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BURBUJA VS. CRISIS

En 2008 estalló la burbuja inmobiliaria en España. Ya se sabía que esto iba a pasar, pero no de forma tan virulenta. La bolsa se desplomó y cajas y bancos tuvieron que cargar con un inmenso stock de viviendas sobrevaloradas. La economía se resentía, con su consecuencia del aumento de parados. En 2009, el Gobierno de Zapatero anunció a bombo y platillo el Plan E, que sólo sirvió para arreglar pavimentos , aceras y cosas así. Un parche en definitiva de un gobierno que no sabía como hacer frente a la que se le estaba viniendo encima. La economía continuaba empeorando y las cuentas del Estado se tambalearon: disminuyeron los ingresos y aumentaron los gastos. Muy pocos querían ya comprar deuda pública española, y así aumentó la famosa prima de riesgo, el diferencial que teníamos que pagar los españoles con respecto a los bonos alemanes, considerados por los inversores como los más seguros.

En 2010, los líderes de la UE presionaron a un pasmado o perplejo Rodríguez Zapatero, pues temían un rescate financiero a España, que no era moco de pavo, lo que ocasionaría un auténtico agujero negro en las finanzas del corazón de la zona euro y le instaron de una vez a que tomase medidas, impopulares, eso sí, e impropias de un gobierno socialdemócrata. Se llevaron a cabo tímidas políticas de ajuste que consistieron como casi siempre en la subida de impuestos y recorte del gasto público. Medidas que siguieron machacando la economía española, y que generaron sin misericordia el aumento de la cola del paro. En julio de 2010, la plantilla de la mayor empresa del país, el INEM, rondaba los 4 millones. Y lo que nos faltaba (y nos falta) por ver.

La Banca estranguló a la economía nacional reduciendo drásticamente los flujos de crédito a todo quisque. Las empresas carecieron de liquidez por falta de préstamos, por las facturas impagadas por las administraciones públicas, que sufrían los efectos del ajuste. La clase media se desplomaba que había vivido el sueño del milagro español: hipotecas impagadas, reducción drástica del consumo, empresas que cierran o despiden y que generan más y más desempleo. Muchas empresas que tenían como cliente a las administraciones públicas se hundieron definitivamente por la deuda de la Administración. Ante tan dantesco panorama, las familias en general redujeron al máximo el consumo , recortando una partida de aquí y otra de allá. El consumo, consumismo irracional, motor de la economía del siglo XXI se frenaba y aún se paraba del todo.

En plena crisis, la administración gastó alegremente sus recursos: pabellones multiusos, spas en pequeños municipios, enormes rotondas en las entradas de minúsculas localidades, parques temáticos sin clientela, AVE sin pasajeros, estaciones de AVE en medio de la nada, aeropuertos sin aviones... Alguien se estaba (y lo sigue haciendo) lucrando, ya que si el dinero, como la energía, ni se crea ni se destruye, sino que cambia de manos ¿quién lo tiene ahora, y que además no lo suelta ni lo pone en circulación?

Otro problema añadido es que el inflado precio de la vivienda, cayó poco en estas circunstancias tan adversas para la mayoría silenciosa. Y es que bancos y cajas habían aceptado como pago a sus deudas por las inmobiliarias arruinadas gran parte del stock inmobiliario sobrevalorado, y no quisieron ponerlo a la venta por precios mucho más bajos porque si no, sus cuentas no cuadraban. Las entidades financieras querían, en un escenario depauperado, mantener los maravillosos y millonarios sueldos y jubilaciones (mejor pre-jubilaciones) de sus altos ejecutivos , y quedar bien delante de sus accionistas. Así refinanciaron las deudas de las maltrechas inmobiliarias manteniendo los precios hinchados de las viviendas. Incluso canjearon la deuda por acciones-basura (activos tóxicos que apestaban a distancia, esas famosas hipotecas sub-prime). En definitiva, una huida hacia adelante en espera de mejores tiempos. Aunque esto no es nada en comparación con la cumbre de la pirámide capitalista, cuyos sórdidos miembros se han hecho de oro comprando y vendiendo la deuda griega.

