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EL VERANO DEL AMOR

Se conoce como el "Verano del amor" a la loca y estrambótica estación estival de 1967 que transcurrió principalmente en el barrio de Haight-Ashbury, en San Francisco, y transformó la vida cultural de este país.

Gafas redondas a lo John Lennon, flores en el pelo, colores chillones, el símbolo de la paz y, sobre todo, la figura del hippie bailando en el Golden Gate Park, se encuentran entre los símbolos que se quedaron grabados para siempre en el colectivo estadounidense tras este extraño verano.

Los jóvenes acudieron atraídos por la publicidad originada tras el 'Human Be-In', un evento en el parque en enero de ese año en el que participaron bandas de rock como Jefferson Airplane y poetas 'beatnik' como Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti o Timothy Leary. En la primera mitad de 1967, los grandes medios estadounidenses comenzaron a difundir su versión de lo que se vivía en San Francisco: comunas juveniles consagradas a la protesta, la vaguería y, el amor libre. Extraordinario reclamo, mejor no pudo ser. Semanas antes del fin del curso escolar de 1967, cuando más de 100.000 jóvenes de todo el país (los "Niños de las Flores", hippies vocacionales que andaban descalzos, con ropa de segunda mano) acudieron en peregrinación a San Francisco para participar en el "circo psicodélico" de Haight-Ashbury.

El Verano del Amor tuvo incluso sus jingles publicitarios. John Pillips, de The Mamas and The Papas pregonaba a los cuatro vientos: "Si vas a San Francisco, / asegúrate de que llevas flores en el pelo". Y Scott McKenzie hizo de su canción San Francisco ("If you're going to San Francisco, be sure to wear some flowers in your hair... If you're going to San Francisco, Summertime will be a love-in there") un éxito mundial que irritó a los protagonistas: Phillips y McKenzie venían de Los Ángeles y, con mentalidad comercial, se habían quedado en lo superficial. Los hippies eran más profundos, ¡qué caramba!. No todo se reducía a los petardos de cannabis y al LSD, a las flores en el pelo y al baile que realizaban como poseídos...Tenía que haber algo más.

Para las autoridades de San Francisco, bien pensantes ellos, fue una pesadilla. Los participantes se habían entregado a un prodigioso experimento social. De The Mime Troupe, alborotador grupo de teatro callejero, surgieron The Diggers, pillos filántropos que montaron The Free Store -una tienda donde todo era gratis- y que distribuían comida en el parque de Golden Gate.

El rock de San Francisco pudo desarrollarse sin intromisión de discográficas y managers. Cuando llamó la atención de la industria, en Monterrey, ya exhibía una estética consolidada: partes instrumentales inacabables, y reflejaba las preocupaciones de su comunidad. Usaban nombres pintorescos: Jefferson Airplane, Grateful Dead, Big Brother & the Holding Company (con Janis Joplin), Quicksilver Messenger Service, Sly & The Family Stone. Se anunciaban con maravillosos carteles que reciclaban los hallazgos del art nouveau.

San Francisco atrajo a personalidades de lo que ya se empezaba a llamar contracultura: desde Timothy Leary, el profeta del ácido, a George Harrison, el beatle "colgao". Muchos escritores participaron activamente, como Allen Ginsberg, Michael McClure, Richard Brautigan o Ken Kesey.

En una suave mezcla de ingenuidad y rebeldía, los hippies reinventaron la vieja bohemia decimonónica y reclamaron, parsimoniosos y drogados ellos, la cara presentable del ser humano: el amor, la solidaridad, el compromiso, la libertad, la creatividad, el arte, convirtiéndola en una filosofía. Una utopía en los tiempos que corrían y que aún corren.

Los niños de las flores eran objeto de la curiosidad: los turistas recorrían Haight-Ashbury en autobuses como si aquello fuese el zoo; finalmente, los hippies respondieron a las cámaras fotográficas con espejos y gritos de "conócete a ti mismo". No estaba mal aquello, pero avanzó el verano y el barrio se degradó: violencia, drogas peligrosas, epidemias, cuelgues, mendicidad, menores fugitivos. La masa humana pasada de vueltas...

La experiencia duró poco, devorada por la cultura dominante, la edad y el acomodo, pero dejó marcadas para siempre muchas esferas de la vida cultural y social estadounidense: la música pop, el arte y la moda, las relaciones humanas, la sexualidad, la diversidad racial y étnica o la actitud hacia las drogas. Los aspectos básicos de la llamada contracultura hippie quedaron anclados en la clase media: la música, la ropa, el movimiento contra la guerra, en una época en la que el número de tropas estadounidenses en la guerra de Vietnam no paraba de crecer. Por fin las mentes "bien pensantes" de San Francisco pudieron respirar cuando aquellos visitantes desaparecieron con el comienzo del curso académico. Había pasado unas vacaciones distintas lejos de la férula de papá y mamá, incapaces de comprender que algo se movía allá fuera.

Sexo, drogas y rock´n´roll eran las nuevas señas de identidad. En aquel momento la droga de moda fue el LSD, un derivado del cornezuelo del centeno, el ácido lisérgico.

El fin del "Verano del amor" se produjo en octubre de 1967, cuando un grupo local de Frisco organizó la procesión funeraria, a modo de nuestro entierro de la sardina cañí, "The Death of the Hippie" en Haight-Ashbury. El «speed» sustituyó al LSD y el lugar de los hippies despreocupados y alegres que abarrotaban Haight-Ashbury lo ocuparon vagabundos pidiendo dinero.

 
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