras pudo referirse a las numerosas fortificaciones que jalonaban el curso de dicho río. También se relaciona el nombre de esta ciudad castellano-manchega con la población prerromana de Arriaca, pero no hay ningún argumento valido que lo demuestre.

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