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BURBUJA INMOBILIARIA

Posiblemente el origen próximo de nuestra crisis particular en España esté en la Ley del Suelo decretada por el Gobierno Aznar en 1998. Por ella, se privatizó el suelo y se aumentó el suelo urbanizable, en perjuicio del suelo rústico. El Gobierno pensaba que con esta estrategia, los empresarios multiplicarían las inversiones, se construiría más vivienda barata, permitiendo que los jóvenes pudiesen acceder a una vivienda en condiciones. Si esto fue en principio así, que duda cabe que era un propósito loable por parte del gobierno.

En 2002, la construcción seguía en todo su apogeo y lasPresidente José María Aznar viviendas crecían como setas en toda la geografía española. Para reducir el paro, el desempleo galopante como siempre en este país (puesto que no ha dejado de ser nunca, ni siquiera en años de bonanza, un complicadísimo problema estructural , sin visos de solución, que quita el sueño a algún dirigente competente y honesto, que aunque pocos, alguno hay), se promulgó una Ley de Reforma Laboral, que consistía básicamente en reducir los derechos laborales para que los empresarios contratasen en precario, y así, pensaba el Gobierno popular, se reduciría el paro. La consecuente demanda de mano de obra barata hizo que muchos jóvenes abandonasen los estudios y se dedicasen en cuerpo y alma al jugoso negocio de la construcción, motor de nuestra economía. Allende nuestras fronteras llamaron a nuestra puerta miles de inmigrantes ante la llamada del ladrillo. Y la mayoría se puso a trabajar en el nuevo Eldorado de la construcción. El Gobierno fomentó la inversión en vivienda, haciendo que aquellos nuevos propietarios pudiesen desgravarse fiscalmente sus gastos. España parecía el país de Jauja , donde todo iba bien (¿España?¡España va bien!). Pero ¡ay! No todo podía ser tan bonito, aunque nadie por entonces se dio cuenta. O sí, pero el muy ladino se calló y ocultó información a la paciente y desinformada mayoría silenciosa.

Al aumentar de esta manera la demanda de vivienda, el precio subió, por esa extraña ley de la oferta y la demanda, y disparó a su vez el precio del suelo, que de forma retroactiva, continuó hinchando el precio de la vivienda, en una suerte de pescadilla que se muerde la cola. El margen de beneficio atrajo como buitres a miles de especuladores, de dentro y de fuera, con lo que el precio de la vivienda se había disparado en 4 años. Un dato: en 2005 se construyó en España más viviendas que en países como ¡Francia!, ¡Alemania! e ¡Italia! juntos.

El PIB español ascendía y ascendía más y más basándose en la construcción. El milagro español, pero un milagro con pies de barro. El motor de una economía no podía ser la construcción, que luego pasó lo que nos pasó. El excedente presupuestario pudo invertirse en I+D, que hubiese favorecido enormemente el desarrollo de nuestra economía, pues no tendríamos que importar, por ejemplo, tecnología, o al menos, hubiese descendido esta partida. Pero no. En España eso de investigar no está demasiado bien visto (que inventen otros). Los españoles deseábamos invertir exclusivamente en bienes suntuarios con los que presumir delante del vecindario y de la familia y amigos. El precio de la vivienda siguió subiendo, pero los salarios no siguieron el alza, sino que quedaron prácticamente congelados, entre esos años de fiesta orgiástica.

La gente de a pie continuó, espoleada por los bancos, comprando viviendas cada vez más caras gracias a los préstamos desbocados de las entidades financieras, a 30, 40, ¡50! años de amortización .Y de paso concedieron créditos para adquirir vehículos u otros bienes, repetimos, suntuarios. Nos ofrecieron con gran "generosidad" una "democratización" de la riqueza, que algún "espabilao" denominó " capitalismo popular ". Concedieron créditos a diestro y siniestro a personas que no tenían un salario que pudiese con el préstamo, pero habían suavizado hasta el infinito las condiciones para acceder a un crédito hipotecario hasta niveles irrisorios. Nos pusieron el despilfarro al alcance de la mano. En plena vorágine consumista, nos dijeron cosas como "si no puedes pagar la hipoteca, como los precios siempre suben, vende la casa, y encima ganarás dinero". Insisto en lo del país de Jauja. Con un sueldo normalito, tirando a bajo, una gran parte de la mayoría silenciosa vivía como potentados. O al menos, eso nos creímos. La juerga tendría que parar alguna vez.

Pero ¿ por qué los bancos fueron tan atentos ? Desde siempre nos han prestado dinero para comprar una vivienda, que hay que devolver en plazos mensuales, divididos en capital e intereses. Era su forma de obtener beneficio. Pero parece que estas ganancias no les satisfacían del todo. Sus sesudos expertos financieros se pusieron manos a la obra y a darle al cacumen, y dieron con la fórmula perfecta (para ellos, que no para la mayoría silenciosa). Y así convirtieron nuestras deudas hipotecarias en fondos de inversión de alto riesgo, pero de gran rentabilidad, con lo que nuestras deudas generaron mucho más dinero: invirtieron dinero que todavía no tenían, y especularon con lo intangible. El sector financiero obtuvo grandes beneficios jugando con nuestro dinero. Nuestra economía capitalista se mantiene gracias a un crecimiento continuo y despiadado. Los bancos ayudaron a que pasásemos de la sociedad del consumo surgida después de la Segunda Guerra Mundial (en nuestro país más tarde) a la del consumo materialista, basado en la ostentación y el derroche sin escrúpulos. Los que pudieron compraron y/o vendieron casas, es decir se dedicaron a especular con un bien precioso o invirtieron en bolsa sin conocer demasiado el sórdido negocio donde se metían. El consumismo se mantiene gracias a tener al de abajo sometido, pero contento, espPresidente José Luis Rodríguez Zapateroerando poder ascender un escalón en la pirámide. El alegre derroche al que nos incitaron las entidades financieras tenía que acabar costando muy caro. Y mira que lo veíamos venir.

En 2007, bajo el Gobierno de Zapatero, la deuda de las Administraciones públicas, de las empresas y de las familias era casi ya insostenible. Como insostenible y descomunal era la deuda, sobre todo, de las Cajas de Ahorros con Entidades financieras internacionales. El ficticio crecimiento de nuestro PIB sólo era generado a través de la deuda. Vivíamos por encima de nuestras posibilidades y de un dinero generado en el futuro: el que había que ir pagando religiosamente año tras año.

En 2008, la vivienda era tan cara que nos hipotecábamos a 40 años para vivir en un chamizo, porque las viviendas de nueva construcción, según crecían de precio, menguaban de tamaño. No podíamos parar. Era como una bola de nieve descendiendo alocadamente por una pendiente, aumentando de tamaño sin medida. Y en estas, la crisis crediticia que estalló en EEUU se contagió al resto del mundo , por aquello de la globalidad y de la interrelación a todos los niveles, con lo que nuestros bancos dejaron de prestar. Los inversores dejaron de comprar o disminuyeron la adquisición de deuda pública del Estado español. El pánico se desató, nadie prestaba dinero, el consumo se desplomó, se contrajo la economía y las empresas comenzaron a despedir, aumentando el paro hasta niveles difícilmente sostenibles. Familias sin trabajo y sin posibles para pagar sus hipotecas fueron desahuciadas y expulsadas de sus casas. En realidad siempre habíamos sido pobres viviendo un sueño de ricos, y habíamos gastado dinero que nunca tuvimos.

 

 
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