Características de los celtas hispanos

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Características de los celtas hispanos

Características de los celtas hispanos. La guerra

Nos ha parecido pertinente introducir un acercamiento a los pueblos celtas peninsulares, un resumen de las principales características de los celtas hispanos, quienes eran y cual es su origen en el suelo peninsular. No en vano, los vettones, pero también los carpetanos, con sus diferentes matices, son deudores de su cultura y etnia.

Aunque tradicionalmente se ha considerado el solar originario de los celtas la Europa Central, desde donde se habrían expandido por Europa occidental, llegando incluso a Galicia y al norte de Italia, realmente no conocemos o conocemos poco sobre tan legendario “pueblo” (mejor, grupos de pueblos) antes de la Edad del Hierro. Ejercen sobre nosotros la fascinación de lo misterioso, de lo desconocido, que se tergiversa con mitos y leyendas sobre un pueblo fabuloso que vivió y desarrolló una supuesta Edad de Oro. Pero no sabemos exactamente cómo y cuándo llegaron a la Península Ibérica, la zona más occidental de la expansión céltica. Aquí es donde asimilaron elementos culturales tartésicos e ibéricos, por lo que griegos y romanos les tildaron de Celtíberos, esto es, los celtas de Hispania. Así pues, enumeraremos algunas características culturales atribuibles a la cultura céltica en la Península Ibérica.

Acercamiento a la religión de los celtas

Los celtas parecen adorar a un dios sin nombre asociado a la luna llena, según Estrabón, en un ritual asociado a danzas en círculo. El culto a determinadas piedras se concreta en altares rupestres como el de Ulaca. También se documenta el culto a la luz y a la montaña, determinado por el topónimo Cand- y a las divinidades de las aguas, testimoniadas por las ofrendas de armas. Entre las divindiades relacionadas, muy antiguas, se encuentran las atestiguadas epigráficamente como Bandu-, Cosio-, Nava- o Reve-. Entre los celtas hay auténticos expertos en augurios y adivinación y entre ellos se conocen ritos de ordalías muy peculiares como introducir al culpable de parricidio en un odre junto a un perro, un gallo, una víbora y arrojado al agua (Justiniano, Institutíones IV, 18) o lindezas como arrojar desde una roca a los condenados a muerte y lapidar a los parricidas (Estrabón, III, 3,7).

El ambiente guerrero

Características de los celtas hispanos
Imagen de Bandua, el Marte indígena

Según algunos autores existe tabú en cuanto al manejo de instrumental de hierro en determinados momentos, posiblemente una costumbre ancestral que hunde sus raíces en la Edad del Bronce. La devotio de los guerreros por su jefe entra también dentro de las características culturales de los celtas. Este concepto está relacionado con hermandades de guerreros muy vinculados con su jefe a través de sólidos juramentos sagrados que se hacían en presencia de la divinidad. Este ambiente guerrero justifica los sacrificios rituales de chivos, caballos y hasta prisioneros a una divinidad guerrera que Estrabón identifica con el Ares griego, el dios de la guerra o con Marte, el homónimo romano. Entre estos ritos de carácter bélico se encuentra la costumbre de enviar heraldos cubiertos con piel de lobo[1], según atestigua Apiano, ofrecer las manos cortadas de los vencidos o la exposición de los cadáveres de muertos en combate a los buitres. Mas costumbres relacionados con el carácter guerrero de los celtas son los juegos gimnásticos, tormentos para demostrar la resistencia ante el dolor, los combates rituales y los cantos de guerra, en la “lengua de los antepasados”, según Silio Itálico.

Estrabón proporciona noticias sobre el armamento de estas gentes, que parece un poco anticuado para la Edad del Hierro y anclado en la Edad del Bronce: rodelas cóncavas sin abrazadera ni asa, corazas de lino, cascos de cuero y puñales y dardos, glebas y lanzas “con puntas de bronce” (Estrabón III, 3,6), aunque posiblemente esta descripción tan solo se refiera a un armamento ritual utilizado en ciertos momentos sagrados y que no se correspondiese con el que utilizaban en combate, más acorde con los tiempos.

