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48 AÑOS DE PODER

Durante cuarenta y ocho años -desde 1924 a 1971- John Edgar Hoover fue director del Federal Bureau of Investigations (FBI), de poder omnímodo en los EEUU. Los partidos políticos se alternaban en el poder, se sucedían los presidentes de diferente signo, pero Hoover permanecía, pues ninguno de los siete presidentes que ejercieron el poder durante su mandato, osó destituirle.

Hoover fue nombrado, con 29 años, en mayo de 1924 Director del FBI por el Presidente Calvin Coolidge para reformar la organización, considerada por entonces un foco de corrupción. Una vez en el poder descartó a todos los agentes que tuvieran algún grado de corrupción, eliminó a probables competidores y tras afianzarse en el cargo, se rodeó de agentes profesionalizados, bien entrenados, llamados hombres-G, absolutamente fieles a él.

Según Anthony Summers, creador de una controvertida biografía sobre este personaje, Hoover era un homosexual tapado que se travestía en fiestas privadas mientras chantajeaba a políticos menos hábiles que él en ocultar sus inclinaciones; el policía más poderoso de EEUU, infatigable martillo de comunistas, de líderes de movimientos civiles y de objetores de la guerra de Vietnam, era extorsionado por los grandes jefes de la Mafia, que sabían de sus andanzas pecaminosas; un perseguidor de la corrupción que no dudaba en aceptar regalos de poderosos millonarios, y utilizaba al FBI como si fuera su finca privada...

Era de dominio público su relación con Clyde Tolson, que duró decenios, pero no tan fácilmente demostrable. Hoover tenía demasiados resortes de poder en sus manos. Y sin embargo, el mafioso judío Meyer Lansky, le extorsionaba por la posesión de fotografías muy comprometedoras depositadas en diversos bancos. Por ello, J. Edgar Hoover dejó de perseguir a la Mafia desde los años 30 y se hizo amigo de muchos mafiosos: no pagaba nunca en los restaurantes y era un jugador empedernido, él, el martillo de la inmoralidad, el incorruptible.

 

El mafioso Meyer Lanski

Y sin embargo, a J. Edgar Hoover le molestaban los negros, los homosexuales, los judíos y las mujeres, y no dejaba de ser un personaje excéntrico y extremadamente reaccionario, como demuestra el hecho de que, encargado de la investigación y persecución de espías y saboteadores nazis y japoneses bajo mandato de Harry S. Truman, se mostró muy poco severo con las personalides nazis capturados por el FBI tras la guerra.

Hoover planeó arrestar a 12.000 americanos en 1950, que, según él, eran sospechosos de ser desleales al país, según un nuevo documento desclasificado publicado por el periódico 'The New York Times' en diciembre de 2007. Hoover quería que el presidente Harry Truman declarara los arrestos como necesarios para "proteger al país de traición, espionaje y sabotaje". Los detalles sobre el plan de Hoover se encontraron dentro de una colección de documentos de los servicios de Inteligencia de 1950 y 1955 sobre la Guerra Fría. Para hacer más efectivas estas detenciones el informe suspendió la orden judicial de Habeas Corpus (derecho que garantiza la libertad personal del individuo a fin de evitar las detenciones ilegales).

Investigadores apoyados en testimonios de testigos han reseñado que detrás de la muerte de Marilyn Monroe estuvo la mano de Hoover, de una u otra manera.

Asímismo, la organización que dirigía lideró la llamada Caza de brujas, levantando una verdadera persecución contra los comunistas en todos los ámbitos sociales y causó la ruina a muchas familias inocentes de la imputación.

Nixon limitó el tiempo de mandato de los directores del FBI a sólo 10 años, para intentar limitar el enorme poder que había acumulado Hoover durante sus 48 años de poder omnímodo.

Cuando falleció, en 1972, fue enterrado con honores de gran estadista, a pesar de sus supuestos contactos con la Mafia y que espió y chantajeó a diversos presidentes americanos. Se constituyó en el ángel vengador de la inmoralidad, siendo él mismo un hombre de una moral más que reprochable. Pero claro, él tenía el poder que daba el manejo de la información más secreta, la que procede de las cloacas del Estado, la que pusieron sus "fontaneros" en su conocimiento. John Edgar Hoover comprendió, mucho antes que nadie, la influencia, el poder y las ventajas que reportaba conocer la intimidad de las personalidades políticas y sociales. Soñaba con reunir una colección de informes y expedientes, confidenciales por supuesto, que recogiera la ideología, las infidelidades y la orientación sexual de los principales actores, artistas y senadores de Estados Unidos.


 
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