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GLOBALIZACIÓN Y RECHAZO

El concepto de globalización o mundialización se refiere al conjunto de características que definen el capitalismo de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, un fenómeno histórico que se plasma en la interdependencia económica de casi todos los países del mundo. Pero la globalización no solamente supone la profunda alteración de la economía, puesto que además de los procesos productivos y financieros, también se han hecho más interdependientes, las sociedades, las actuaciones políticas y la cultura. Conlleva, en fin, el aumento proporcional de las desigualdades entre países.

Los rasgos más notables de la economía globalizada pueden sintetizarse en los siguientes:

1) El aumento espectacular de los flujos financieros internacionales, que supera con mucho lo intercambios de bienes y servicios. En consecuencia, han aumentado las inversiones directas de capital en el exterior, lo que ha convertido a las principales Bolsas mundiales en los verdaderos centros económicos de la globalización, dentro de eso que llaman en la tele "mercados".

2) Fuerte expansión del comercio internacional, sobre todo en zonas muy concretas del mundo: EEUU, Japón, Europa y más recientemente en el extremo oriente de Asia (Corea del Sur, Malasia, Singapur, Taiwan...), incluida China, de gran crecimiento económico en los últimos años, en detrimento de las otras áreas, en crisis estructural generalizada, en diverso grado. Los demás espacios mundiales cuentan bastante poco, aunque parece producirse un surgimiento económico en áreas tradicionalmente poco dinámicas como América del Sur.

3) Los movimientos internacionales de capital han favorecido la concentración empresarial, traducida en las numerosas fusiones de empresas de los últimos años.

4) Las multinacionales son uno de los actores más activos de la globalización, que actúan evidentemente en interés propio, persiguiendo sin descanso la creación de un mercado mundial libre de regulaciones, y diversificando constantemente sus actividades globales. Son la mejor representación del capitalismo actual, que muestra ahora su rostro más descarnado, derrotado sin paliativos el viejo rival de la economía planificada, como resultado de la propia esencia del ser humano, tan egoísta, ególatra y egocentrista. La actual crisis es una maniobra del capitalismo mundial para restringir los derechos conseguidos por los trabajadores desde el final de la II Guerra Mundial.

5) Las empresas multinacionales han impuesto un nuevo modelo de organización de la producción, integrada a nivel internacional: las funciones más sencillas y que necesitan una mano de obra menos cualificada se localizan en los países subdesarrollados, mientras que las que requieren más cualificación lo hacen en los países desarrollados.

6) La globalización implica la reducción de la intervención del Estado, el adelgazamiento del Estado, como preconiza la doctrina neoliberal y como dicen los neocons.

Estas características de la Globalización transforman en títeres de los mercados a numerosos países pequeños e incluso medianos, como los del sur de Europa, que antaño vivieron el sueño de una opulencia que se nos ha venido abajo en cuanto los del norte han reclamado lo que era suyo, la enorme cantidad de capital que han soltado durante años para financiar la modernización del más atrasado sur.

La política está completamente subordinada a la economía, con lo que las relaciones sociales y sobre todo el cuidado del medio ambiente se resienten de forma dramática, pues han quedado desplazados a un segundo plano. El Estado-nación pierde todos los días una cuota de soberanía en beneficio de los poderes económicos supranacionales, de los cuales el FMI o el BCE son sólo ejemplos de los más cercanos a los españoles. Los países más poderosos dirigen estos organismos a su conveniencia, (EEUU, Alemania) y dirigen a su antojo las economías y las políticas de los países más débiles.

