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LA LEY DE PRENSA DE 1966

Manuel Fraga Iribarne fue Ministro de Información y Turismo del Gobierno de Franco entre 1962 y 1969. Sin duda la ley más importante que impulsó Fraga fue la Ley de Prensa de 1966, una ley que suprimió la censura previa, pero a pesar de sus importantes restricciones, en un régimen como el franquista, resultó hasta liberalizante y aperturista. También promovía la libertad de la empresa editora para nombrar el director de la publicación.

En la ley se proclamaba la libertad de expresión y el derecho a la difusión de la información, aunque de inmediato se ponía coto a dicha difusión. Una vez promulgadas los derechos y las limitaciones se eFraga defiende la Ley de Prensastablecían las sanciones administrativas que podrían imponerse a autores y editores. El secuestro preventivo de una publicación fue una de las figuras restrictivas más utilizadas contra las ediciones publicadas consideradas molestas por el régimen hasta el final de la dictadura.

A raíz de la Ley de Prensa de Fraga, la prensa gozó de una libertad sin precedentes en el régimen de Franco (antes la libertad era 0, ahora podría ser de 1,5), aunque muchas de las publicaciones serían sancionadas y suspendidas. Se permitió la circulación, pero muy condicionada y siempre arriesgada de revistas de cierta oposición tibia al régimen dictatorial del Caudillo, tales como Cuadernos para el diálogo, El Ciervo o Triunfo, en las cuales llegaron a escribir sus artículos unos cuantos disidentes políticos franquistas, que habrián evolucionado hacia tesis más liberales.

Hay que tener que la ley de Prensa vigente era la de 1938, que era incluso más restrictiva que la ley fascista italiana en la que estaba inspirada. Ya desde su investidura como ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga trató de flexibilizar la política de publicaciones y programación cultural, en especial en los aspectos no estrictamente políticos, en una apuesta por perpetuar el sistema político vigente, pues no olvidemos que el supuesto aperturismo no buscaba más que apuntalar los cimientos del régimen, pero desde una perspectiva "modernizante", más vendible y aceptable para los países democráticos del entorno occidental inmediato. Era un intento más de agradar a nuestros vecinos y a los EEUU.

Ya hemos hablado más arriba de la publicación desde 1963 de Cuadernos para el Diálogo, promocionada desde posiciones demócrata-cristianos del entorno de Joaquín Ruiz-Giménez. El proyecto, evidentemente más liberal de lo que era considerado conveniente por los sectores más conservadores del establishment franquista, provocó no pocas actitudes hostiles, entre las que se encontraban ni más ni menos que las de Luis Carrero Blanco, el ideólogo del régimen y la propia cabeza visible del mismo, el propio Francisco Franco. Por fin, el proyecto de ley fue aprobado en octubre de 1965, aunque no se procedió a ratificar en Cortes hasta mayo de 1966. Fraga escribió que cuando Franco aprobó la ley comentó: "No creo en esa libertad, pero es un paso al que nos obligan muchas razones importantes". Y dar una imagen, un ligero barniz de "modernidad" y "aperturismo" en el entorno internacional más inmediato sería una de esas razones, no cabe duda. Era indispensable reformar para perpetuarse en el poder. Esa parecía ser la máxima seguida por los dirigentes franquistas. Pero evidentemente, de ninguna manera admitió la ley de 1966 una libertad de prensa real.

Se autorizó la edición de libros y revistas en otros idiomas peninsulares, como el catalán, e incluso hubo editoriales que se arriesgaron a publicar literatura políticamente comprometida, de autores considerados malditos, libros marxistas y se recuperó parte de la cultura de autores exiliados o muertos en el ostracismo. Con limitaciones sí, pero para comienzos de la década de los 70 se había logrado un grado de apertura cultural notable, que debía ser el preludio de la posterior apertura política, tan restringida como siempre, pero al fin y al cabo la rendija por donde pudieron colarse en gran medida las ideas progresistas de los demócratas del interior y del exterior de España.

La multitud de sanciones impuestas por diversas causas, algunas muy peregrinas, a algunas publicaciones, eran la prueba evidente de la falta de libertades en España, por mucha ley de la Prensa que se promulgase. Existía un tira y afloja permanente entre quienes querían ampliar los espacios de libertad y la imposibilidad del régimen de satisfacer esas peticiones sin resquebrajar su propia supervivencia. Estas tensiones se produjeron en particular entre Manuel Fraga y Carrero Blanco y Alonso Vega. En 1969 Fraga pagó su enfrentamiento con los que eran más franquistas que el propio Franco y fue destituido como ministro, expíando de esta manera su encendida defensa de su ley de Prensa, así como su discordancia con el ideólogo de la dictadura, el Almirante Carrero.

 
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