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EL SISTEMA ELECTORAL EN ESPAÑA

El sistema electoral que se inventaron los políticos que obraron el "milagro" de la Transición es desproporcional, impone el bipartidismo, fomenta la polarización y hace casi imposible que surja un tercer partido moderador. Los nacionalistas quedan como única alternativa para pactar. Oscar Alzaga, uno de los inventores de la criatura ya comentó en su día que "El sistema electoral español es infinitamente más original de lo que parece a primera vista, y es bastante maquiavélico".

Aunque la Constitución habla de "representación proporcional", el desatino de las desproporciones en los resultados es famoso en el mundo entero. Muchos politólogos lo consideran "mayoritario atenuado": no garantiza una proporción entre votos y escaños, ni guarda el orden en el que los votantes colocan a los partidos, puesto que una formación con menos votos que otra puede conseguir más escaños.

El "sistema electoral español" es un invento puramente verbal que no se corresponde con una realidad, ya que existen en el Estado español 52 sistemas electorales: uno por provincia más Ceuta y Melilla. Los sistemas en los que se eligen muchos escaños son proporcionales. Los sistemas en los que se eligen 3, 4 o 5 escaños, como el español, no. Muchos politólogos consideran que éstos tienen efectos "mayoritarios", pero más que efectos mayoritarios, producen efectos "distorsionantes". Un sistema de este calibre distorsiona primero el propio voto de muchos ciudadanos, muchos de los cuales se deciden por el llamado voto útil: votar a los partidos mayoritarios, aquellos que tienen opciones de vencer. Y distorsiona los resultados. Porque el reparto de escaños va a ser prácticamente siempre de 2 a 1 -aunque el partido vencedor lo sea sólo por un voto- y porque todos los votos a terceros partidos se quedan sin representación.

En España se utiliza la ley D'hondt, sistema de cálculo proporcional en cada circunscripción que excluye primero a las candidaturas que no hayan obtenido, al menos, el 3% de los votos válidos emitidos. Los beneficiados son los partidos mayoritarios y los perjudicados, los pequeños. Este método se eligió para garantizar gobiernos fuertes en la precaria democracia recién adquirida, pero ha llegado el momento de modificarlo. El partido ganador concentra el poder suficiente para no tener que necesitar a los demás para imponer sus iniciativas. El rodillo socialista en 1982 y el popular en 2011 son claros ejemplos de lo contraproducente de este sistema. En 2012, cuando escribo estas líneas, IU y UPyD son los grandes perjudicados, puesto que si bien ambas, concentran muchos votos en el conjunto del país, al atribuirse los escaños por circunscripciones provinciales, no una única circunscripicón nacional, esos apoyos se dispersan. Si se contabilizasen esos votos a nivel estatal, ambos partidos tendrían una representación en el Congreso muy superior, y podrían ser capaces de oponerse a los partidos mayoritarios, y obligar en fin, a una representación más verdaderamente democrática. Pero no consiguen en la mayoría de las provincias el porcentaje mínimo de representación que les da derecho a obtener un diputado. Y esto es lo que les interesa a PP y PSOE, que en cada proceso electoral ya se encargan de repetir hasta la saciedad a los electores que lo suyo es el "voto útil" ante la evidencia de que votar a opciones minoritarias en muchas circunscripciones tiene escasa o nula repercusión en los resultados. Mientras, otros partidos que concentran sus votos en pocas circunscripciones (los nacionalistas) consiguen más representación pese a tener menos votos en el conjunto del país.

El 62% de los españoles votan en circunscripciones de 10 escaños o menos, por lo que saben que si su primera preferencia no supera aproximadamente el 10% de los votos, su voto será electoralmente inútil. Entonces ejercen lo que se llama el voto útil, a instancias de los voceros de los dos grandes partidosl. Por ejemplo, muchos votantes de izquierda quisiesen votar a Izquierda Unida, pero saben que es un voto perdido, por lo que su opción suele ser el voto al PSOE, el voto útil. Se crea un sistema bipartidista, donde a nivel estatal, únicamente PP y PSOE tienen opciones reales de vencer en unos comicios, o los nacionalistas en las comunidades donde se presentan. Y por ello ni PP ni PSOE desean de ninguna manera que se cambie el sistema electoral que les permite mantener opciones de poder político y financiero en todo momento. Por encima de los partidos está "La ley y el Estado de Derecho", pero ambos, junto con la propia Constitución, son creaciones suyas, de los partidos quiero decir. Y claro, nadie tira piedras contra su propio tejado.

