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OTRAS BURBUJAS

Ya he hablado en otros artículos de la burbuja inmobiliaria en España y su relación con la crisis. Ahora me referiré a las burbujas en general y su relación con la clase política de nuestro país.

Nuestra clase política es una generadora compulsiva de burbujas, y no sólo inmobiliaria, como tendremos ocasión de ver. Y lo hace con pleno conocimiento de causa, puesto que en estos procesos de hinchazón absorbe las rentas del resto de la población que la permiten medrar mejor que el resto de los españoles con diferencia.

La burbuja inmobiliaria española (ha habido otras dos en los últimos años muy importantes en el mundo, la de EEUU y la de Irlanda) creció alimentada por los bajos tipos de interés y los desequilibrios macroeconómicos a nivel mundial. En España, la clase política ha inflado la burbuja con pleno conocimiento de causa y sabiendo lo que hacía. Alguien se ha hecho de oro durante todos estos años mientras las clases medias se consumían/consumen por pagar una hipoteca completamente fuera de quicio y desproporcionada.

Los planes urbanísticos de comunidades y ayuntamientos (todos querían/quieren ser concejal/consejero de urbanismo, y no es de extrañar, puesto que el trozo de tarta es en este puesto sustancial) han creado no sólo nuevos edificios y urbanizaciones, sino también planes de financiación de los partidos políticos e importantes fortunas entre quienes han recalificado los terrenos objeto del plan, como entre aquéllos que se han lucrado dejándose recalificar esos terrenos. Y aquí entran en juego las Cajas de Ahorro, cuyo control se tansfirió a las CCAA. Así los políticos decidieron quien tenía y quien no financiación de la Caja para construir. La mayoría de las Cajas de Ahorro, sobre todo las más pequeñas, tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, han desaparecido, ya sea por insolvencia (no poder pagar todos los préstamos que pidieron para financiar las abusivas hipotecas) o quiebra técnica.

Esta es la burbuja más conocida. Pero hay más. La burbuja de las energías renovables es otro ejemplo. Según César Molinas, España representa el 2% del PIB mundial y desembolsa el 15% del total global de primas a las energías renovables. Esto genera fraude, corrupción y rentas que van a parar al bolsillo de la "sufrida" clase política. Para que todo cuadre (a la clase política, desde luego), empresas y familias españolas pagamos la electricidad más cara de Europa, ya que hay que mantener a esa casta de parásitos con las dichosas primas. No contentos con estafarnos de esa manera, la clase política ha hecho del sistema eléctrico español, un sistema deficitario, con una deuda acumulada de 24000 millones de euros que nadie sabe como pagar. Así que como siempre, patada a seguir y el que venga detrás que apechugue. Algo muy habitual en nuestro país. Y eso que nadie sabe como pagar es muy relativo, puesto que paga el de siempre, el contribuyente de la mayoría silenciosa.

 

La burbuja de las infraestructuras inncesarias construidos por el "bien y el beneficio de los españoles" (como todo lo que realizan nuestros políticos) a costes desquiciados para mayor beneficio de constructores, ha generado una buena fuente de ingresos para nuestros parásitos particulares. ¿Y quién ha pagado autovías que no utiliza nadie? Los de siempre, claro. La mayoría silenciosa. Los aeropuertos sin tráfico aéreo, ahora gigantescos platós donde rodar el poco cine que se produce en nuestro país. Es de juzgado de guardia observar como las famosas radiales construidas alrededor de Madrid, y con una dirección prácticamente paralela a las autovías que unen Madrid con el resto del territorio, un día sí y otro también están tan vacías como nuestros bolsillos en épocas de crisis (como ahora). Se construyeron para descongestionar las autovías de entrada/salida de la capital, según nos dijeron nuAeropuerto de Ciudad Realestros políticos. Un propósito loable, por el bien de la comunidad. Se tomó como base una previsión de tráfico cuanto menos temeraria, y el Gobierno (da igual de un signo que de otro) permitió que concesionarios y constructores fuesen los mismos. Resultado: los constructores cobraron de las concesionarias por construir autopistas de pago que nadie iba a utilizar, y como vieron que, efectivamente, nadie lo hacía, amenazaron con dejarlas quebrar. Los principales acreedores eran, curiosamente las Cajas de Ahorro, nuevamente objeto de un saqueo premeditado que transfiere los dineros de los pequeños ahorradores a los tiburones de la política y de las finanzas, que todos andan entremezclados. Nadie sabe como pagar la deuda acumulada. ¡Ah, bueno, sí! Los de siempre, la mayoría silenciosa, hasta que deje de serlo. Y ese día llegará. Y sus protestas harán que nuestra clase extractiva afloje un poco la presión, hasta la siguiente crisis, y así, per seculam, seculorum...

Europa quiere hacer estallar la burbuja del fútbol español (otra más). Con la especulación inmobiliaria (todo parece relacionado), la protección política y el respaldo financiero de las distintas cajas de ahorro (otra vez las cajas, muertas ya y enterradas casi todas), los clubes presumían de vacas gordas con carísimos fichajes y estadios descomunales. No todos, ojo, pero sí los grandes clubes de Primera División. Algunos dirigentes que procedían de la construcción se habían apoltronado en la dirección de los clubes y hacían (y hacen) y deshacían (y deshacen) a su antojo. Pero el advenimiento de la crisis ha secado el manantial de millones que surtía el negocio futbolero, a pesar de algunos casos de fichajes a un coste inmoral, por algunos clubes que se han elevado poderosamente sobre el resto. Estos se han quedado a verlas venir, por obra y gracia de las enormes desigualdades que han aumentado las diferencias entre clubes, desigualdades amplificadas por los derechos generados por otra burbuja, la de la televisión. Mientras hay dos equipos a una distancia sideral de los demás, tanto económicamente como deportivamente (al menos de momento, cuando escribo estas líneas, en septiembre de 2012), otros están al borde de la quiebra, y algunos más han desaparecido simplemente por no ser viables económicamente, mientras que otros han descendido de categoría, lo que supone ingresar menos dinero.

Para intentar solucionar esta burbuja, en septiembre del 2011 se aprobó en el Congreso la nueva Ley Concursal, y que obligará a los equipos a pagar sus deudas si quieren evitar el descenso administrativo. Claro que la nueva Ley Concursal no es perfecta del todo, ya que el descenso supondría en muchos casos la desaparición de los clubes y por extensión Hacienda dejaría de cobrar las deudas contraídas.

Hay más burbujas, pero de momento ya tenemos bastante con éstas, ¿no creen?

 
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