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LA CLASE POLÍTICA ESPAÑOLA

¿Cómo es posible que tras varios años de debacle, ningún partido político sea capaz de diagnosticar el mal que padece España?¿Cómo es posible que nuestra clase dirigente sea incapaz de sacarnos de la crisis galopante que padecemos?¿Cómo es que después de cometer errores tremebundos, sean incapaces de dimitir, y no sólo eso, ni siquiera de pedir perdón, excepción hecha del Rey, y por motivos ajenos a su voluntad?¿Cómo es posible que las mejores herramientas para salir del pozo, como la educación, el apoyo a la innovación, a la I+D sea lo primero que se recorta en aras de "nuestra salvación"?

Pues parece inconcebible, pero así es: nuestros políticos no desean salir de la situación en la que nos encontramos, ya que se encuentran muy cómodos en ella, y porque significaría su fin como clase parásita y chupóptera. Con la muerte de Franco se ha generado una nueva clase política en España no exenta de los vicios que la han aquejado desde digamos, por ejemplo, la Restauración, por no remontarnos más atrás. Mantienen un sistema de captura de rentas, según César Molinas, que sostiene su interés particular como clase que nada tiene que ver con el interés general del resto de sus compatriotas, que como buena mayoría silenciosa, parece que estamos a verlas venir. Pero todo tiene un límite y quizá la gota que desborde el vaso de la explotación y del hastío general esté pronta a caer. Acemoglu y Robinson llaman a este tipo de élites, "élites extractivas", y en nuestro país han causado estragos han graves con repercusión en la ciudadanía como la burbuja inmobiliaria, el colapso de las Cajas de Ahorro, la burbuja de las energías renovables y la burbuja de las infraestructuras innecesarias. Aquí presento un panorama general de la clase que saquea España, junto a la de los financieros, con quienes forman una especie de dúo dinámico y simbiótico.

Con la mala gestión sobre procesos macroeconómicos tan importantes, han dañado la línea de flotación, y resisten a las reformas que se les pide desde Bruselas, porque atacan su propio interés. Hay una solución para acabar con este neocaciquismo (por emplear un poco imperfectamente la terminología de la Restauración borbónica), impuesto a partir de un sistema electoral proporcional que provoca que los votantes ni pinchemos ni cortemos una vez hemos depositado las papeletas en las urnas, ya que ahora, el partido político que ha ganado, se frota las manos y sólo piensa en la manera más eficaz de saquear España. Los cargos electos sólo responden ante la cúpula de su partido en vez de responder ante sus votantes. Una reforma legal que modificase el sistema proporcional en sistema electoral mayoritario sería muy positivo para nuestra putrefacta e imperfecta democracia y hasta es posible que sanease hasta cierto punto la estructura del país. Pero a ver quien es el guapo que se atreve a acometer tal reforma que va en contra de sus intereses de clase extractiva.

Pero ¡ah!, esto no fue siempre así. A la muerte de Franco, los políticos procedían unos del propio aparato del franquismo, otros del exilio de fuera y otros eran opositores legales, ilegales o alegales dentro del Estado, y no tenían intereses comunes como clase extractiva. Eso vino después. Veamos lo que hicieron estos pioneros de la recién recuperada democracia hispana, pero todos, no unos sí y otros no. Todos están implicados en el saqueo de España, en mayor o menor medida.

El caso es que estos políticos hicieron varias cosas. En primer lugar, se dieron a sí mismos un sistema electoral proporcional corregido, con listas electorales cerradas y bloqueadas, con lo que los muy cucos se aseguraban un sistema de partidos fuertes con un poder interno también fuerte, algo que venía muy bien en la incipiente y tambaleante democracia. Además, y para satisfacer las pretensiones autonomistas (era pronto para decir independentistas) de los viejos nacionalismos periféricos, además acometieron una descentralización estatal de la que nacieron, además de las autonomías "históricas", nada más y nada menos que otras 15. El supuesto peligro de desintegración del Estado español se conjuró de nuevo con la fortaleza interna de los grandes partidos nacionales. Esto es la teoría. Pero si el plan no estaba demasiado mal, su puesta en práctica fue algo peor, pues se creó así una clase política profesional que en pocos años se transformó en un auténtico lastre para el interés general, pues crearon sus intereses particulares como tal clase, y de esta postura no se libró nadie, ni los partidos titulados como obreros, que vieron como la tarta se repartía y en el reparto también se les incluía a ellos en menor medida que a la vieja clase política oligárquica y a aquella que aglutinaba entre sus votantes a la clase media de trabajadores. ¡Café para todos!

