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DIVORCIO DE TERCIOPELO

El 1 de Enero de 1993, cuatro años después de la Revolución de Terciopelo que derribó el régimen comunista, la división de Checoslovaquia en dos países fue conocida como un "divorcio de terciopelo", es decir, una ruptura lo más exenta posible de conflicto, pacífica y amistosa. Nada que ver con los hechos acaecidos en otros países de la Europa del Este, donde las revoluciones y rupturas se saldaron en algunos casos estallidos de gran violencia y de odios interétnicos. Los países resultantes de la división fueron la República Checa, cuya capital es Praga, y Eslovaquia, con capital en Bratislava.

Con anterioridad a la separación, la economía checoslovaca se presentaba como una de las más sólidas de Europa Oriental, caracterizada principalmente por el alto nivel cultural y preparación técnica de su población.

Al derrumbarse la centralizada economía comunista, los problemas de urgente solución en la economía checoslovaca, eran la inflación y la obtención de inversiones foráneas, que pudieran financiar el proceso de privatización iniciado. El proceso de ajuste de la economía checoslovaca, se llevó a cabo principalmente durante el año 1991, y tuvo como consecuencia inmediata una profunda recesión durante ese año y parte del siguiente, puesto que implantación de nuevas formas económicas implicaron profundas transformaciones socioeconómicas.

La transición política en Checoslovaquia aparece como una consecuencia de la caída del régimen autoritario. Sin embargo no fue resultado del fin de una historia de dominación y deseos de independencia no satisfechos. En el desmantelamiento de este Estado federal, las decisiones políticas y los intereses económicos tuvieron un destacado papel. Eslovaquia era reacia a abandonar parte de su industria pública, el grueso de su economía regional. Bohemia y Moravia, las regiones de la futura República Checa, deseaban experimentar con la idea del libre mercado.

Evidentemente, los nacionalismos checo y eslovaco jugaron un papel preponderante, pero no el único, en el desarrollo del "divorcio de terciopelo". Las pautas culturales de ambas repúblicas son claramente diferenciadas. La sociedad eslovaca posee un fuerte tradicionalismo cultural, unVaclav Havel menor desarrollo de las pautas democráticas, un fuerte sentimiento colectivo (en contraposición al individualismo), y un atrasado proceso de industrialización y urbanización (comparado con su vecina República Checa). Además, la unión en una estructura federal común, fue visualizada por los sectores nacionalistas, como un intento de asimilación por parte de los checos. Estas pautas llevaron a que la sociedad eslovaca, que inicialmente compartía la euforia y las grandes expectativas que se levantaron durante el proceso electivo de junio de 1990, fuera gradualmente reemplazando esas expectativas por descontento e inseguridad, en cuanto al rumbo que debían seguir las reformas estructurales. Inseguridad en cuanto al éxito de las reformas económicas, debido a la debilidad de su estructura económica, dependiente de la industria pública heredada del período comunista.

El deterioro económico llevó a que emergiera con fuerza interpretaciones populistas de las reformas que debían llevarse a cabo, preponderara un sentimiento de rechazo a las reformas federales, aflorase a la superficie la percepción, simplista hasta cierto punto, de que los checos explotaban a los eslovacos. Pero finalmente, fue la inexistencia de fidelidad hacia la organización del sistema, el descontento en la asignación de recursos (de todo tipo), la falta de un factor externo a la elite que la vinculara y la carencia de valores comunes, precipitaron los acontecimientos hacia una salida pacífica, legal, pero extrema: la ruptura.

En 1990 ya hubo un gran enfrentamiento acerca del nombre que habría de darse al nuevo Estado. Los diputados eslovacos rechazaron la propuesta del presidente Havel sobre volver al nombre de República Checoslovaca. Sólo tras largas negociaciones fue aceptada la variante República Federativa Checa y Eslovaca.

En los primeros días de junio de 1992, se celebraron elecciones al Parlamento, resultando triunfantes paVaklav Klausrtidos de perfil local. En la República Checa, el triunfo fue para el Partido Cívico Democrático (PCD), encabezado por Vaclav Klaus, de tendencia liberal (derecha), y en la República Eslovaca, el triunfo fue para el Movimiento de Eslovaquia Democrática (MED), de tendencia nacionalista de izquierda, con Vladimir Meciar a la cabeza. Cada uno de ellos fue elegido Primer Ministro de su respectiva república.

La creciente independencia de la Federación significaba su alejamiento mutuo. El Estado comenzó a separarse progresivamente de forma irreversible. Los eslovacos pedían un cambio en las relaciones entre ambas naciones, sobre la base de una confederación o la independencia de Eslovaquia. La población checa rechazaba la idea de la unificación confederativa, sin embargo, reconocía el hecho de que no podía obstaculizarse al pueblo eslovaco su camino hacia la soberanía nacional. Los resultados contradictorios en la República Checa y la Eslovaca en las segundas elecciones de 1992 reflejaron la orientación distinta de la mayor parte de las instancias políticas de ambas naciones y contribuyeron a la decisión sobre el futuro del estado común. Bajo esta situación, no se pudo constituir uVladimir Meciarn parlamento que funcionara ni un gobierno capaz de actividad.

En agosto de 1992, en la ciudad morava de Brno, Váklav Klaus, el líder checo, y VIadimir Meciar, el eslovaco, llegaron al acuerdo de que Checoslovaquia desaparecería el 1 de enero de 1993 y en su lugar nacerían dos Estados totalmente independientes. Ambos dirigentes, ya habían alcanzado el 22 de julio un acuerdo sobre la desaparición de la federación checoslovaca. El 25 de noviembre se tomó la decisión sobre el fin de Checoslovaquia en la Asamblea Federal y el 16 de diciembre del mismo año el Consejo Nacional Checo aprobó la constitución del estado checo independiente. La división transcurrió de forma tranquila y digna, constituyéndose dos estados diferentes y autónomos.


 

 
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