El aprovechamiento agrícola y forestal del territorio carpetano

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El aprovechamiento agrícola y forestal del territorio carpetano

Aprovechamiento agrícola y forestal del territorio carpetano. Campo de trigo

El aprovechamiento agrícola y forestal del territorio carpetano se puede deducir a partir de datos polínicos y restos de cebada obtenidos del registro arqueológico. Por donde podemos concluir con cierta solvencia que los carpetanos se alimentaron básicamente de los productos de una agricultura cerealista de secano, algo lógico por otra parte, estando en la región geográfica en la que nos movemos, incluida la cerveza, aunque ésta se fabricaba posiblemente a base de bellota de encina y no de cebada tostada. Pero la escasez de otros indicios inmediatos y del perecedero instrumental de madera que tuvo que coexistir con los aperos agrícolas de hierro, complican sobremanera el estudio de los trabajos agrarios y sistemas de laboreo aplicados por los carpetanos.

Agricultura de secano

La agricultura de secano se basó fundamentalmente en cereales como el trigo, y, en menor proporción, cebada, avena e incluso mijo. De lo que sí estamos bastante seguros es de la carencia de cultivos de regadío, por no existir de momento pruebas fehacientes de estas técnicas agrícolas. Probablemente el sistema de cultivo más extendido sería la siembra en campos separados de los distintos tipos de semilla, recogiendo el fruto con hoces llegado el momento de la siega, pues no se ha encontrado ningún ejemplar de la más cómoda guadaña hasta la fecha, lo que no significa que no estén ahí presentes bajo tierra. Tampoco conocemos la superficie real de los campos de cultivo ni su distancia a núcleos habitados, aunque la escasez de cereal en las muestras polínicas sugiere diseminación e incuestionable lejanía, en un paisaje agrario mixto compuesto por campos de cultivo, árboles y matorrales. El grano (cuando lo hubo porque las lluvias lo permitían, algo que no sucedía todos los años) recogido con esfuerzo en las mieses de la siega, debió almacenarse en silos, estructuras muy bien documentadas en bastantes asentamientos, como el yacimiento de Fuente el Saz de Jarama (Madrid).

Recolección de frutos

Dentro de la nebulosa economía de aquellos tiempos de Maricastaña, fue significativa la recolección de frutos silvestres, entre los que destaca la bellota de encina, el árbol nacional del solar hispano, posiblemente mucho más extendida que actualmente en época carpetana, momento en el que la presión humana y la acción antrópica inherente eran escasas, cuando el hombre operaba en auténtica simbiosis con la Madre Naturaleza y más por estos lares, pobremente civilizados por antonomasia. En todo caso, el análisis de muestras paleobotánicas señalan que tanto el clima como la vegetación diferían poco de las condiciones vigentes hoy día, cambio climático acelerado mediante.

Escasez de vid y olivo, productos mediterráneos por antonomasia

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Rama de olivo

El olivo se cultivó con menos entusiasmo en la Carpetania que en otras zonas mesetarias, más arrebatadas por el fruto de la aceituna. No obstante las fuentes clásicas se hacen eco en sus noticias de la presencia de un monte sagrado de olivos en la región. De la vid no se conoce nada. El vino no debió ser demasiado conocido, pues era un producto de altas culturas, mientras que la cerveza lo era de grupos más rústicos, al menos en Occidente, pues de todos es sabida la tremenda afición por la cerveza de que hacía gala los refinados egipcios de la Antigüedad. Tanto era así, que incluso los niños del Nilo tenían el velado permiso de sus padres para ingerir tan preciado elemento. Y no era un producto tan filtrado y elaborado como en nuestros días, sino mucho más virgen, no exento evidentemente de alcohol, pero tampoco de sus propiedades alimenticias, que también las tiene.

Aprovechamiento de la madera

Los restos de madera señalan que en la construcción de viviendas debió utilizarse pino, quejigo y enebro, pero también como leña para hogares y hornos, en buena lógica, pues también serían especies vegetales muy extendidas por aquél entonces, que de alguna forma había que evitar el intenso frío mesetario en los crudos meses invernales, que por entonces lo eran de verdad.

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