El castro vettón de Las Paredejas

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El castro vettón de Las Paredejas

El emplazamiento

El Cerro del Berrueco es una atalaya de granito claramente visible desde un entorno muy amplio, sobre todo por el norte. Es también la última elevación montañosa de importancia al norte de la sierra de Gredos y se extiende entre los municipios salmantinos de El Tejado y Puente del Congosto y el abulense de Medinilla. Es un lugar con protección del tipo Zona Arqueológica, y en el que podemos encontrar hasta seis yacimientos: La Dehesa, La Mariselva, El Berroquillo, Cancho Enamorado, Los Tejares y Las Paredejas. En concreto, el castro vettón de las Paredejas es un emplazamiento situado dentro del término municipal de Medinilla (Ávila). Todo el complejo arqueológico del Cerro del Berrueco fue declarado en 1931 Monumento Histórico-Artístico, junto con otros castros abulenses, como Ulaca y Las Cogotas.

El castro vettón de Las Paredejas. El arqueólogo José Francisco Fabián
El arqueólogo José Francisco Fabián

José Francisco FabiánArqueólogo territorial en Ávila de la Junta de Castilla y León, cree que el primitivo castro pudo ocupar una superficie de 50 ha (con necrópolis incluida), que haría de este emplazamiento un asentamiento tan importante como Mesa de Miranda o Ulaca, algo que no parece demasiado plausible a la vista de lo que se ofrece en la actualidad a nuestros ojos. No está identificado con seguridad con ninguna población que aparezca en las fuentes, aunque con mucha imaginación se podría identificar con Okelon, al norte de Cáparra, en los límites entre las provincias de Cáceres y Salamanca.

Cómo llegar

Se puede llegar al castro de Las Paredejas desde Piedrahíta tomando la desviación hacia Sorihuela. Pasado El Puente del Congosto, ya en la provincia de Salamanca, a unos 30 m a la izquierda, después de rebasado el cruce de la carretera a El Tejado, se toma un camino de tierra dejando el coche en la primera explanada. Desde allí el camino es a pie unos 2 km, dirección suroeste, hasta la base del cerro, sin camino señalizado.

El poblado

Lo que hoy es campo, fue en su día un poblado vettón de finales del primer milenio a.C., que tuvo su apogeo hacia los siglos IV-III a.C., y posiblemente abandonado en las postrimerías del siglo I a.C. o comienzos del siglo I d.C. A partir de ese momento, surgen algunas aldehuelas de época romana altoimperial, que continuarán su existencia en el período visigodo, en las inmediaciones del Cerro del Berrueco, pero algo alejadas del mismo.

El castro vettón de Las Paredejas. Cancho Enamorado
Cancho Enamorado

El origen del castro vettón de Las Paredejas parece relacionado con el abandono de otro poblado, Cancho Enamorado, ubicado en la cima del Berrueco, inmerso en la Edad del Bronce, cuyos habitantes buscan un lugar mejor para asentarse en la base del Cerro. Esta aldea campesina mantuvo su idiosincrasia a caballo entre el Bronce y el Hierro durante unos 500 años, época en la que contactaron con corrientes culturales procedentes del Mediterráneo y de la Europa Continental. En concreto, desde el centro orientalizante de Tartessos llegará su poderosa influencia hasta las Paredejas a través de la ruta natural que une Extremadura con la Meseta Norte por el oeste, lo que en época romana se conocerá como Vía de la Plata, tan de moda de nuevo en nuestros días. La proximidad de esta aldea a la Ruta argéntea provocará su evolución a una estructura urbana mucho más consistente, un verdadero castro de la Segunda Edad del Hierro.

El castro vettón de Las Paredejas se construyó sobre una plataforma ligeramente elevada de la base norte del Berrueco, pero no era el característico lugar de altura y fácil defensa como otros castros. No se conservan indicios, pero suponemos que este castro debió estar amurallado, como tantos otros poblados de la región.

El origen del nombre de las Paredejas

Las tareas agrícolas a lo largo de muchos siglos se han encargado de extender los restos del primitivo asentamiento, y de desmantelar la necrópolis. El propio nombre del castro procede de los restos que las gentes de los alrededores encontraban al labrar la tierra o encontraban en sus paseos campestres. Muchas de las piedras que componían estas paredejas o ruinas se utilizaron para delimitar parcelas de la región. Incluidas las de la previsible muralla, de la que no quedan vestigios.

Hallazgos exóticos en las Paredejas

En Las Paredejas o en sus cercanías se ha encontrado una estatuilla de Astarté, diosa fenicia que puede dar alguna pista sobre las creencias religiosas de los habitantes de este poblado o simplemente la prueba del contacto con los colonizadores fenicios del sur de la península. También se han hallado pequeños frasquitos para perfumes, conocidos como aryballos, fabricados en pasta vítrea y decorados con hilos de vidrio en colores vistosos, objetos procedentes del mundo chipriota, y que llegaron hasta aquí desde Extremadura en un flujo comercial de artículos exóticos y de lujo. Este tipo de objetos fue utilizado por las elites para diferenciarse cada vez más del resto de la población, una jerarquización social que desemboca en la etapa vettona del asentamiento, en el que se construyen costosas fortificaciones para hacer frente a momentos de inestabilidad.

 

Extraido de Tierra de vettones, trabajo inédito de Diego Salvador

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