El castro vettón de los Castillejos

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El castro vettón de los Castillejos

La ubicación

El castro vettón de los Castillejos

El castro vettón de los Castillejos se encuentra a 22 km de Ávila. El pueblo más cercano es Sanchorreja, a unos 4 km de distancia. Se puede acceder a pie, desde la Dehesa del Cid[1], adonde se llega por la carretera AV-110, que nace en la N-501 dirección Salamanca. El acceso es un pelín fatigoso dada la recia pendiente que hay desde el lugar donde se puede dejar el coche (en La Dehesa del Cid) y el asentamiento. Pero el esfuerzo merece la pena, sin duda. Al menos por las vistas que se ofrecen a nuestros ojos desde la cima. Y por el granito, presente por doquier. Lo vettón y lo granítico forman una especie de dúo indisoluble, al parecer. Al menos en tierras abulenses, como lo son éstas.

La cronología

El yacimiento no se encuentra acondicionado para el público[2] y corona un cerro amesetado, desde donde se domina el paisaje en derredor, cosa lógica y normal en “esto de los castros”. Las primeras investigaciones científicas fueron llevadas a cabo entre 1931 y 1934 por Camps y Navascués. En los años 50 fueron excavadas por Maluquer de Motes, siendo las más importantes las posteriores campañas desarrolladas entre los años 1981 y 1988, y dirigidas por F.J. González-Tablas. Se da la paradoja de que, si bien es uno de los castros más conocidos por los científicos (sí, señores, sí, historiadores y arqueólogos son también científicos), es completamente desconocido para el gran público, e incluso para el reducido número de aquéllos que tienen interés en la arqueología de divulgación, ya que es un castro de difícil acceso. No obstante, es el lugar perfecto para un igualmente perfecto día de campo. Pero, ¿cuál es esa importancia que tiene para los arqueólogos? Pues porque posee una potente secuencia estratigráfica de más de dos metros de sedimentos, lo que significa que fue ocupado durante un prolongado lapso de tiempo. Por vettones, protovettones y por los tatatarabuelos de los vettones. En concreto esos niveles serían los siguientes:

  • Nivel I: formado por la cobertera vegetal
  • Nivel II: afectado por el laboreo agrícola. El más moderno.
  • Nivel III: el primer nivel intacto. Final del Hierro Antiguo (período que también es denominado por los expertos I Edad del Hierro). Siglos VI-V a.C.
  • Nivel IV: Inicio de la Edad del Hierro.
  • Nivel V: inicios del Bronce Final, un período que los arqueólogos han denominado Cogotas I, por analogía con el yacimiento abulense del mismo nombre. Inicios primer milenio a.C.
  • Nivel VI: el más antiguo, que corresponde al Calcolítico (o Edad del Cobre) y al Bronce Inicial Antiguo.

Nos referiremos a los niveles III y II, que corresponden al período protovettón y vettón, En estos últimos momentos del asentamiento es cuando aparece una tipología de cerámica emparentada con el sudeste peninsular, que hallamos en este contexto debido a los indudables contactos con otras culturas peninsulares. Además el contacto con centros culturales más avanzados supone la progresiva implantación de la cerámica a torno en detrimento de las que se hacían a mano, un proceso mucho más costoso y cuyo producto ofrecía peores calidades. Seguramente el contacto con las regiones del sur peninsular proporcionó a los habitantes de este castro otro tipo de habilidades, como las metalúrgicas.

Tuvo su importancia durante los siglos VIII al IV a.C., época en la que se deshabitó. El abandono de Los Castillejos no debió ser especialmente traumático ni violento: simplemente las condiciones de vida cambiaron y los habitantes buscaron nuevos horizontes. Posiblemente la introducción de ganado vacuno en su precaria economía de subsistencia les hizo buscar pastos en lugares menos elevados. Pero no dejan de ser conjeturas. Porque es verdaderamente curioso que, al contrario que en otros castros, aquí no se han encontrado armas, al margen de pequeños cuchillos afalcatados de simple interés doméstico. Pero como siempre, el hecho de que no se encuentren determinados elementos no significa que no existan, sino sólo eso, que no se han encontrado… todavía.

