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Revista de Prehistoria
 

EL MITO DE LOS CAZADORES

 

Dentro de lo que se conoce como Arte Mueble paleolítico, es decir el arte que las sociedades depredadoras desarrollan en objetos susceptibles de ser transportados (placas óseas, de piedra, de arcilla, bastones de madera, hueso...), destacan elementos que contienen seres antropomorfos, de apariencia humana, que persiguen o acosan a otros personajes, que sin duda son animales. Dentro de esos acosadores, en ocasiones es prácticamente distinguir si en realidad se trata de representaciones de seres humanos, aunque algunos, aunque se representan "bestializados", es decir, en forma de animal, son claramente bípedos e itifálicos (personajes con el falo erecto).

¿Son representaciones de seres humanos con pieles de animales encima para facilitar el acercamiento a otros animales sin despertar las sospechas de éstos?¿chamanes?

De aquí parte el "mito de los cazadores", sobre todo de bovinos (pero no exclusivamente), un cuento desarrollado en piezas de arte mueble, descubierto en objetos de yacimientos como Raymonden, Château des Eyzies, Bruniquel, o Isturitz. El mito descrito consiste en un bisonte/uro que se distingue claramente entre siluetas humanoides muy simples, que en ocasiones llevan en el hombro un instrumento alargado (¿una lanza?). En concreto, en una placa ósea descubierta en Raymonden, podemos observar incluso un bisonte descuartizado, con dos patas cortadas delante de la cabeza, y partiendo de ésta, una línea en forma de rama, que muy bien podría corresponder a la columna vertebral del animal. Los restos del animal (¿cazado?¿sacrificado?) estarían rodeados de figuras supuestamente antropomorfas, algunas de ellas muy dudosas.

En el hueso encontrado en el Abrigo del Château des Eyzies, se desarrolló una imagen que los investigadores también han atribuido al mismo mito de cazadores, ya que junto al bisonte, que también parece desmembrado, aparecen seres alineados que semejan los antropomorfos de Raymonden, aunque algunos autores ven elementos vegetales del paisaje. En ocasiones, el animal está completo, como el que aparece junto a tres personajes, en la decoración en bajorrelieve de un bastón encontrado en el yacimiento de La Vache. En una pieza ósea hallada en Laugerie-Basse, una figura humana, persigue o sigue reptando muy cerca a un bisonte. Fuera del arte mueble, en una composición parietal de Lascaux, aparece un bisonte, que parece herido por una azagaya, y que embiste a un antropomorfo masculino, un personaje itifálico, donde destaca el falo enhiesto.

Pero dentro del "mito de los cazadores", no solamente aparecen como víctimas de las figuras antropomorfas los bisontes y los uros, pues también han aparecido imágenes de équidos, en algunos objetos, eso sí, en menor cantidad que los bisontes y los uros. De nuevo aparece en La Vache un ejemplar, en este caso un tubo óseo decorado con un caballo, un un pez y varias siluetas presumiblemente humanas. O las cabezas de caballo de la cueva de La Madeleine, junto a personajes humanos con un instrumento serpentiforme al hombro, Incluso aparecen osos y personajes humanoides que intentan abatirles, en una plaqueta en Péchialet y un rodete de Mas-d'Azil.

 

Sin duda, la repetición de este tipo de escenas en lugares muy diferentes indica que debe tratarse de algún mito y de un ritual común a las poblaciones paleolíticas, que se pierde en la noche de los tiempos y quizás inicialmente elaborado de forma muy simple en las comunidades de homínidos antes de dar el gran salto fuera de su hábitat original africano. Por primera vez en la Historia del Arte y las Religiones queda reflejado este tema iniciático del encuentro o enfrentamiento del hombre y la bestia (bisontes, uros, caballos, osos...), que incluso subsiste actualmente en poblaciones primitivas cazadoras del Ártico y América del Norte. Para estas sociedades concretas se trata del encuentro iniciático del hombre y el oso. El oso representa un espíritu superior o entidad sobrenatural, ligado al chamán. Los mitos nos hablan que tiene oculto al fuego, al sol, por lo que es causante del frío del invierno. Corresponde al chamán o al pájaro relacionado con él recuperar el fuego del sol. Uno de los atributos principales del chamán es la búsqueda de la luz. El chamán es el encargado de robar la luz del sol perdida en las profundidades del inframundo y oculta por el espíritu o divinidad de la noche. El chamán en estos relatos adquiere la forma de un pájaro, tal y como vemos en el arte paleolítico.

El personaje-chamán, la figura antropomorfa, el héroe, logra robar el fuego y lo devuelve a la humanidad (recordando el mito griego de Prometeo). Es una alusión a la eterna dialéctica luz/oscuridad, en la que la figura del oso, bisonte o cualquiera de las representaciones animales corresponden a la noche, a la falta de luz. En el arte paleolítico podemos observar relaciones entre el motivo del pájaro, el bisonte y el oso. Por eso en muchas ocasiones, el antropomorfo tiene aspecto de pájaro, o al menos lo podemos confundir con un ave. Es muy probable que estas escenas pudieran llevar asociadas una acción de caza o o de sacrificio.

Es posible que los hechos narrados fuesen escenificados de manera ritual por el chamán en los santuarios, quien reproduciría ideas míticas extendidas a toda la Humanidad, y base de un ideario primordial común. Las acciones de la caza estarían relacionadas con ideas “trascendentes” procedentes de la noche de los tiempos cuando el hombre comenzaba a ser hombre, y que expresarían temas maniqueos opuestos, que expresarían la alternancia y oposición de conceptos contrarios, como el sol y la luna, la luz y oscuridad, o la vida y la muerte, base de la explicación de la propia existencia.

 

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