Las fortificaciones de los castros vettones

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Las fortificaciones de los castros vettones

Los castros vettones solían asentarse en lugares bien defendidos en función de la topografía del terreno. En los lugares más accesibles, había que completarlas con fortificaciones artificiales, como murallas, torres, fosos y piedras hincadas. De las fortificaciones de los castros vettones, así como de sus defensas artificiales trata este post.

Fortificaciones de los castros vettones. Puerta de las Cogotas
Fortificaciones de los castros vettones. Puerta de las Cogotas

Elementos defensivos en los asentamientos castreños

La muralla se construía sobre la roca, con piedras de mampostería sin ningún tipo de cimentación. Posiblemente, y en algunos casos, se remataba con una empalizada de madera. El perímetro de la muralla se adapta al relieve topográfico y en ocasiones se refuerzan con bastiones, sobre todo en los accesos principales.

Las puertas de los recintos suelen ser en general de dos tipos:

  • Puertas en embudo: abertura que ofrecen los dos lienzos de la muralla al incurvarse hacia el interior, formando un callejón en forma de embudo más o menos pronunciado.
  • Puerta en esviaje: los dos lienzos adoptaron en la entrada una posición paralela dejando un espacio libre entre ambos para pasar.

Estas defensas artificiales son complementadas por fosos que circundan la muralla en su parte exterior, pero son mucho más habituales los campos de piedras hincadas, dispuestos en zonas vulnerables y accesibles de los poblados. Algunos investigadores opinan que servían para dificultar las cargas de caballería, pero otros en cambio creen que obstaculizaban el ataque de la infantería.

Influencia de la poliorcética mediterránea en las fortificaciones vettonas

Vamos a profundizar un poco más, y acercarnos al mundo de la poliorcética (arte de atacar y defender las plazas fuertes) castreña. Durante los siglos IV-III a.C., las técnicas defensivas indígenas del occidente peninsular se basaban en tradiciones locales, a las que se va añadiendo en ocasiones elementos mediterráneos. Ya sabemos que las fortificaciones de los asentamientos castreños se basan en la ocupación de emplazamientos fácilmente defendibles por control visual y limitación de accesos. Pero también se fortifican a través de murallas adaptadas a la topografía del terreno, a las curvas de nivel de los cerros que ocupan y aprovechando el roquedo superficial. A estos elementos básicos de la poliorcética indígena occidental hay que añadir el uso de torres y bastiones macizos, estructuras defensivas complejas, procedente de ambientes mediterráneos, seguramente púnicos, cuyos asentamientos no sobrepasaron físicamente el valle del Guadalquivir. Pero sus ideas sí, que ya sabemos que llegan a los lugares más pronto y rápidamente que los hombres. Esta desarrollada poliorcética oriental se concreta en la presencia en las murallas de “cajones” y “casamatas”[1]. Estos elementos se vinculan con la influencia cartaginesa en el interior peninsular, que como ya dijimos antes, carecían de asentamientos estables en estas inhóspitas regiones.

Las fortificaciones de los castros vettones. Yecla de Yeltes
Yecla de Yeltes

Durante la primera mitad del siglo II a.C., tras la derrota cartaginesa en la Segunda Guerra Púnica, los romanos aparecen en la meseta occidental, aunque no hay restos de presencia romana estable ni en las tierras de los beturios, ni de los lusitanos, ni de los vettones. Pero el contacto con la nueva potencia dominante en el Mediterráneo si que se deja notar en los sistemas defensivos de las  poblaciones locales, un síntoma que coincide con el alarmante incremento de actividad militar en la zona, y frente a la necesidad imperiosa de ofrecer la mayor resistencia posible a la potente artillería legionaria, algo nunca visto por esos pagos, y de capacidad de destrucción inesperada e impensable hasta el momento. Las ballestas romanas barrían sin mayor problema y sin compasión las endebles defensas de los poblados, que tuvieron que atarse los machos y proporcionar una mayor eficacia a sus defensas, ya fuese favoreciendo el control de los accesos a los enclaves, impidiendo aproximaciones incotroladas del enemigo aplicando planimetrías de origen helenístico…o utilizando aparejos ciclópeos, utilizados en ciudades levantinas y meridionales de la Península. Como el “sistema defensivo ampuritano”, una especie de plataforma maciza conformada como una fortaleza y que se puso en marcha en la colonia griega de Ampurias ya en el siglo IV a.C. Estos bastiones comienzan a construirse macizos, al contrario que en la etapa anterior. Y es que había que hacer frente como fuese a la maquinaria de asedio romana, pues era un asunto de vida o muerte. Polibio estima en 50 ballestas de asedio la dotación de este tipo de artillería por cada legión en el siglo II a.C. Una verdadera máquina de matar y destruir.

Asentamientos vettones dotados de bastiones de origen mediterráneo

La novedosa poliorcética de origen mediterráneo ha sido documentada en asentamientos vettones cacereños como Villasviejas del Tamuja o El Berrocalillo (Plasencia) por Martín Bravo. En cualquier caso, existen varios ejemplos de poliorcética castreña de origen helenístico entre los ríos Tajo y Guadiana. Y no sólo en el área delimitada por ambos, sino incluso en las estribaciones de la Sierra de Gredos. Por ejemplo, la fase III del Raso de Candeleda, que Luis Berrocal-Rangel denomina “fortalezas de entrada”. De hecho, este mismo autor califica La Mesa de Miranda, al norte de Gredos como la “fortaleza de entrada” más conocida. Es la estructura que Juan Cabré denominó “cuerpo de guardia”, que defiende la entrada principal del recinto y que se compone de dos torres cuadradas unidas por un pasadizo-cortina, datado en el siglo II a.C. Estas estructuras defensivas debieron tener la función de albergar tropas y almacenar armas.

Las nuevas técnicas romanas

Hasta aquí seguíamos hablando de construcciones indígenas con elementos ajenos, pero desde el año 49 a.C., comienzan a proliferar en territorio vettón asentamientos romanos, ciudades ex novo, de planimetría regular y planificada y un urbanismo regular de tipo romano cuya aparición descarada supone un punto de ruptura con el primitivo urbanismo castreño indígena. Los castros en altura van siendo abandonados para trasladar a su población al llano, más fácil de controlar por decisión directa de Cayo Julio César, vencedor en las guerras civiles romanas. Las técnicas constructivas romanas progresivamente van sustituyendo a las indígenas: plantas regulares, alzados con sillarejos en lugar de la vieja mampostería irregular, opus caementicum, hábitats domésticos más adaptados a la comodidad de sus moradores y menos a la topografía del terreno…En resumen, una nueva complejidad urbanística se alza sobre la tradición indígena.

Y hasta aquí este artículo sobre las fortificaciones de los castros vettones.

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[1] En terminología militar, es cualquier construcción sólida que alberga tropas y armas defensivas. Puede estar hecho en piedra, ladrillo o tierra en la época que estamos estudiando. Pero para que nos entendamos, una casamata es un búnker.

Extraido de Tierra de vettones, trabajo inédito de Diego Salvador

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