Baños públicos en el Madrid musulmán

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Los baños, imprescindibles en toda ciudad andalusí que se precie, como en su momento lo habían sido en las ciudades romanas, debieron ubicarse junto a la mezquita. Es bastante posible que la fuente de agua que alimentaba tan placentero espacio público acariciase el cercano arroyo de Tenerías. En las excavaciones de la Cuesta de la Vega, que tanta información sobre la vida cotidiana del Maŷrit islámico ha proporcionado, se documentó un cauce subterráneo perpendicular a la muralla, donde desembocaba. El manadero debió encontrarse muy próximo a la mezquita aljama, posteriormente iglesia de Santa María de la Almudena. Los baños solían ubicarse próximos a las mezquitas por motivos religiosos: antes de la oración, el creyente se purificaba, y cuanto más cerca del lugar de la oración se encontrase, mejor que mejor. Pero los baños no sólo eran un centro de purificación. Como en época romana, también eran un poderoso centro de atracción social, como lo son actualmente los bares, donde la gente charlaba, se ponía al día, ponía verdes a los demás, se cotilleaba sobre los vecinos o la familia y en general se pasaba el rato. Y como la religión recela hipócritamente del sexo, de la atracción sexual entre hombres y mujeres (de los demás tipos de atracción sexual no hablamos, pero sin duda debieron de existir, pues son tan viejos como el hombre como género y especie), existió separación sexual: hombres por la mañana y mujeres por la tarde. Que no quede por los alfaquíes: en los baños no se mantienen relaciones sexuales, o por lo menos, intentamos impedirlas de facto o ponemos impedimentos. Al menos entre personas de distintos sexos. La estricta moral que preconizaban los doctores de la religión favorecía la separación entre sexos, pues consideraban que este tipo de establecimientos fomentaba los contactos sexuales, versión hetero. Lo que no quisieron darse cuenta es que también promovían las relaciones homosexuales, que seguro que se dieron. ¿Es que todas las relaciones humanas les parecieron impuras a estos señores? Al fin y al cabo, en este aspecto, entre las religiones monoteístas, ésas que se denominan “del Libro”, no hay tantas diferencias, porque las similares hipocresías parecen heredadas de una misma fuente. Al fin y al cabo, las religiones del Libro incluyen normas sociales de conducta. Como todas.

Los baños árabes parecen basarse, como decía antes de irme por las castrufas, en sus homónimos romanos. En un vestíbulo el cliente se desvestía y dejaba la ropa. Luego pasaba por habitaciones que incorporaban albercas con agua fría, templada y caliente. En el Madrid actual hay huellas de la existencia de los viejos baños árabes. En la calle de Atocha 14, existe un establecimiento denominado muy a propósito Hamman Al-Andalus Madrid, construido sobre un aljibe centenario, que aunque no sea de época musulmana, evoca en esta zona tan cercana a los viejos arrabales islámicos de Maŷrit, la mejor forma de combatir el actual stress. Hamman Al-Andalus ofrece un ciclo hídrico que quiere recordar el de la vieja ciudad andalusí que fue Madrid: relajación en la sala caliente, estimulación en la fría, contrastes térmicos que permiten mejorar la salud mental y física del afortunado que posee el tiempo y el dinero necesarios para disfrutar de este placer sensual. Y afortunado también quien conoce el lugar, que no todo el mundo es capaz de hacerlo. En la sala templada, los clientes se reúnen, como lo hacían antaño nuestros ancestros islámicos, para charlar de política, negocios, fútbol, chismes o chismorreos, de manera relajada, en una placentera actividad que podía prolongarse durante horas. En la sala de vapor termina de prepararse la dermis para un tratamiento de masaje, aderezado con productos aromáticos basados en plantas como la rosa, lavanda o la violeta, algunos de ellos de origen islámico oriental.

Banyos arabes de Ronda 1
Restos bien conservados de los baños árabes de Ronda. Los de Maŷrit tenían un aspecto similar (Fotografía del autor)

La arquitectura de Hamman Al-Andalus quiere recrear la de los antiguos hamman, listos para recibir los más exquisitos tratamientos basados en la hidroterapia. Un espacio para renovar cuerpo y mente. Una huella más de la presencia islámica en nuestra ciudad, actualizada convenientemente a la mentalidad del hombre del siglo XXI, que ha variado de forma sustancial desde los tiempos de Maricastaña.

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