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Revista de Historia Medieval

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CRISIS ICONOCLASTA

Que los bizantinos estaban un poco majaras, se puede demostrar con este episodio de la crisis iconoclasta.

La iconoclastia y su postura rival, la iconodulia, fueron vehículo y forma de expresión de tensiones y actitudes diversas de la sociedad bizantina que desbordaban el marco religioso (como en el caso de la revuelta Niké, los monofisitas, y tantas situaciones anteriores) y tenían profundas consecuencias en el plano político. La iconoclastia es la tendencia contraria al culto de imágenes, ya presente entre los monofisitas, como entre los musulmanes y judíos. La iconodulia era una reacción a la iconoclastia monofisita. Para los iconoclastas, aquellas imágenes era completamente idolátricas, ya que negaban la facultad de representar a Cristo, algo imposible dada su naturaleza divina. Los iconoclastas tuvieron su principal feudo en Asia Menor, fronteriza con el Islam, donde cualquier situación delicada podría llegar a transformarse en catastrófica para el Imperio.

Los iIcono bizantinoconódulos seguían la tesis neoplatónica de que la imagen era sólo un símbolo de su arquetipo en la realidad. El Emperador León III, se lió la manta a la cabeza (destruyó la imagen de Jesucristo que se encontraba en la puerta de su palacio), y a partir de 730 ordenó la destrucción de imágenes, depuso al patriarca de Constantinopla, Germanos, y separó de la jurisdicción eclesiástica de Roma a Sicilia, sur de Italia y el Ilírico, lo que alejaba de nuevo a la Iglesia latina occidental y a la griega oriental, perfilando la extensión de la jurisdicción del patriarcado de Constantinopla a lo que quedaba del Imperio de Oriente. La iconoclastia fue apoyada políticamente por los judíos y musulmanes alistados en los ejércitos bizantinos. Los iconos fueron destruidos, y los frescos y mosaicos blanqueados. Pero un pueblo tan acostumbrado a la profusión decorativa como era el de Bizancio no podía permanecer con sus monumentos desprovistos de símbolos y figuras. Así, doctores bizantinos descubrieron antiguos temas que podían adoptarse sin escándalo de los iconoclastas e inventaron algunos nuevos.

 

Con Constantino V (741-775) se agudizó la persecución contra las imágenes y sus seguidores iconódulos. La crueldad empleada contra las prescripciones imperiales llegaba al extremo de quemar las manos con hierros al rojo vivo a quien realizara cualquier tipo de icono. Se ejecutaron a varios altos funcionarios en el sur de Italia desde 766. Y como el emperador obtuvo resonantes triunfos externos contra musulmanes y búlgaros, pues a ver quien era el guapo que le tosía. Pero con la emperatriz Irene (780-802), volvieron a soplar vientos favorables para los seguidores de las imágenes, pues con el concilio de Nicea de 787, acordó el retorno al culto de las imágenes. Pero fracasó en su política exterior, sobre todo con la restauración del Imperio Occidental con Carlomagno, y hubo que pagar tributo a árabes y a búlgaros para que dejasen en paz las fronteras imperiales. Con los sucesores de Irene, los bizantinos siguieron pasándolas canutas con sus principales enemigos, hasta que un golpe militar puso en la cúpula del poder a León V (813-820), que salvó la capital ante el envite búlgaro.

León intentó el retorno a la iconoclastia para fortalecer su posición, aprovechando astutamente el fracaso exterior de sus antecesores iconódulos, pero la querella iconoclasta adquirió en estos tiempos un carácter menos virulento que antaño. Su sucesor Miguel II (820-829) no tomó demasiada parte en este conflicto, pero tuvo que vérselas con una revuelta social en Asia Menor y en la frontera oriental, promovida por iconódulos. La situación en general empeoró con Teófilo (829-842), que retrocedía en varios frentes: los abbasíes invadieron Asia Menor. Una última oleada iconoclasta entre 837 y 842 en la propia Constantinopla, precedió al regreso a la ortodoxia a la muerte de Teófilo. Su viuda, Teodora, regente de Miguel III (842-867) reunió un sínodo que decidió definitivamente el retorno al culto de las imágenes, aunque las secuelas y reajustes derivados de este siglo de la querella iconoclasta todavía se prolongaron durante algún tiempo.

 
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