Influencias ibéricas en las creencias vettonas

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Influencias ibéricas en las creencias vettonas

La cultura ibérica y la vettona, en el fondo se parecen en muchos aspectos. Los pueblos de la Meseta occidental adoptaron en ocasiones parte de la iconografía mediterránea, sobre todo la que se refiere a cultos relativos a la fuerza de la Naturaleza, que se concretan en diversos animales como aves, caballos e incluso lobos. Entre los vettones destaca una diosa femenina vinculada con la fecundidad, Ataecina y divinidades infernales. Y a todas ellas se les hacían ofrendas votivas, como en El Raso de Candeleda. Evidentemente debe haber influencias ibéricas en las creencias vettonas, pues parece lógico pensar que la relación entre los mundos vettón e ibérico existía cuando aparecen elementos de esta cultura en santuarios vettones. La cultura ibérica actuaba de alguna manera como transmisora de rasgos esenciales mediterráneos, que irradian hacia el interior peninsular, unos rasgos que la cultura ibérica ha moldeado según su conveniencia, conocimientos y creencias propias. Según Trinidad Tortosa, algunas estructuras arqueológicas muy específicas conforman lo que ella denomina “arqueología de culto”, lo cual no quiere decir que conozcamos las creencias de estos pueblos. Por ejemplo, podemos deducir de forma indirecta la existencia de rituales de libación (ofrendas líquidas a los dioses) en Ulaca a través de determinadas concavidades y plataformas en su famoso ara de sacrificios. De forma indirecta porque las fuentes escritas de la época no se hacen eco de estos hechos.

Ejemplos materiales de las influencias ibéricas en las creencias vettonas

Influencias ibéricas en las creencias vettonas. Imagen de Epona
Imagen de Epona encontrada en Alemania

La huella mediterránea en aspectos divinos puede rastrearse indirectamente en algunos ambientes vettones, eso sí, deliberadamente tamizada y reelaborada por los pueblos ibéricos meridionales y levantinos. Esta huella sagrada la podemos ver en objetos de uso cotidiano, como el oenochoe de Las Cogotas, en cuyo asa encontramos una “Potnia theron” o “Señora de los Animales”, de iconografía egiptizante, o la imagen de Astarté en un timaterio de El Raso. Respecto a la “Señora de los Animales”, otras propuestas apuestan por una representación de Epona, diosa de la fertilidad en el mundo celta, al dios Bes o a una imagen solar. La distribución peninsular de este tipo de representaciones hacia el siglo IV a.C. sugiere relaciones de intercambio entre la Meseta y el mundo ibérico, en especial con el área contestana (actual provincia de Alicante y parte de las de Murcia, Albacete y Valencia).

Un colgante con el tema “domador de caballo” apareció en una tumba de La Osera, similar a ejemplos del mundo ibérico del sureste. Una muestra más de los ecos del Mediterráneo en la cultura vettona. Pero hay más. En el santuario de Postoloboso (en las proximidades de El Raso de Candeleda), la relación del hombre con la Naturaleza se establece a través de lo que Trinidad Tortosa llama arquitectura del paisaje. La misma investigadora relaciona este santuario vettón con otro ibérico, El Pajarillo (Huelma, Jaén). ¿Cuál es el nexo de unión entre ambos? La presencia del lobo, que en el caso vettón se concreta en epígrafes vinculados a Vaelius o Endovaelicus, divinidad masculina indígena. En el caso ibérico se presenta en forma de esculturas que representan a un personaje masculino con la falcata en ristre y escondida, presto a luchar contra el lobo, un elemento que identifica a la cultura ibérica, puesto que es uno de los animales más importantes que aparecen en las pinturas que decoran los vasos cerámicos ibéricos, que datan de época helenística, siglos IV-III a.C.

La representación de aves en cualquier tipo de soporte, ya sea cerámico o metálico, tanto en la cultura mediterránea como la céltica parece relacionado indisolublemente con ritos de fertilidad o de paso al Más Allá. Ejemplos de esto son el vaso ornitomorfo de la necrópolis de Las Cogotas, que sigue modelos púnicos tamizados por la tradición ibérica, aunque mucho más tosco que otros objetos de similares características. Posiblemente represente una paloma y se asociase al culto de alguna divinidad femenina, aunque en el mundo céltico se les otorgaban propiedades curativas.

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