El sistema electoral proporcional, de listas cerradas y bloqueadas, donde los cargos electos sólo responden ante sus jefes de partido, ha creado un sistema monstruoso y vil donde las jóvenes generaciones de políticos no ascienden por méritos propios, sino en función de su fidelidad a los líderes, el saber arrimarse al árbol que más cobija, con el ánimo de, con el tiempo, convertirse ellos mismos en árbol, y así perpetuar tan nefasto sistema neocaciquil. Dentro de este ambiente enrarecido, sus miembros tienen poco conocimiento real de lo que verdaderamente ocurre en la calle. Un ejemplo simple es la ya legendaria respuesta del señor Rodríguez Zapatero a la pregunta del coste de un café en un bar. La política es una forma de vida en donde los profesionales de la política alternan cargos en las diferentes administraciones públicas (que hay unas cuantas) con el ejercicio del enchufismo en empresas privadas, fundaciones y organismos públicos.

Por otro lado, aumentó de forma escandalosa la Administración pública ya que surgieron como setas 17 Administraciones como 17 soles, que incluyeron sus propios Gobiernos autonómicos, sus parlamentos y miles de nuevas empresas y organismos públicos con la sana intención de dar de comer a esta nueva clase política, a base de de generar nóminas, dietas y otras prebendas. Y formaron parte de estas nuevas administraciones los familiares, amigos y enchufados de los gerifaltes que habían puesto tan inteligentemente en pie esta maraña. Es de dominio público, que los procesos de selección para el acceso a la administración pública, sobre todo local, (la estatal se caracteriza por una mayor limpieza en los procesos de selección) tiene más de paripé, que de otra cosa, pues en muchos casos, los puestos son graciosamente concedidos a dedo. La limpieza de los procesos es la excepción. Con este hábil sistema, la nueva clase política nacida al socaire de la Transición, se ha asegurado el traspaso permanente de rentas desde la mayoría silenciosa, en una suerte de "Robin Hood al revés", donde se esquilma a la mayoría trabajadora para trasvasar la riqueza a los componentes de la nueva Administración sobredimensionada, quienes, unidos a los oligarcas de siempre, que también chupan del bote, éstos desde siempre (las familias dirigentes desde la época de Indíbil y Mandonio), echan sobre las espaldas de la mayoría silenciosa, una funesta y onerosa carga, que en tiempos de bonanza es más llevadera, pero que en tiempos de crisis se hace insostenible. ¿Y por qué? Porque las clases extractivas siempre quieren su renta y les importa poco la realidad social y económica y lo mal que lo esté pasando la mayoría de la población.

Esta descentralización del Estado trajo también una descentralización de los partidos políticos y cada comunidad autónoma generó su propio sistema de baronías, políticos de los partidos nacionales que adquirieron poder desde su territorio y se convirtieron en manipuladores de cúpulas, haciendo y deshaciendo a su antojo y poniendo en la jefatura del partido a quienes conviene a sus intereses. Estos barones (una suerte de nuevos caciques, o en cierto modo, los caciques de siempre, con nueva apariencia) vieron un lucrativo negocio en las Cajas de Ahorro regionales y allí que entraron a saco, controlando sus consejos de administración, con amiguetes y compinches, sindicalistas incluidos. El negocio redondo.

No contentos con esto, la nueva clase política, que nada tiene que envidiar a la vieja guardia franquista, también ha colonizado entidades y organismos que nacieron o fueron legislados para mantener una actitud independiente, a saber: Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial, Banco de España, Comisión Nacional del Mercado de Valores, los reguladores sectoriales de energía y telecomunicaciones, etc, etc, etc.Esta podredumbre política ha acabado por deslegitimar estas instituciones nacidas con loables pretensiones y ha deteriorado nuestro sistema político. En el Parlamento ya no se rinden cuentas de la actuación de unos y otros, y la clase política ha decidido que todo lo que ocurre se debe a "catástrofes naturales", de los que ellos no son en absoluto responsables, a pesar de los miles y miles de damnificados que suponen muchas de las actuaciones de nuestros políticos. Y es que en este país, entre la clase política, el verbo dimitir no existe en su diccionario.

Pero claro, a ver quien es el político que tiene las narices de intentar aunque sólo sea una tímida reforma del sistema electoral, porque eso sería tirar piedras contra su propio tejado. Pero siempre queda la esperanza de que asome la cabeza algún idealista o algún visionario que lo haga porque no quede otra, porque esté en juego la propia supervivencia del sistema. Adolfo Suarez ya lo hizo en su día, con su Ley de Reforma Política, y fue odiado y vilipendiado por muchos de la clase política a la que pertenecía, la que procedía del franquismo.

Un sistema mayoritario, que sería la reforma legal natural, genera cargos electos que responden ante sus electores, no ante sus mentores del partido, con lo cual aparecería una clase política más funcional, pero conociendo como es el homo hispanicus, ¿cuánto tiempo tardaría esta nueva clase política en instalarse en la poltrona y la corrupción? ¿2, 5 años?

 

 
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