Pero en 2011, empezaron a caer, una tras otra, bancos y cajas en quiebra, que hubo que intervenir desde el Estado, a cambio de aceptar un plan de bancalizaciones y fusiones masivas, que causaron la reducción de la plantilla, pero de la tropa y los oficiales, nunca de los generales y mariscales de campo, pues la jerarquía financiera se mantuvo multiplicada hasta donde hiciera falta. Se mantuvieron así las cúpulas directivas de las entidades originales antes de las fusiones, quizás para evitar que algún que otro alto cargo se fuese de la lengua y contase a la opinión pública tanta mala praxis. Una mala práctica que tenía como vértices de un triángulo tóxico a administraciones públicas, cajas de ahorros y bancos e inmobiliarias y constructoras, con relaciones antinatura e incestuosas favorecidas por los mutuos y siniestros favores que se hacían entre todas ellas. Y la mayoría silenciosa, pues eso, asistimos como mudos espectadores a tanta farsa.

Algunos sectores de la economía continuaban, sin embargo, duranteEl presidente Zapatero la crisis manteniendo un descomunal tamaño, ya fuese por no pagar a Hacienda, ejecutando un gigantesco fraude a toda la sociedad (como la Liga de Fútbol Profesional, cuyos equipos punteros fichan y fichan sin freno, pagando millones de euros sin compasión por cracks y no tan cracks, de forma inmoral, ante la pasividad de todo el mundo, aficionados incluidos), recurriendo al rescate por parte del ya exprimido Estado o falseando sus cuentas ante el Banco de España o la Comisión Nacional del Mercado de Valores. El sector público se había convertido en el nido de una caterva de insolventes que se prestaban dinero entre sí, ocasionando el temor manifiesto de los inversores extranjeros, los "malvados" mercados, que dejaron de prestar o lo hicieron con mayor desconfianza (el aumento de la famosa prima de riesgo ) a tamaño hatajo de ineptos. El paro se acerca a los 5 millones, el déficit se dispara, y obliga a más ajustes: más impuestos y más recortes. Zapatero está desencajado y ante el alivio de propios y extraños, anuncia que no volverá a presentarse como candidato del PSOE a unas elecciones que se suponía que el PP se llevaría de calle. Se retiraría a un cómodo destino en el Consejo de Estado, después de la que se había armado.

En fin, que después de varios años, como diría Javier Clemente, de patapún p'arriba, el agujero a tapar es tan descomunal que Mariano Rajoy, del PP, actual presidente del Gobierno está perplejo (escribo esto en mayo de 2012). Al no extirparse el tumor a tiempo, éste ha crecido y crecido,.Pero todo esto ¿es producto de la maldad de la oligarquía político-financiera que rige este país, o de su estupidez supina ? En cualquier caso, quienes pagamos la actividad onerosa de estas personas somos los de siempre, la mayoría silenciosa.

No cabe duda que se hace necesaria una regeneración del ambiente institucional y financiero ante la sensación universal entre los ciudadanos de corruptela generalizada dentro del dúo dinámico político-financiero. Con la crisis hay mucha gente que está ganando una enorme fortuna (para qué querrán algunos tanto, la verdad), a costa de haber engañado a la mayoría, que llamo silenciosa, y a la que se sigue tomando el pelo. Y es que cas, casi como la energía, el dinero "ni se crea ni se destruye, si no que cambia de manos". El perplejo Rajoy y sus colaboradores nos dicen que lo que están haciendo es lo único que pueden hacer, viendo como han dejado el país los de antes, con quienes en cierto modo debern de estar en connivencia, si no, no es posible tanta desfachatez. Regeneración de partidos y sindicatos, sustituidos por políticos y sindicalistas que no estén corrompidos. Claro que la nueva situación duraría hasta que éstos se corrompiesen a su vez. No olvidemos que el poder corrompe. Siempre ha sido así y siempre lo será, con alguna que otra honrosa excepción.



 
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