La vida cotidiana

Justino (XLIV, 3, 7) nos cuenta que las mujeres trabajaban la tierra y los hombres se dedicaban a la guerra, algo bastante habitual y frecuente en las sociedades primitivas de un carácter tan bélico como nos cuentan los autores grecorromanos que eran los celtas. Los hombres también se dedicaban a otras actividades como la caza y la ganadería y las mujeres además recolectarían frutos. Vamos, nada fuera de lo normal. Otras tradiciones propias de los celtas estarían relacionadas con la hospitalidad, a pesar de la crueldad con los enemigos, según Diodoro Sículo. También realizan comidas en común, pero divididos en grupos según la edad y prestigio, como los espartanos. Usan vasos de madera, beben cerveza en lugar de vino y utilizan mantequilla en lugar de aceite, algo que les debió parecer inaudito (bárbaro, incluso) a los autores, miembros de la cultura mediterránea de la vid y el olivo como eran los griegos y los romanos. Diodoro Sículo asegura que los celtíberos se enjuagaban los dientes con orina (no sabemos si la propia de cada uno o comunitaria procedente de la propia población humana o animal). Evidentemente, en esta sociedad arcaica, la tierra es colectiva y castigaban con la muerte a todo aquel que ocultase algo en su beneficio.

El ajuar de sus tumbas, indica una fuerte jerarquización social. Sólo las tumbas más ricas contienen una panoplia de armas completa. El armamento céltico hispano es diferente al céltico centroeurpeo, debido a las influencias tartésicas, ibéricas, fenicias, cartaginesas  y griegas en la cultura material de nuestros celtas.

La lengua celta

La lengua celta, o mejor los diferentes dialectos celtas hablados en la Península, son bastante arcaicos dentro del grupo indoeuropeo occidental.

La organización gentilicia

La organización gentilicia es otra de las características de los celtas hispanos, una organización social que se superpone al sistema social protocéltico anterior. La aparición en epigrafías romanas de genitivos en plural indica la filiación, y delimita el área céltica: “Monis, hijo de Allonis, del clan de los Bocouricanos” (nombre de pila + filiación + gens).

Otras características

Características de los celtas hispanos. Tesera de hospitalidad en forma de manos entrelazadas
Tesera de hospitalidad en forma de manos entrelazadas

Los topónimos en –briga, los antropónimos y topónimos en Seg-, las teseras que contiene pactos de hospitalidad y la divinidad Lug, más “moderna” que los viejos dioses indoeuopeos Bandu, Navia, etec, son también características de los celtas hispanos. Para algunos autores, estas peculiaridades serían más propias de los celtíberos, los keltiberoi de las fuentes, los que habitaron la Celtiberia estricta (tierras de Soria, Guadalajara, Valle del Ebro, en resumen, las tierras altas del Sistema Ibérico y de la Meseta Oriental), cuya expansión cultural provocaría un proceso de “celtización” de amplias zonas peninsulares inodeuropeas, de la que no se librarían los vettones, y en menor medida, los carpetanos, más iberizados.

En fin, se podría resumir que la presencia de celtas en Hispania, según Almagro-Gorbea se explica a través de un prolongado proceso de celtización sobre un substrato local muy antiguo similar al de los celtas documentados en las fuentes. Según este autor, fue un proceso más cultural que étnico, que no debe conllevar forzosamente la presencia de gentes ajenas al propio susbtrato peninsular, o si existe aporte étnico foráneo, éste se daría en escaso número. Llegan antes las ideas que los hombres. El proceso de aculturación céltica tiene más trascendencia cultural que los grandes movimientos étnicos. Pero además cada región tuvo un diferente grado de celtización cuando Roma asoma su ganchuda nariz por estas tierras. Los vettones están más celtizados que los lusitanos, donde perviven en mayor medida características protocélticas. Como dije antes, los carpetanos tendrían un elevado porcentaje de iberismo en su cultura.

[1] El lobo en la mitología indoeuropea era el animal del Más Allá, relacionado con la noche y la muerte, del mundo funerario y de fiatrías de guerreros, como los Lupercales de Roma, según Alföldi.

Extraido de Tierra de vettones, trabajo inédito de Diego Salvador

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