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LA AVENTURA DEL PEREJIL

Perejil es un islote de apenas 1,5 kilómetros cuadrados con muy poca riqueza floral y animal y completamente deshabitado. Pero tiene un gran interés estratégico. El conflicto por el islote de Perejil, que duró diez días, ha sido el último eslabón de una larga cadena de desencuentros y desavenencias entre España y Marruecos, condenados a llevarse bien.

El 11 de julio de 2002, un día después de que José María Aznar modificara su Gobierno, y en medio de la exaltación de unos festejos reales -la boda del Rey Mohamed VI-, Rabat decide enviar a seis gendarmes para ocupar un islote cuya soberanía discuten los dos países.

España inicia el cauce diplomático con Marruecos para devolver el ya famoso 'statu quo' al islote y piden la retirada de los militares alauitas para empezar a negociar. La recién estrenada ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio , se enfrenta a su primer contencioso.

Tras una semana de tensión, España decide recuperar Perejil y envía un cuerpo de élite para capturar a los gendarmes marroquíes y colocar la bandera española en la roca. Marruecos responde cerrando los pasos fronterizos y califica la acción de "agresión fragrante" y de "declaración de guerra".

Por fin, EEUU trata de mediar para lograr un acuerdo y la OTAN y la Unión Europea se posicionan a favor de España pero le piden precaución y mano derecha en sus negociaciones. Rabat pide una isla vacía como condición para seguir negociando, algo a lo que la ministra Palacio responde diciendo que "nos retiraremos cuando garanticen la vuelta al 'statu quo'". El presidente Aznar , consciente de la necesidad de apaciguar los ánimos, insta al diálogo para volver a la situación anterior al 11 de julio y disipar "tensiones innecesarias".

La mediación estadounidense, a través de su secretario de Estado, Colin Powell, que se entrevista con las partes implicadas, da sus frutos el sábado 20 de julio, nueve días después de que Rabat decidiera ocupar el peñasco.

España y Marruecos llegan a un acuerdo para volver al 'statu quo' del islote y los legionarios españoles que se habían apostado en Perejil abandonan la isla ese mismo sábado.

Los ministros de Exteriores de España y Marruecos, Palacio y Benaissa se reunieron en Rabat para plasmar por escrito el entendimiento y de paso, tratar temas comunes y analizar la situación diplomática pasada, presente y futura de dos los países.

Estos son los hechos que hemos conocido en la mayor parte de los medios de comunicación, pero.

. la crisis entre el Estado español y Marruecos oculta un asunto de negocios. Posibles yacimientos de petróleo en el Mediterráneo que se sitúan en costas españolas y marroquíes. Pero el asunto todavía va a más, se extiende al Atlántico en la zona de las Islas Canarias, e incluso en la zona desértica del Sahara.

La crisis diplomática hispano-marroquí se disfrazó de conflicto territorial. Pero parece que la verdadera razón y causa del conflicto son las exploraciones petrolíferas. Existen altas posibilidades de encontrar petróleo en la zona norte de Africa y al sur del Estado español que incluye las aguas que circundan Ceuta, Melilla, el Peñón de Alhucemas e incluso la isla de Alborán, situada a 29 millas al norte de Melilla y 65 al sur de Almería. Pero su importancia radica en el caso de que el hallazgo de petróleo se ubicara frente a Ceuta, Melilla o Alborán, ya que Marruecos no parece reconocer aguas territoriales a estas plazas.

La historia del conflicto viene de atrás, comenzó a gestarse en marzo de 2000, cuando la petrolera estadounidense Conoco obtuvo de las autoridades marroquíes la "licencia de reconocimiento" de petróleo de sus aguas territoriales en el Mediterráneo.

El Gobierno español, en su más amplia interpretación del concepto "aguas territoriales", otorgó a la misma sociedad en octubre de 2001 cuatro permisos de investigación de hidrocarburos colindantes y situados en la parte española del mar de Alborán, frente a la costa de Marbella.

La petrolera Conoco realizó una serie de estudios previos de la zona que puedan revelar la existencia de yacimientos. Estas expectativas, si Conoco encontrase un yacimiento frente a Ceuta y Melilla, hacen soñar al Gobierno de Aznar. El conflicto con Marruecos no se detiene en el Mediterráneo, se extiende al Atlántico en las costas del Sahara y en aguas de las islas Canarias.

El Gobierno español concedió el 21 de diciembre de 2001 a Repsol una concesión para perforar frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura. La zona se ha convertido en un volcán; no ha hecho sino destapar una red de intereses ya comprometidos que significan, de hecho, la instalación estratégica de la industria petrolífera internacional frente al litoral norteafricano.

La solución al conflicto saharaui podría entonces depender de las exploraciones que realizan compañías internacionales en el área costera de la antigua colonia y en algunas zonas del interior. Diversos analistas coinciden en que Marruecos procurará dilatar la solución, al menos mientras se investiga su potencial energético.

Las petroleras implicadas en investigaciones en la zona coinciden en su diagnóstico: existe un inusitado optimismo sobre la existencia de crudo en aguas saharauis. A la autorización de España a Repsol a comienzos de esta década y los permisos de Marruecos a Kerry McGee y Total, se unió en enero de 2003 el contrato del Frente Polisario a Fusion Oil y Premier. Eso significa que, a priori, existen al menos tres agentes que participarían, junto a la ONU, en la delimitación de la frontera marítima, pendiente de una resolución descolonizadora que arrancó en 1975 con el abandono de España.

El presidente del Gobierno español desde abril de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero aprovechó la plataforma bilateral de estudios entre España y Marruecos que puso en marcha su antecesor Aznar. A ella se suma la buena relación, de la que ahora debe surgir un compromiso de «colaboración industrial» o reparto de riqueza petrolífera en la zona.

 
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