El Toledo romano

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El Toledo romano

Toletum, el Toledo romano emergió como población de fuste al albur de su posición como mansión o venta en la vía o calzada que iba desde Emerita a Caesaraugusta, y en aquélla que enlazaba Laminium con la propia Toletum.

La ceca toledana

Toledo romano. Ruinas del circo
Toledo romano. Ruinas del circo

Se ha documentado una ceca denominada “Tole”, identificada inmediatamente con Toletum, por semejanza fonética más que nada. Varias monedas hacen referencia a esta ceca y al famoso tema del jinete ibérico en el reverso. En el anverso junto a la fórmula romana Ex S.C. (ex senato consulto), figuran apelativos indígenas. La expresión “nombres indígenas + motivo del jinete + fórmula Ex S.C.” sugiere la emisión de monedas por una ceca indígena, en la que la presencia de un enunciado romano es resultado de hondos influjos romanizadores durante al menos dos siglos. La fórmula Ex S.C. hacía referencia a instituciones indígenas, como la Asamblea de la ciudad y los magistrados, que detentarían el poder en la fecha de acuñación de las monedas, según la vieja costumbre romana. Además se han encontrado en Toledo monedas acuñadas en Arse (posiblemente Sagunto) y Bolskam (posiblemente Huesca), de lo que se deduce la existencia de estrechos contactos comerciales con otras zonas peninsulares.

Del castro carpetano a la ciudad romana

En el primitivo núcleo indígena se fue haciendo patente una población cada vez más romanizada, lo que no implica por fuerza gran inmigración, sino que el propio habitante autóctono fue variando paulatinamente sus semibárbaras costumbres adecuándolas a la nueva marea latina. Aún se mantuvieron los inevitables elementos irreductibles que se negaron a modificar sus hábitos ancestrales. El tránsito de viajeros, algunos de los cuales permanecían un tiempo en la ciudad y otros no, acercó nuevos usos y modas desde la capital de la Tarraconense, que progresivamente fueron transformando la tradicional apariencia y formas de vida indígenas, con la presencia ya señalada de aquéllos que se oponían a cualquier cambio estimulado desde culturas foráneas.

Plinio el Viejo se refiere a Toletum como ciudad estipendiaria (Nh,III,25). Bajo dominio romano, se convierte de oppidum, enclave urbanizado fortificado de poca monta, en ciudad estipendiaria, que mantiene su estructura sociopolítica, ahora sometida al  desembolso de tributo al dominador, el stipendium. Instituciones indígenas como la Asamblea y los magistrados que aparecen en las monedas, se mantienen inamovibles durante buena parte del siglo I d.C., periodo en el que la ciudad permanece como estipendiaria. Es posible que mientras Plinio elaboraba su obra, algunas ciudades estipendiarias mudaron de condición jurídica, sin que el docto erudito se diese por enterado. No satisfecha la ciudad con su categoría, Toletum aparece como municipio latino ya a comienzos del siglo II d.C., según demuestra una inscripción hallada en la parva urbs. La ancestral Asamblea indígena ha mutado en Senado, más acorde con los nuevos tiempos: una Asamblea de decuriones que, junto con otros magistrados, ostenta el poder municipal. La presencia de ese Senado local se ha atestiguado en la primera mitad del siglo II d.C., y posiblemente se prolonga hasta al menos el siglo siguiente.

Esplendor del Toledo romano

El siglo II d.C. muestra el auge y el cénit que alcanzó la civilización romana en todas sus facetas, bajo la Pax Antonina, de las cuales la municipalización es buen ejemplo. Toletum participó devotamente de este esplendor ciudadano, manifestado en lúdicas formas de vida y en el crecimiento urbano. La ciudad se dotó de monumentales edificios públicos y gozó de una infraestructura urbana de gran envergadura, cuyos vestigios pueden observarse hoy día. La función agrícola debió ser la base de su existencia en época prerromana, y permaneció en época romana, pero seguramente cuando promocionó al estatus municipal, a este rol se le sumó, una significativa actividad comercial, derivada de su posición privilegiada dentro del avanzado sistema de comunicaciones que los pragmáticos romanos se sacaron de la manga cuando desarrollaron sus innatas condiciones como ingenieros de obras públicas y de comunicaciones.

