El poblado carpetano de Plaza Moros

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El poblado carpetano de Plaza Moros

El urbanismo de Plaza Moros

Poblado carpetano de Plaza Moros
Plano de una vivienda en Plaza Moros

El poblado carpetano de Plaza Moros, en Villatobas, al noreste de la provincia de Toledo, por topografía y emplazamiento, es valorado como un yacimiento muy representativo de la II Edad del Hierro, pues se asienta sobre un espolón que controla la confluencia de dos cursos de agua. En el reducido paso por el que se accede al enclave, se excavaron dos fosos y edificó una fortificación, formada por dos torreones semicirculares, modelo reiterado en esta comarca, pero también en otras zonas de la Península. En Plaza Moros las defensas del castro se adaptan metro a metro al relieve. Como vemos un buen representante de la poliorcética indígena.

Hay indicios de una gran destrucción del lugar por fuego, pero no se conoce qué o quién lo ocasionó, pero en todo caso, fue motivo más que suficiente para precipitar su apresurado abandono. Lo mismo pudo ser un rayo, que un despiste en la cocina o en el taller, que la fatal consecuencia de un tremendo asedio perpetrado por algún vecino quisquilloso o un invasor foráneo de aviesas intenciones. Fuese como fuere, las altas temperaturas derivadas de este terrible acontecimiento han logrado conservar en condiciones muy aceptables algunas de las paredes de adobe, lo que ha permitido estudiar minuciosamente la trama urbana. Han sido desenterradas las características viviendas rectangulares, dispuestas en posición longitudinal respecto a la muralla. Además se ha alcanzado a distinguir dos fases de ocupación al observar la estratificación de las áreas excavadas.

Dionisio Urbina es el arqueólogo que más sabe de este emplazamiento carpetano y ha propuesto que la planificación de recintos amurallados como Plaza de Moros se llevó a cabo desde asentamientos en llano, en respuesta a ignotas necesidades de sus habitantes, que desconocemos por el momento. En los cercanos yacimientos de la Mesa de Ocaña, también estudiados por Urbina y su equipo, numerosos enclaves amurallados se ocuparon sin haber sido habitados previamente, de lo que se deduce que se escogió el nuevo emplazamiento fortificado de manera preconcebida. Los habitantes del poblado carpetano de Plaza de Moros escogieron una relativamente compleja arquitectura, y supuso la ejecución práctica de un esquema que consistía en unir la pared de las habitaciones de las viviendas a la muralla circundante. La obra de la muralla se hizo presumiblemente por tramos, al tiempo que los habitáculos se adosaban a ella, una peculiaridad que plantea serias incertidumbres acerca del procedimiento constructivo del poblado. Probablemente cada familia edificaría su propia vivienda y el trecho de muralla asociada a ella, en un ejercicio de mutua solidaridad entre la parentela más afín.

El parapetaje defensivo de este poblado es de innegable sabor indígena: robustos si bien toscos, construidos con materiales poco trabajados y dispositivos simples pero eficaces en cuanto a su funcionamiento. Sistemas muy distantes de los complejos y abaluartados modelos de fortificación de otras regiones peninsulares, incluso de épocas anteriores, que incorporaban a su fornida estructura torreones de porte cuadrangular.

En Plaza de Moros coexisten dos áreas de diferente funcionalidad. En el denominado Área I, la estancia central se vincula a la vigilancia y guarda de los baluartes de acceso al castro. El Área II incluye espacios artesanales o ámbitos lejos del estrictamente doméstico de las viviendas.

La cultura material en Plaza Moros

Poblado carpetano de Plaza Moros
Muralla de Plaza Moros

Entre el material hallado destacan recipientes cerámicos de gran tamaño elaborados a torno, y tinajas similares a las antiguas ánforas fenicias, decoradas con la usual técnica pictórica carpetana, la jaspeada a base de brochazos. En su momento estas tinajas contuvieron en su interior tanto grano como líquido, y probablemente reposaron en el seno de las cubetas halladas en el suelo de las habitaciones. También se han encontrado urnas o tinajillas, hermanas menores de las grandes cubas, y cuyo aspecto no difiere apenas de las cerámicas ibéricas. Además han aparecido cuencos de diferentes tamaños, amplios toneles o toneletes ibéricos, vasijas cilíndricas decoradas también con pintura jaspeada, e incluso botellitas de varios tamaños, escudillas y ollitas globulares de barniz rojo púnico. Como materiales metálicos descuella la presencia de fíbulas de bronce, algunas de ellas anulares.

La cultura material del poblado carpetano de Plaza de Moros permite registrar la cronología de su hábitat entre la mitad del siglo IV y el siglo III a.C., en plena Edad del Hierro carpetana. Las cerámicas a torno conllevan implícitamente la venida desde Levante y Andalucía de una vigorosa brisa de aire mediterráneo sobre la Meseta, que indudablemente amplió los horizontes de la imaginación e imaginaría indígenas, al introducir una inédita peculiaridad plasmada en el desarrollo de nuevos cultivos agrícolas y técnicas novedosas, amén de la aparición de un renovado pensamiento superpuesto al carpetano propio ancestral. El maridaje de diferentes modos de vida y costumbres, conocimientos y grados de desarrollo suele desembocar en una evolución progresiva de la mentalidad de determinados seres humanos, frente a la constante inmovilidad e incluso violenta involución que supone a largo plazo la persistente resistencia al mestizaje cultural y biológico.

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