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Revista de Historia Medieval

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EL ORDENAMIENTO DE ALCALA

Esta fue una de las preguntas cortas en uno de los exámenes de Historia Medieval de España en la UNED de no sé que año. Lo que sí sé es que me cayó a mí, y reconozco que no sabía ni lo que se me preguntaba. Pero estaba claro que lo que tan alegremente había pasado por alto, fue de capital importancia en su tiempo.

Cuando Alfonso XI (el Justciero) accede al trono, se encuentra con una situación jurídica bastante caótica y dispersa: En Castilla regía el Fuero de los fijosdalgo; en Galicia el Fuero de León y Benavente; en las ciudades de Andalucía el Fuero Juzgo; Madrid, Valladolid y pueblos de Álava se regían por el Fuero Real; en Extremadura se aplicaba el Fuero de Cáceres; en Cuenca, Molina, Logroño, Soria y otras se regian por fueros particulares. El Rey trata de unificar disposiciones legales y para ello convoca las Cortes en Villarreal (actualmente Ciudad Real). Sus estipulaciones fueron completadas con las dispuestas por las Cortes de Segovia el 12 de Junio de 1347 que contaba con 32 Leyes. Todo ello más el supuesto Ordenamiento de Nájera fue revisado en las Cortes celebradas en Alcalá de Henares promulgándose en nuevo Ordenamiento el 28 de Febrero de 1348.

El Ordenamiento de Alcalá es un conjunto de 58 leyes promulgadas, siendo consideradas parte importante del corpus legislativo principal de la Corona de Castilla de la Baja Edad Media.

La obra significó en principio el triunfo de los letrados (de orientación romanista - seguidores del Derecho Romano-), quienes representaban el interés del rey por aumentar el poder de la monarquía (en el sentido de definir una muy precoz monarquía autoritaria ). Se intentan así aplicar las disposiciones de carácter romanista recogidas en las Siete Partidas. Ahora bien, con dicha medida se establecía la primacía, en el orden de prelación de fuentes, del derecho de la corona sobre cualquier otro de carácter territorial o local. Se aplicarán en primer lugar las decisiones propias del ordenamiento, en segundo lugar el fuero real y los fueros municipales y nobiliarios y en tercer lugar las partidas como legislación supletoria. La antigua dispersión normativa de los reinos de Castilla y León dejaba paso a la unificación y potenciaba considerablemente la potestad regia.

El ordenamiento de Alcalá pasó a aplicarse a las zonas con fueros locales, como Sahagún, Cuenca, León o Castilla, que paulatinamente irían adoptando el Fuero Real al serles otorgado éste.

Sin embargo el rey tuvo que ceder a las presiones nobiliarias que deseaban ver reconocidas diferentes concesiones de tierras y privilegios durante las continuas revueltas y guerras civiles bajomedievales.

Según José Luis Martín, catedrático de la UNED, en principio la nobleza era un grupo abierto al que se accedía por intervenir en la guerra, en la repoblación de un territorio o en el gobierno y administración del reino. Pero también por ser el dueño de amplias tierras y vasallos campesinos y militares. Cuando la posesión de la tierra y la ostentación de cargos públicos se hacen hereditarios, el factor decisivo para la pertenencia a la nobleza es el derecho por nacimiento. Los nobles comienzan a disfrutar de privilegios fiscales (plasmados en exenciones de carácter económico fundamentalmente) y judiciales, que los ricoshombres intentan consolidar haciendo que se compilen en un texto con contenido legal, un fuero nobiliario. Las primeras disposiciones se atribuyen a las Cortes de Nájera, reunidas por Alfonso VII. Pero los acuerdos recogidos en estos fueros los aceptaron los redactores del Ordenamiento de Alcalá.

El contenido de esta recopilación de leyes, junto con otras disposiciones, pasan al Fuero Viejo de Castilla y el Libro de los Fueros de Castilla. Estas disposiciones establecen diferencias entre el grupo de los ricoshombres y los simples nobles, pues los primeros son un grupo reducido cuyos miembros y sus vasallos extán exentos del pago de impuestos y tienen fuerza militar y política suficiente para negociar de igual a igual con el monarca. Los nobles de menor rango son vasallos de los ricoshombres, pero también suelen ser propietarios a su vez de tierras y campesinos.

 

 

 

 

 

 

 
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