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LAS AGENCIAS DE CALIFICACIÓN

Las causas de los problemas de la economía española son múltiples, variadas y variopintas y han conducido a un empeoramiento de las condiciones de financiación del Estado. Este incendio que se ha declarado en los mercados de deuda ha contado con un aliado: las agencias de calificación, que han elegido los momentos de mayor tensión para anunciar sus rebajas, echando gasolina sobre el descomunal incendio delarado en la deuda pública española.

Las agencias de calificación de riesgos, agencias de clasificación de créditos o agencias de rating son empresas que, por cuenta de un cliente, califican unos determinados productos financieros o activos ya sean de empresas, estados o gobiernos regionales (estados federados, comunidades autónomas,...).

Sus notas o calificaciones valoran el riesgo de impago y el deterioro de la solvencia del emisor. Informan de si una inversión en un determinado producto financiero (letras del tesoro, bonos, acciones , etc) es arriesgada, analizando la posibilidad de que el inversor cobre los intereses y de que recupere el dinero una vez vencido el producto.

Los inversores, emisores, bancos de inversion, intermediarios y gobiernos utilizan las valoraciones del riesgo de créditos. Para los inversores, las agencias de calificación de riesgos les proporcionan medidas de riesgo relativo fáciles de usar. Cuando una entidad (gobierno, empresa, banco...) quiere emitir deuda o solicitar financiación, encarga a una agencia que la evalúe. Esta evaluación sirve a los inversores y prestatarios para marcar el tipo de interés al que concederían la financiación. Si el Estado que soilcita la concesión de deuda es poco fiable, como el español en los momentos en los que escribo esto (julio de 2012), piden un elevado tipo de interés por prestar su dinero. Se presta a alto interés a quien está en dificultades, con el ánimo de poner de rodillas al Estado y a la sociedad que lo sustenta, a fin de hacer con ellos lo que mejor les convenga. Como en la España de julio de 2012, de rodillas ante el BCE, el Bundesbank y los mercados, y también ante otro buitre descomunal, el FMI.

Las principales agencias de calificación crediticia son las siguientes son norteamericanas, y aunque ciertamente no tienen demasiado prestigio porque sus vaticinios han tendio sonados fracasos (véase el caso Lehman Brothers, entidad bancaria que curiosamente tenía una buena calificación de estas aves carroñeras financieras justo antes de su debacle), sus actuaciones calificatorias suelen tener un efecto demoledor sobre la entidad financiera o gobierno que las sufre: Standard & Poor´s (S&P) , Moody´s y Fitch, a cada cual más perversa y siniestra, que son la santísima trinidad de la notación crediticia, y que controlan el 90% del mercado mundial de calificación.

La Unión Europea quiere reglamentar el funcionamiento de las agencias para que estén bajo su supervisión y no descarta la creación de una agencia pública europea. A menudo se acusa a las agencias de estar demasiado próximas de la dirección de sus empresas clientes, y se ha acusado también a las agencias de emprender tácticas de chantaje para llegar a tratar con nuevos clientes mediante la disminución de las calificaciones de esas firmas.

El descenso de la calificación por una de estas agencias, o por todas en comandita, puede generar un círculo vicioso: no solamente los intereses para la empresa o el gobierno afectado por el descenso de la calificación suben, sino que contratos con otras instituciones financieras pueden verse también afectados negativamente, generándose un incremento de gastos y el subsiguiente descenso de la solvencia.

¿Quién está detrás de estas agencias de calificación y por qué las decisiones de dichas entidades privadas tienen tanto poder en los asuntos públicos?. S&P es 100% propiedad de la editora estadounidense McGraw Hill, cuyo negocio se centra en gran medida en aspectos relacionados con la educación. S&P y Moody's, curiosamente compartan accionistas, que son Capital Group, State Street ,Vanguard Group, BlackRock y T Rowe Price (todas accionistas de McGraw Hill). El 60% de Fitch es de la francesa Fimalac (Financière Marc de Lacharrière), cuya sede se ubica en París, y The Hearst Corporation (editora de numerosos diarios y revistas, entre otros productos, como Cosmopolitan, Elle o Marie Claire), que tiene el 40% de la compañía.

¿Por qué después del estallido de las hipotecas subprime en 2008, que tenían la máxima calificación de estos tiburones financieros, se les sigue dando tanto crédito? Pues resulta que a pesar de todo (los gurús de cualquier asunto humano también pueden equivocarse, como en el caso Lehman Brothers), las grandes multinacionales financieras (sí, ésas que forman el famoso término de los mercados) tienen muy en cuenta los informes que presentan estas compañías cuando deciden hacer una inversión en el sector privado o en un país, conocer qué repámpanos dice la santísima trinidad de la situación financiera de la entidad o del Estado en cuestión.