Ante este ataque generalizado a la sociedad mundial surge el rechazo, en forma de movimientos sociales, demonizados por los grandes poderes capitalistas (encarnados en acólitos de baja estofa, ya que ellos personalmente no se mojan), quienes los desprecian y tratan de subyugarles de diversas maneras, incluida la violencia física ejercida en ocasiones por las fuerzas públicas de sus subordinados, los Gobiernos de todos los países, que están para uso y disfrute de las clases dirigentes mundiales y globalizadas. Los llaman despectivamente movimientos antiglobalización o antisistema y los asemejan a los terroristas, en una burda comparación que sólo puede sorprender a los más desinformados, y que por desgracia, son todavía muchos. Y para tratar de desinformar más a la gente, llevan a cabo políticas educativas que disminuyen de forma alarmante los conocimientos, y no sólo eso, la capacidad de aprender a pensar por nosotros mismos, que formamos parte de la mayoría silenciosa en su etapa de aprendizaje, la niñez y la adolescencia, cuando se es más receptivo y se está en condiciones de aprehender gran parte de la información sensible que nos rodea. Por eso tratan de vendernos como magníficas política educativas que nos hacen retroceder 30 ó 40 años. Y encarecen cada día más de forma vergonzante la educación dificultando el acceso a los menos pudientes, que cada vez somos más. No podemos olvidar que la educación es un derecho constitucional, según la Carta que se sacaron de la manga un grupo heterogéneo de políticos en el inmediato postfranquismo. ¿O realmente no eran tan heterogéneos?

Para entendernos, llamaremos movimientos antiglobalización a los colectivos sensibles ante la que nos está cayendo encima, esos movimientos de diversas ideologías, o sin ideología, simplemente imbuidos de sentido común ante el monumental atraco universal que están perpetrando los poderes fácticos de diferentes sectores (que en realidad actúan en perfecta conexión y connivencia como una gigantesca máquina de guerra) contra la mayoría silenciosa. Así, los movimientos antiglobalización son un conjunto heterogéneo de fuerzas sociales y políticas que tienen en común su crítica a los postulados neoliberales, los impulsores de la globalización, que nos la han vendido como beneficiosa para todos, y que no lo parece ser tanto.

No existe una sola ideología en el rechazo al sistema capitalista, aunque los que tienen la sartén por el mango tienden a calificarlos de izquierda. Pero bajo este paraguas no parecen hallarse movimientos tradicionales de esta ideología como la socialdemocracia y el marxismo, que parecen haber sido abducidos por el mismo sistema globalizador. Los movimientos antiglobalización actúan bajo banderas como el anticapitalismo, el ecologismo, el antimilitarismo, el anarquismo, cuya actuación se basa generalmente en acciones pacíficas. Pero la desesperación y la falta de expectativas empuja a otros elementos más radicales hacia movimientos antisistema más violentos y de ideología más difusa. Por eso los poderes fácticos los asimilan a grupos terroristas, sin serlo.

La base social es muy extensa y, desde luego, los grupos radicalizados pero minoritarios son un porcentaje muy bajo, pero muy ruidoso. A mí me parece que todos los seres humanos que formamos la mayoría silenciosa del planeta, es decir, todos aquellos que no engrosamos las exquisitas clases dirigentes, vamos, la inmensa mayoría, somos en distinta medida, movimientos antoglobalización, aunque en ocasiones no seamos conscientes de ello. En España, el movimiento del 15-M parece minoritario, pero sus premisas están en la mente de una gran parte de la sociedad española, pero que no se manifiesta, por lo que el Gobierno se basa en que si poca gente expresa su descontento en público, es que no existe tal descontento. Falso. ¿A quién tratan de engañar?. Opino que la situación es tan candente, que una sola chispa encenderá una hoguera. Sólo hace falta conocer cuando se producirá ese hecho, y seguramente la situación y la conflictividad estallará con un hecho aislado y que en principio no parecerá demasiado importante.

Mientras el hastío y la desesperación de la gente continúan creciendo. Pero todo tiene un límite, un límite que puede sobrepasarse con el más nimio acontecimiento aislado y minúsculo, que puede extenderse como un reguero de pólvora. Aunque parecemos demasiado adocenados por los poderes, que nos inundan de cachivaches (Ipad, Ipod, Iphone, Smartphone, etc, etc...), que lo único que hacen es licuarnos nuestras ya maltrechas conexiones neuronales. Estamos muy adormecidos y nos cuesta estallar, pero el ambiente en la calle está más que caldeado. Ya hay manifestaciones de ese rechazo que causa pavor en algunos elementos de las clases dirigentes, que las califican de nazis, en un intento deliberado de manipulación de la opinión pública. Me refiero a los denominados "escraches".

 
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