Los gobernadores de Mayrit

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Figura-1-Tropas-musulmanas-

Sabemos de los gobernadores (‘amil) de Maŷrit por las listas de nombramientos y destituciones que incluye Ibn Hayyan en el Muqtabis. A partir del estudio de éstas, Mazzoli-Guintard ha desentrañado las funciones de este funcionario. Entre otras responsabilidades, tenían tareas de índole fiscal. Lévi-Provençal piensa que el término ‘amil, tan frecuente en estas listas, se ha traducido habitualmente como gobernador, cuando según estos autores tendría más bien un carácter fiscal. Un recaudador de impuestos, para entendernos. Aunque ‘amil significa precisamente recaudador de impuestos, en al-Andalus tenía otras atribuciones: vigilar las obras públicas ordenadas por el señor de Córdoba, prerrogativas militares que incluían la leva de tropas o hacer plegarias para la lluvia, en caso de sequía. Si en un principio el ‘amil tenía un carácter fiscal, con el tiempo fue el representante civil de Córdoba en las provincias, cuya función principal era precisamente ésa, la de recaudar impuestos, fundamental para el funcionamiento de la maquinaria estatal. Este funcionario pudo ejercer también el papel de caíd, de carácter militar, pues realizaba los preparativos para la aceifa anual y dirigía la campaña, si tenía carácter local. En caso de mayor envergadura, por ejemplo, comandada por el propio soberano cordobés, también podía participar en ella. Ahmad b. ‘Abd Allah b. Yahya, del que luego comentaré algo más, en el capítulo de personalidades musulmanas relacionadas con Maŷrit, fue dos veces gobernador de Madrid, y descendía de una familia de sabios cordobeses de origen bereber, los Banu Abi Isa. Murió en combate contra los cristianos en 937. Pero no es el primer ‘amil de Maŷrit del que se tiene noticia: éste fue ‘Ubayd Allah b. Salim, que ocupaba este cargo en 871.

Mazzoli–Guintard opina que desde la fundación de Maŷrit, a mediados del siglo IX, y hasta la proclamación del califato, la ciudad estuvo dirigida por miembros de la familia bereber de los Banu Salim, de gran influencia en la Marca Media, y fieles al poder central de Córdoba. Pero entre los años 920 y 930, algo misterioso sucedió en su relación privilegiada con el monarca cordobés (Abd al-Rahmán III), pues de golpe y porrazo perdieron autoridad sobre Guadalajara y Madrid, siendo sustituidos por personajes muy próximos al soberano omeya. Pues parece ser, que Abd al-Rahman III, harto como estaba de sublevaciones y quizás algo aguijoneado por este motivo, aplicó contra los poderes locales dos tipos de política: alianza y destitución. La política del palo y la zanahoria, tan vieja como los estados. El califa había oído quejas contra los Banu Salim, y en su política de afianzamiento de fronteras, como los antiguos aliados bereberes estaban en franca decadencia, los destituyó. ¡A ellos, que llevaban sólidamente instalados en la región desde los comienzos de la conquista! ¡A ellos, que tan fielmente habían servido a su señor, como un perro! Un perro flaco, sí, pero al que todo se le vuelven pulgas. Y puso a gobernar el hisn maŷrití a un pisaverdes omeya, quizás de su propia familia o con el que mantuviese fuertes relaciones clientelares.

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