El entorno natural de la Carpetania prerromana

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La actividad económica de los pueblos carpetanos estaba supeditada a las características físicas del entorno natural. A la Meseta, por temperaturas y régimen de lluvias, le disgusta excesivamente acoger otros cultivos que no sean cereales, pero en cambio la ganadería es la base de su economía desde la Prehistoria más protohistórica hasta nuestros días. Allá donde las condiciones climáticas han favorecido más intensamente el desarrollo de la agricultura, el dueto agrícola-ganadero se ha convertido en santo y seña del sustento de la población.

Entorno natural. Los Montes Carpetanos

La cubierta forestal de montes y páramos de la región carpetana, estuvo constituida sobre todo por encinas, carrasca, roble y acebuche. En las riberas de los ríos debió abundar la caza y la pesca. Los humedales dulces y salobres del sur de la Carpetania se llenaron de aves migratorias en otoño y primavera, en su itinerario en ambas direcciones de Europa a África. Una saludable costumbre que sería aprovechada por los ávidos grupos humanos, gozosos y complacidos de cazarlas a manos llenas para zamparse su deliciosa carne y de recolectar sus sabrosos huevos.

La Carpetania estaba vertebrada por una arteria principal de comunicación fluvial representada por el río Tajo y sus principales afluentes. El límite sur de la región carpetana, traspasadas las Mesas de Ocaña, presenta una zona de numerosos humedales y áreas lacustres, en los territorios adyacentes al río Guadiana, que harían las veces de pretendida frontera natural meridional con el siguiente pueblo según miramos hacia el sur peninsular, el oretano.

La comarca de La Sagra es rica en materiales aptos para confeccionar vasos cerámicos, ladrillos y adobes como margas y arcillas. Las margas yesíferas localizadas en las vegas del Jarama y del Tajo, y las margas calizas procedentes de las Mesas de Ocaña, se han venido utilizando desde tiempos inmemoriales en la elaboración de contenedores cerámicos y adobes para la construcción de modestas viviendas. Justo como las que construyeron nuestros antepasados de la Edad del Hierro.

Las corrientes de agua que surcan la Carpetania crean barranqueras y espolones que atrajeron a numerosos visitantes que fundaron los poblados que proliferaron durante la II Edad del Hierro. De las fuentes y de las nieves del Sistema Central beben algunas de las corrientes fluviales que atraviesan la región, como el Jarama, Manzanares, Guadarrama, Alberche, todos tributarios del gran río Tajo, que, procedente de otra gran barrera natural, el Sistema Ibérico, atraviesa la región de este a oeste, delineando cortados y farallones en los dúctiles yesos que recorre durante su curso. El Tajo acercó numerosas influencias culturales procedentes del norte y occidente peninsulares, unas positivas y otras no tanto, aunque es difícil discriminar cuales lo eran y cual no.

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