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Revista de Historia Medieval

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¡¡¡VENGANZA CATALANA!!!

Todavía persiste en la actualidad el recuerdo de la terrible venganza catalana bajo la figura del KaRoger de Flor y sus chicos delante del Basileustalan, un guerrero-gigante sediento de sangre que se usa para asustar a los niños en algunos países balcánicos. Es como lo de asustar a los niños belgas y holandeses con aquello de que "como no comas, va a venir el Duque de Alba y te va a llevar". Pues algo similar. Además la palabra "Katalan" en albanés significa monstruo y aun hoy, si un griego quiere maldecir a alguien le increpa: "Así te alcance la venganza de los catalanes". En Bulgaria las expresiones "Catalán" e "Hijo catalán" (sin comentarios) significan "hombre malvado, sin alma, torturador". En Tesalia la expresión "¡Eres un catalán!" era proferida como insulto hasta finales siglo XX. En la región de Parnaso se recogió el refrán: "Voy a huir de los turcos para caer en manos de los catalanes". En la Argólida (Peloponeso), "catalana" era el peor insulto que se podía decir a una mujer: "Ah catalana, mil torcidos me has hecho".

Incluso los monjes del Monte Athos llegaron a prohibir la entrada a ciudadanos catalanes hasta hace pocos años.

El caso es que el emperador bizantino Andrónico II había contratado en 1303 los servicios de la Gran Compañía Catalano-Aragonesa, comandada por una especie de aventurero-condottiero nacido en Brindisi, el antiguo templario Roger de Flor, para que le ayudasen ante la cada vez más peligrosa expansión otomana. En Anatolia, por tres veces derrotaron a los turcos, siempre en inferioridad numérica y siempre causando grandes estragos al enemigo, pues tenían la "sana" costumbre de no hacer prisioneros, ejecutando a todo varón mayor de diez años.

Pero en la corte bizantina, tan aficionada a las intrigas, el triunfo no estaba bien visto. Celos del cada vez mayor poder de Roger de Flor, junto con la oposición de los muy influyentes genoveses (rivales de Barcelona en el comercio mediterráneo) y los continuos problemas con la población local (debido a que los almogávares se cobraban saqueando los salarios que el emperador tardaba en pagar) hicieron que se formara una facción opuesta a ellos que incluía al hijo del emperador, Miguel IX Paleólogo .

Pero el hijo de Andrónico, que reinó con el nombre de Miguel IX, no tenía a Roger y sus almogávares como santos de su devoción, y tras invitarles a un banquete en Adrianópolis para agasajarles, se los cargó, al jefe y a unos 100 oficiales almogavares (guerreros aragoneses de muy armas tomar). A Roger de Flor, tan brutal en el campo de batalla, su candidez e ingenuidad en el trato con la nobleza bizantina le costó la cabeza a él y a sus muchachos. Esto ocurrió el 5 de abril de 1305. Al recibir la siniestra noticia, los almogávares, justamente indignados, los pobres, desencadenaron una masacre entre los habitantes de Gallipolli, donde se hallaban acantonados. La traición bizantina había causado tal consternación entre las huestes catalano-aragonesas que juraron venganza sin dar cuartel. Y a fe que lo cumplieron.

Miguel ordenó inmediatamente el ataque a las tropas almogávares que queCompañía de almogavaresdaban, pero no sólo no pudo acabar con ellos, si no que se tomaron cumplida venganza del crimen cometido en la persona de sus jefes. Las brutales acciones que emprendieron como represalia se conocieron en conjunto como Venganza catalana, que debió de ser fina, cuyo recuerdo ha perdurado por aquellos pagos hasta nuestros días.

Los mercenarios supervivientes de la Compañía Catalana, bajo el mando de Berenguer de Entenza, arrasaron todo cuanto encontraron a su paso en Tracia y Macedonia a los gritos de "Aragó, Aragó", "Sant Jordi" y " Desperta Ferro, matem, matem". Los almogávares se dedicaron a piratear por allí y por allá. Desembarcaban cuando la ocasión es propicia y allí, en su elemento, se mostraban implacables. Durante unos cuantos años saquearon sin piedad cualquier territorio del imperio que se les puso a tiro, y no tuvieron misericordia ni de hombres, ni de mujeres, ni de niños. Tracia fue asolada. Y vencieron con cuatro gatos a cuanto ejército imperial les mandó Miguel IX. Tras consumar su venganza y tras pasar más de dos años convirtiendo Tracia en un erial, los almogávares tienen que trasladarse. Finalmente crearon un ducado (Atenas y Neopatria), que dependía nominalmente de la Corona de Aragón. Pero esa es otra historia.

Una breve reseña sobre esta gente. Los almogávares eran tropas de infantería ligera formadas por montañeses pirenaicos catalanes y aragoneses. No habitaban en ciudades ni villas, su vida era la guerra. Sus miembros habían quedado arruinados debido a las razzias árabes y habían tomado el oficio de las armas, organizando incursiones de pocos hombres en territorio árabe. Eran los soldados más bravos y temibles de su época. Iban armados con lo justo y se movían con sorprendente agilidad en cualquier campo de batalla. El caudillo de cada una de las pequeñas compañías de almogavares imponía una férrea disciplina: el almogávar vencía o moría, sin término medio. No daban cuartel en el combate, porque vivían de lo que saqueaban al vencido tras haberle aniquilado. Los almogávares no tomaban prisioneros ni hacían distinciones humanitarias, no: mataban todo lo que se movía.



 

 

 
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