Las provincias más pequeñas eligen más escaños de los debidos, disfrutando así de un poder de voto mayor. En Soria, un escaño vale 20000 votos, en Madrid, 100000. Tenemos así dos escalas que corren paralelas pero en sentido contrario. La primera nos divide en 52 grupos de acuerdo a nuestra mayor o menor proporcionalidad (sistemas electorales diferentes). La segunda nos divide en otros tantos grupos de acuerdo a nuestro mayor o menor poder de voto (sufragio desigual). En Teruel bastan 25.000 votos para alcanzar un escaño, pero esos votos significan un 33% de los votantes turolenses y por tanto sólo el PP y el PSOE pueden permitirse tales escaños de saldo. En Madrid un 3% de los votos suponen 3 escaños, pero es que eso equivale nada menos que a 300.000 votantes.

Se impone el bipartidismo y se fomenta la polarización, siendo casi imposible que surja un partido de centro (mejor, bisagra) que pueda ejercer un factor moderador. Si no existe mayoría absoluta en el Congreso, lo único que se puede hacer es pactar con los nacionalistas, ávidos de su pequeña cuota de poder a nivel estatal. El divorcio entre la clase política y sus votantes es total. Los políticos no conocen la realidad de la calle, o les importa bien poco, pues bien aposentados que están con todas las prebendas que obtienen en su poltrona a nivel local, autonómico o estatal. Ese sistema corrupto que han ido perfeccionando a lo largo de los últimos treinta años, me recuerda mucho a la corrupción del sistema canovista, y por eso califico al sistema actual de "neocaciquista". Es más, muchas de las familias caciquiles de finales del siglo XIX y primer cuarto del XX (el sistema político de la Restauración), continúan en sus puestos. Un ejemplo muy claro es Andrea Fabra (famosa por su grito "¡Que se jodan!") y su padre, el del aeropuerto de Castellón, caciques castellonenses "de toda la vida".

En fin, la proporcionalidad electoral pura se alimenta teóricamente de los siguientes axiomas: a los electores les garantiza libertad e igualdad de voto, a los resultados, justicia. Las cúpulas de los grandes partidos han torpedeado una y otra vez estos tres valores que deberían ser sacrosantos.

En España estamos ante un sistema democrático imperfecto, y más lejos aún: podrido. Se impone una regeneración estructural del sistema político. Está por ver quien tiene bemoles para, desde dentro, ponerlo todo patas arriba. A veces, cuando me pongo a pensar en todas estas cosas, me viene a la mente la famosa frase de Franco: "Cuando yo falte, toda ha quedado atado y bien atado". Me parece que no le faltaba razón.

¿Y las posibles soluciones?

Como las elecciones, legislativas, autonómicas y municipales, son las únicas vías de participación efectiva que tienen los ciudadanos en cuestiones de gobierno, estamos completamente a merced de los partidos políticos. Por ello, es necesario modificar la Constitución (si se quiere cambiar desde dentro el sistema injusto que está acabando con la clase media a partir de la corrupción generalizada de que hace gala nuestra clase política) para que los representantes de la soberanía popular sean elegidos por circunscripciones correspondientes a su ámbito de competencia, de modo que representen con fidelidad el apoyo que cada opción política tiene en conjunto sin importar dónde se vote. Así, los Diputados deberían elegirse por circunscripción nacional, no por circunscripciones provinciales, en cuanto representantes del conjunto de los españoles.

Además sería necesario modificar el artículo 163 de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General, para eliminar el injusto límite del 3% de los votos que necesita cualquier candidatura para ser contabilizada. También sería recomendable, modificar el sistema de asignación de escaños descrito en el mencionado artículo por otro de mayor proporcionalidad, como el Cociente Droop. Sólo una gigantesca protesta ciudadana, continuada y eficaz, sería capaz de obligar a nuestros políticos a modificar el sistema, como en la Transición, cuando Adolfo Suárez y otros visionarios, procedentes del franquismo, percibieron que si no viraban de rumbo (al menos superficialmente), se les acababa el chollo. Y creo que ahora la opinión pública en la calle, con la lastimosa situación económica que vivimos y ante las penurias a las que nos conducen los recortes provocados por la gestión de los recursos del país, es la adecuada para obligar a ceder a las elites, al menos una parte de su enorme cuota de poder. Y las nuevas tecnologías ayudan a ello.

 
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