Todavía a mediados del siglo III d.C., en plena crisis estatal romana, la vida municipal persiste, como atestigua el culto al emperador que los toletani efectuaban a partir de los dictámenes decurionales. Pero ya debía pesar como una losa la recesión que se cargó el vigor municipal. Toletum resistió cual campeón olímpico y en ella la vida ciudadana se mantuvo y aún resurgió con fuerza en época bajoimperial y todavía más en el reino visigodo, del que fue incluso capital.

Los magistrados y su relación con los edificios públicos

De Toletum conocemos las magistraturas municipales a partir de una inscripción con la fórmula D (ecreto) d (ecurionum), de lo que podemos deducir la presencia de ediles y duumviros toledanos. En aquellos remotos días, el Senado municipal se dedicó al “pan y toros” de la época, al “panem et circenses que puso en boga en el siglo I d.C. el gran poeta Juvenal en sus Sátiras. Las inscripciones se refieren a asuntos lúdicos pero también relacionados con el culto imperial: la dedicación de unos juegos circenses por un sevir (magistrado que regularizaba el culto imperial, integrado en un colegio de sevires) y el ofrecimiento del municipio al emperador.

Además del duumvirado, era fundamental la presencia de los ediles en Toletum, pues se ocupaban del mantenimiento de los edificios públicos, como un circo de gran tamaño y posiblemente un anfiteatro. El circo sería uno de los principales lugares de reunión y esparcimiento de los habitantes de los alrededores, donde no es extraño que se cerrasen suculentos negocios, para regocijo de mercaderes y oligarcas. La importancia de Toletum en la comarca explicaría el gran tamaño de este circo, y supondría un alarde de riqueza inherente a las elites municipales.

Toletum continuó incrementando su población, hasta llegar a un número de habitantes elevado, pues sólo así se explicaría lo inexplicable: como en aquel lugar de La Mancha se desarrolló una urbe con ese tamaño y esas infraestructuras de servicios públicos. La nada despreciable envergadura de los edificios públicos sugiere el peso significativo de este núcleo centrado en una encrucijada de vías. No olvidemos que pocos siglos más tarde, Toletum estaba llamada a ser capital de un reino que llegó a unificar toda la Península, el visigodo.

La infraestructura hidráulica

Toledo romano. Restos del acueducto
Toledo romano. Restos del acueducto

Entre los vestigios arqueológicos toledanos de época romana destacan sin lugar a dudas los vinculados al abastecimiento de agua para la ciudad. Los ingenieros romanos encontraron una solución eficaz pero onerosa para este peliagudo problema. Como no podían elevar el agua desde el río Tajo, ya que el considerable desnivel que había que salvar en pocos metros lo impedía, buscaron otros cursos de agua próximos. Y así se alzó en el vecino pueblo de Mozarambroz una presa, de la que todavía quedan huellas visibles. En las riberas del Tajo se advierten las ruinas de lo que una vez fue el acueducto.

Elevada densidad demográfica en el área toledana

A pesar de todo lo expuesto, entramos en el inestable terreno de la conjetura al tratar de vincular la amplitud de la infraestructura básica urbana con el tamaño de la población toledana. Pero en cambio sí podemos apreciar una considerable densidad poblacional en la comarca circundante, sobre todo al sur, dato contrastado por los numerosos hallazgos arqueológicos y epigráficos. La presión antrópica sobre el alfoz de la urbe toledana debe enlazar con las múltiples explotaciones agropecuarias de pequeño y mediano tamaño que la avituallarían. En dirección al noreste, la concentración de yacimientos mengua sobremanera, pero todavía es relevante, plenamente justificada por la cercanía de la gran carretera que cruzaba la Meseta en dirección noreste-suroeste, desde Emerita Augusta a Caesaraugusta.