Los recintos

El castro vettón de los Castillejos

Consta de tres recintos adosados unos a otros, circunstancias que podemos apreciar siguiendo el derrumbe de las piedras que en tiempos formaron la muralla, de unos 2500 m de longitud, y de una anchura mínima de 4 m y 8-10 de máxima, que coinciden, obviamente, con los accesos. Según González-Tablas la muralla del castro se construyó en forma aterrazada, es decir que tiene un escalón que dificulta el acceso al recinto, y sólo tiene una línea de paramento exterior. Es el precedente de las potentes fortificaciones de los posteriores castros vettones.

La entrada principal es simple, diáfana, sin la complejidad de las puertas en embudo o en esviaje característicos de los grandes oppida vettones posteriores. Existen otras puertas interiores que comunican los recintos, de la misma simplicidad que el acceso principal.

El recinto principal, que según José Francisco Fabián es el que aparece a mayor altura, ocupa una superficie de algo más de 6 ha y es donde se conserva mejor la muralla. En este recinto se hallan la mayor parte de las viviendas, desperdigadas aquí y allá, sin orden ni concierto y sin atisbo de urbanismo desarrollado, aunque podemos observar cierto agrupamiento en barrios, posiblemente una zonificación por familias o clanes. En el segundo recinto también hubo viviendas, mientras que el tercero se dedicó casi en exclusiva como encerradero de ganado.

Las viviendas son de estructura sencilla, planta rectangular o trapezoidal y de diferentes tamaños (entre 20-60 m2), y como denominador común, la existencia de un hogar, que podía ocupar o bien el centro de la vivienda o un extremo. Construidas con un zócalo de piedra recrecidas con muro de adobe o tapial y con una techumbre de cobertera vegetal. Algo muy típico de las viviendas mesetarias de la época.

Necrópolis y rituales funerarios

La necrópolis no ha sido encontrada, al menos, de momento, coletilla que nos señala que no hay que desistir en el empeño, pues los ambientes funerarios proporcionan un conocimiento nada desdeñable sobre la vida cotidiana de una población. Los ajuares funerarios son un libro abierto: cuantas más armas y otros cahivaches (muchos de ellos orientalizantes, de procedencia sureña) se encuentren en una tumba, más importante dentro de la jerarquía social del poblado será el individuo allí inhumado o incinerado, que de todo tipo de rituales funerarios hay en la viña del Señor. Fuera de los recintos, han sido halladas una serie de estructuras formadas por bloques pétreos de tamaño mediano que según Fabián y González-Tablas podrían estar relacionadas con el mundo de las creencias y los rituales, funerarios o no, desarrollados por los habitantes del castro. En esta zona han aparecido restos óseos animales, por lo que es de suponer, que en este lugar podrían realizarse sacrificios de animales. Pero de restos humanos, de momento, ná de ná…

Economía

¿Y de qué vivían estas gentes? Pues no es precisa mucha imaginación. De lo de casi siempre: eran pastores de ganado ovino y caprino, cultivaban cereales, cazaban lo que podían y recogían frutos silvestres. En fin, una base económica sencilla, característica de la época y muy extendida entre los pueblos de la Meseta y aledaños. Por fortuna para ellos, agua no les debió faltar, pues es bien conocida la existencia de bastantes fuentes en las inmediaciones.

Piezas exóticas

En este yacimiento se encontró una pieza muy famosa dentro de la investigación de la Edad del Hierro vettona, una hebilla de cinturón que representa un grifo alado, un animal imaginario (al menos a priori). También se ha descubierto una cabecita femenina que representa a la diosa fenicia Astarté. Ambos tienen todo el sabor de lo orientalizante, relacionado con el Tartessos y las colonias fenicias meridionales. Bueno, más que la cabeza completa, lo único que se conserva es un fragmento. Más piezas exóticas encontradas en el castro vettón de Los Castillejos: calderos típicos de las culturas atlánticas; cuentas de ámbar, posiblemente de origen báltico y cerámicas pintadas ibéricas. Y muchos objetos más, pero todos muy fragmentados. Esta diversidad material nos hace sospechar en Los Castillejos como una especie de puente entre las culturas del sur peninsular y las de la Meseta.

[1]
[1] Finca en la que se halla la mayor parte de la superficie que ocupa el yacimiento.

[2]
[2] Ya ha transcurrido mucho tiempo desde su última excavación. No obstante, como en casi todos los castros, las vistas son magníficas.

Extraido de Tierra de vettones, trabajo inédito de Diego Salvador

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