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La Meseta
 

- Las Merindades de Burgos -

En el norte de la provincia de Burgos, más de 360 núcleos de población componen la amplia comarca de Las Merindades. En esta región, el Ebro y la Cordillera Cantábrica han condicionado un paisaje contrastado, que posibilita la convivencia de diferentes especies vegetales y animales. La roca caliza y el agua forman parajes diversos: amplias depresiones y desolados páramos; valles glaciares y escarpadas montañas; grandes cavidades y desafiantes desfiladeros; saltos de aguas y caudalosos ríos; bosques autóctonos y empinadas praderas.

La ciudad medieval de Frías, cuyo fuero le fue otorgado en 1435 por Juan II de Castilla, tiene como características las casas adosadas (algunas de las cuales cuelgan desde las rocas) unas a otras formando estrechas y empinadas calles cuyo caserío viaja desde el castillo de la familia Velasco hasta la iglesia parroquial de San Vicente, monumentos que, junto al puente románico, presiden este Conjunto Histórico Artístico. Es la ciudad que merece este título más pequeña de España. La Muralla de la Muela, que data del siglo XIII, defiende la ciudad. Dentro del marco de las luchas señoriales que asolaron Castilla durante gran parte del siglo XV, Juan II cambió la ciudad de Frías a Don Pedro Fernández de Velasco por Peñafiel. Frías, hasta ahora lugar de realengo, se negó a someterse a su nuevo y ambicioso señor, que tras largo asedio logra imponer su ley. En 1492, los Reyes Católicos crean para los Velasco el Ducado de Frías. Sobre el puente medieval se levantó una torre para controlar el paso y cobrar el pontazgo a los caminantes que utilizaban este paso obligado entre la Meseta y la Rioja con el Cantábrico, vadeando el Ebro.

Cercana a Frías, Tobera se enorgullece de las cascadas formadas por el río Molinar, y a la entrada de un angosto desfiladero se ubica una ermita, un humilladero y un puente romano.

La villa Condal de Oña se asienta en un altozano a orillas del Oca, ocupando un lugar estratégico donde acaba la llanura de la Bureba y se abre el paso hacia el Norte por los desfiladeros de los ríos Oca y Ebro, por lo que constituye una de las llaves geográficas e históricas para acceder de la Meseta al Cantábrico. El casco urbano de Oña presenta un conjunto de carácter medieval, conserva restos de puertas y murallas y estrechas calles que se abren a las plazas del mercado del Ayuntamiento y Monasterio. Tras el asesinato de Sancho II de Castilla en Zamora, el Cid Campeador trajo su cuerpo a Oña, convirtiéndose el Monasterio de San Salvador en el Primer Panteón Real de Castilla. En él reposan los restos del rey Sancho el Mayor de Navarra, el rey Sancho II el Fuerte de Castilla, de la reina Doña Mayor de Navarra, de los condes de Castilla Sancho García y García Sánchez, d ela condesa Doña Urraca. La iglesia abacial de San Salvador de Oña refleja la grandeza monumental de Oña.

El eremitorio de Tartalés de Cilla es un conjunto de cuevas artificiales excavadas en roca arenisca, alineadas a ambos lados del arroyo de las Torcas en su confluencia con el Ebro. El origen se supone en época visigoda y altomedieval (ss VII-X). La funcionalidad de estos covachos se debate entre dos hipótesis, que fuese un núcleo habitacional, un auténtico poblado de ganaderos seminómadas o una "laura" cenobítica, incipiente agrupación de monjes en relación con la iglesia rupestre de San Pedro o con la desaparecida ermita de San Fermín.

La carretera de acceso al pequeño pueblo de Tartalés de los Montes nos depara la sorpresa de un rudimentario túnel excavado en la roca y la cascada anexa, de unos 30 metros de caída, siguiendo un desfiladero.

la Iglesia románica de San Pedro de Tejada está situada en el pueblo de Puente Arenas, en pleno valle de Valdivieso, perteneciente a las Merindades burgaleses. San Pedro fue un importante cenobio creado en el año 850 aproximadamente y fue un importante motor repoblador de la zona, llegó a ser sede episcopal durante largo tiempo lo que motivo que su radio de acción se extendiera incluso fuera del valle. Tras la desamortización de Mendizábal el cenobio pasó a manos privadas, en este caso a la familia Huidobro, que hasta la fecha siguen siendo los propietarios. La unidad, armonía y esbeltez de Tejada se manifiesta no sólo en su conjunto, sino también en cada uno de sus detalles. No perderse los canecillos, algunos de los cuales son representativos del románico erótico.

La importancia de las salinas de Poza de la Sal se remonta posiblemente a los hombres del Neolítico, pasando por los romanos, quienes aportaron mejoras técnicas. Durante la Edad Media, la villa pozana aparece como un gran centro de producción y comercio de la sal. Los Reyes Católicos activaron el trabajo de las salinas y Felipe II estatalizó la comercialización de la sal. A mediados del siglo XX se produjo el lento abandono del salero por su escasa rentabilidad. Un peculiar fenómeno geológico, el diapiro, posibilitó la existencia de una gran masa de sal a pocos metros de la superficie. La sal ha dejado un gran legado patrimonial y etnográfico: acueducto, almacenes, pozos y salinas. Bajo el castillo protector, se extiende un conjunto amurallado con las puertas del Ayuntamiento, del Conjuradero y de las Eras, sus estrechas calles empedradas, la Iglesia de San Cosme y San Damián, el Ayuntamiento, la Plaza Nueva, la Plaza Vieja con soportales, el Palacio y Fuente Buena.

 
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