Concepto de gentilidad

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Concepto de gentilidad

El concepto de gentilidad se desarrolló con éxito a finales del siglo XX, y en él se explica cómo las gentilidades son entidades menores de parentesco, unidades organizativas indígenas o grupos humanos básicos, y complementaban un esquema social fundamentado en el grado de parentesco directo.

Finley en 1976 descartó que los términos genos[1], phyle[2] y fratría[3] fuesen grupos vinculados por consanguinidad, afinidad, adopción, o matrimonio, parentesco en resumen, y afirmó que la familia no tenía nada que ver con estos conceptos. La base social fue desde siempre la familia, la hospitalidad, la proximidad, la cercanía entre las personas, el matrimonio, los derechos y obligaciones que crean las ataduras sociales. Sin embargo, la guerra y la paz, la propiedad de la tierra, el derecho, son atribuciones propias de las ciudades, unidades organizativas superiores, y no de una célula básica como la gentilidad.

La gens se organiza coherentemente a partir de la unión de los individuos, ya sea a través de lazos de parentesco como los descritos antes o sin ellos. Para los griegos y los romanos el parentesco era la peculiaridad más sólida y elemental de una sociedad. Dionisio Urbina considera que los rasgos propios de una gens son distintos a los de otra. Los vínculos sociopolíticos y territoriales pueden darse dentro de la gens, pero no necesariamente, aunque eso sí, la cohesión dentro de una gens es más fuerte si comparte un mismo territorio o una asociación política.

Beltrán Lloris añade al parentesco otros factores: territoriales, políticos, religiosos, económicos o bélicos. Y considera la “organización gentilicia”, al menos como la interpretaban griegos, romanos, celtas o germanos, como un “espejismo historiográfico”, un concepto inexistente en realidad. Los autores que defienden la existencia de  gentilidades son conscientes de la ignorancia acerca del carácter de los grupos documentados en las inscripciones epigráficas, ya que la gentilidad no genera normas ni para las actividades económicas, ni jurídicas, ni administrativas, pues nada sugiere que los vínculos de parentesco sean algo esencial en la cohesión colectiva de una comunidad más amplia que la gens.

Otra hipótesis es la de los apodos, desarrollada por Almagro Gorbea. Las “gentilidades” prerromanas serían asimilables a los apodos rurales “de toda la vida”,  formas especiales de denominación sin fundamento político, económico o legal. Las personas se conocen por apodos[4], los apodos nombran a las familias y sus cualidades o características intrínsecas propias de ellos. Un individuo se presentará con su nombre de pila y su apodo, que denomina a su grupo de procedencia: “Se os saluda, yo soy Retógenes Caraunios, de los Cacharreros de Numancia”, por ejemplo. Aunque los apodos no tienen ninguna validez legal, y pueden o no  identificarse con tareas u operaciones determinadas[5], comparten el mismo apodo una familia en sentido amplio, pero se accede a ellos tanto por consanguinidad, como por matrimonio o adopción. Entre los que comparten un mismo apodo se pueden dar perfectamente discusiones y peleas, pues no hay familia bien avenida, y los que comparten mote suelen formar parte del mismo linaje.

[1] Término griego antiguo que se utilizaba para pequeños grupos parentales que se identificaban a sí mismos como una unidad.

[2] Término griego antiguo para definir clan, raza, gente, tribu.

[3] Tipo de agrupaciones sociales propias de la Grecia antigua. En sentido antropológico, se trata del agrupamiento de dos o más clanes de una tribu o un pueblo.

[4] La denominación, por ejemplo en un pueblo, de los “Cacharreros”, está apuntando a una cualidad, a la actividad a la que se dedica una familia y posiblemente también sus adláteres.

[5] Aunque en varias generaciones ya nadie de la gens se dedique a los cacharros, sí que quedó como una cualidad indeleble para los descendientes, que aún son conocidos por ese apodo o mote.

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