Es más, existen diferentes instituciones (fondos de pensiones de países, por ejemplo) que sólo invierten en productos calificados con la máxima puntuación otorgada por estas agencias. Sus decisiones condicionan dónde va el dinero. Por ejemplo, en el caso de España, Italia, Portugal, Grecia, Irlanda, los inversores no quieran arriesgarse en comprar su deuda por temor a que no se la devuelvan en el plazo fijado o se vean obligados a venderla porque no cumple con las garantías exigidas. Y si compran exigen un altísimo interés que no exigen ni a Alemania, ni a Austria, ni a Finlandia, por ejemplo. Con lo que la Europa del euro camina a dos velocidades, la de los apestados del sur que no pagan o tienen infinitas dificultades para pagar los desorbitados intereses que les piden los inversores por comprar deuda pública, que coinciden con los países mediterráneos (más Irlanda), y la de los opulentos socios nórdicos.

El dinero es cobarde y si alguno o todos los miembros de la santísima trinidad de agencias de riesgos dicen que la deuda española no es de fiar, los inversores cogerán sus bártulos, se irán a otro lado más seguro, al sol que más calienta, en este caso, al norte de Europa. España paga más intereses a quienes tengan las narices de poner su dinero en sus bonos, crecerá su deuda y así hasta la temida intervención por el BCE, que nos va a dejar a todos en calzoncillos, más aún de lo que lo estamos ahora, pese a las bestiales medidas de reajuste dictadas por un gobierno asustado, a remolque del mandato de los gurús del Bundesbank alemán. Y que además dice que están haciendo lo que tienen que hacer. Menuda estafa estamos sufriendo por parte de unos caraduras que han entrado a saco en el Estado, aprovechándose de los terribles errores de gestión de gobiernos pasados. Bueno y de la dirección del Banco de España y la CNMV también, que han permitido barbaridades tan enormes como la burbuja inmobiliaria y el atraco perpetrado por el sistema financiero español a los sufridos ciudadanos de la mayoría silenciosa, a despecho de las recomendaciones de los técnicos de ambas instituciones.

La mala relación de las agencias de calificación de riesgos con el Reino de España comenzó hace ya tres años. Corría el 19 de enero de 2009: este día Standard & Poor's anunció su decisión de retirar la AAA al Reino de España, la nota que da acceso al club más exclusivo. La agencia cumplió su amenaza apenas una semana después de anunciarla, un tiempo en el que la prima de riesgo comenzó una escalada que, con la perspectiva actual, parece benévola: entonces se superaron los 100 puntos básicos. El 28 de abril de 2010, S&P de nuevo rebajó la nota de la deuda soberana española. Las razones para esta medida eran el endeudamiento del sector privado español, entonces del 178% de su PIB; un mercado laboral "inflexible", la expectativa de que la tasa de paro alcanzase ese año el 21%, la poca capacidad exportadora y las escasas previsiones de crecimiento. Datos todos ellos que no han dejado de agravarse. En la época en que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero acababa de presentar su plan de austeridad, un juego de niños con el que lleva presentando Rajoy desde su desgraciada subida al poder, el 28 de mayo, Fitch retiró la AAA, porque dijeron que el ritmo de la recuperación económica sería "más lento" que lo previsto por el Gobierno a causa de las medidas de austeridad. Moody´s hizo lo propio el 30 de septiembre.

Ya en 2011, la primera rebaja del año corrió a cargo de Moody's (por aquel entonces la calificación ya estaba en Aa2), si bien la prima de riesgo atravesaba un momento plácido. Durante el verano, se tocó un máximo el 4 de agosto (cimas que, por cierto, se han pulverizado una y otra vez). Se rebajó a bono basura la calificación de Portugal e Irlanda, llevó la de Grecia hasta el penúltimo grado, atacó la solvencia de la banca española, ¡oh, sorpresa! S&P retiró a EE UU la preciada AAA. la Unión Europea acusó a las agencias de calificación de alentar la especulación y desestabilizar la zona euro.

Pero es que el mes de noviembre de 2011 fue todavía peor: la incapacidad de Europa por cerrar el rescate de Grecia, el contagio a Italia y las dudas acerca de la solvencia española hicieron que el riesgo país comenzase el 7 de octubre una escalada que contó con combustible adicional: las agencias de rating actuaron coordinadas de tal manera que han provocado un incendio tal que no se ve el final. Fitch, en octubre había bajado la deuda española e italiana a AA-, debido a que la intensificación de la crisis soberana de la zona euro afecta especialmente a España por su alto nivel de endeudamiento externo neto y la fragilidad de su recuperación económica. Llegó inmediatamente S&P e hizo lo msimo, pero es que Moody´s rebajó la calificación española de AA2 a A1 (¡DOS ESCALONES! en su infernal escalera). Y así, ayudada por todos, la prima pasó de 290,6 puntos básicos a 468 el 22 de noviembre.

En lo que llevamos de año (julio de 2012), cada una de las tres principales agencias de calificación han llevado a cabo dos rebajas de calificaciones. Todas ellas se han producido en momentos de extrema tensión en los mercados, sobre todo desde que a mediados de marzo el BCE dejase de ayudar a aliviar a la deuda española con compras de bonos. No es el caso actualmente. Todas las últimas apariciones de las agencias han alimentado las llamas que cuecen a fuego lento al Tesoro español y al rescatado sector financiero. Y el sr. Rajoy, perplejo, con sus casi 600 puntos de prima de riesgo.

 

 
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