La importancia de los datos epigráficos

La escasa epigrafía hallada en la propia Toledo, se compensa en cierta medida con las abundantes inscripciones descubiertas en su área de influencia. Esta información constata la presencia de gentilicios frecuentes en la zona y de determinados grupos sociales. La epigrafía insinúa el sólido arraigo de la organización gentilicia prerromana, manifestada incluso a fines del primer siglo de nuestra era; individuos de nombre latino y condición de ciudadano, hacen grabar en la piedra su gentilidad, para que el nombre de sus ancestros también perdure en los siglos venideros, junto al de sus invasores. Curiosamente, la epigrafía de esta zona también ha detectado la presencia de nominaciones griegas. Fuera de Toletum, se han descubierto rastros de tres toletani  en la Legio VII, de lo se deduce que Toletum era zona de reclutamiento para esta corporación militar de la Tarraconense. Pero no parece haber más vestigios sobre las andanzas de los toletani fuera de su comarca de origen.

También los datos epigráficos han permitido documentar el culto imperial, representado por el colegio de sevires de Toletum, de lo que se deduce además la presencia del flaminado, institución religiosa cuyos acólitos se encargaban de hacerle la rosca al mismísimo Emperador.

La importancia regional de Toletum

La situación de Toletum en una rica zona agrícola que hoy día todavía lo es, permite suponer que ésta sería su actividad económica primaria y básica desde los albores del primitivo castro autóctono. Con los romanos, no se modificó sustancialmente su función, pues los recién llegados impulsarían la explotación racional de los recursos naturales, a los que sumaron el aprovechamiento de algunas minas de la provincia, todo lo cual no hizo más que favorecer la aparición de una infraestructura hidráulica diseminada sobre todo al sur de la parva urbs toledana. Al tiempo, y debido a la vecindad con la vía que unía Emerita con Caesaraugusta, Toletum pasó a convertirse en un notable lugar de tránsito. Pero es que además el camino que provenía de Laminium también confluía en tan afortunada ciudad, lo que impulsó decididamente y para siempre su posición preeminente en la Meseta sur, ya fuese como capital política, económica o cultural. Agregó a sus ancestrales funciones de centro agropecuario la de mansión o lugar de parada de viajeros, que pudo contribuir a cambiar la estructura económica de la ciudad. La aparición y desarrollo de la nueva actividad comercial fue obra tanto de los lugareños como de los inmigrantes que aquí aposentaron sus reales, quienes se sintieron atraídos por las posibilidades ciertas de mejorar sus condiciones vitales. Probablemente este desarrollo comercial fue temprano, y favoreció el surgimiento de una poderosa oligarquía, que en poco tiempo estuvo en disposición de exigir el cambio de estatus jurídico, para solaz beneficio de la ciudad y para sus propios bolsillos, promoción necesaria para crear una cabeza administrativa, el municipio, que controlase la minuciosa explotación de los territorios aledaños. Pero, a partir de la gran crisis del Estado romano de mediados del siglo III d.C., ya no era ninguna gollería formar parte de la antaño próspera élite municipal, lastrada de onerosos impuestos y tributos de naturaleza variopinta bajo el pesado yugo de la exorbitante y agobiante fiscalidad bajoimperial que alguno antes que Diocleciano se sacó de la manga, pero que éste llevó hasta su más refinada apoteosis.

El relativo cosmopolitismo de Toletum

Si bien sorprende la insistente ausencia de foráneos en Toletum, siempre ciñéndonos a datos epigráficos, en cambio, sí que tenemos noticias de toledanos instalados fuera de su ciudad originaria, como los tres soldados instalados en la Legio VII. Pero no podemos dejarnos engañar por la falta de pruebas sobre extranjeros en Toletum. Lo tenía todo para atraer visitantes e inmigrantes y no podemos deducir de la escasez de datos la inexistencia de elementos foráneos, que sin duda debió haber. Su desarrollo debió ser llevado a cabo tanto por propios como por extraños. Pero si bien es cierto que Toletum no fue un centro tan cosmopolita como Complutum, no subestimemos su relevancia, anteriormente justificada con la mera mención de su destacada infraestructura urbana, constituida por obras públicas basadas tanto en el aprovechamiento hidráulico como en los edificios que representaron la ostentación del poder municipal en el Toledo romano.

 

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