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Revista de Historia Medieval

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LOS REBELDES DE BOBASTRO

Umar ibn Hafsún protagonizó la revuelta más importante con la que tuvo que enfrentarse el emirato de Córdoba en los finales del s IX y principios del X. En el fondo era el último intento por mantener prRuinas de Bobastroivilegios de tipo feudal por parte de la aristocracia de origen visigodo.

A fines del s. VIII se inician las revueltas muladíes (musulmanes nuevos) contra los emires de Al-Andalus, que alternan con la protesta mozárabe y culminan con la gran revuelta muladí en todo Al-Andalus. La fuerza de las sublevaciones muladíes se priorizan según el alejamiento de la capital cordobesa, por el mayor o menos predominio de la población muladí y por el apoyo exterior de astures y vascones. Ninguno de los reinos o condados cristianos del norte de la Península tenía la fuerza suficiente ni siquiera para inquietar a los emires cordobeses, hasta que en la segunda mitad del s. IX, los omeyas tuvieron que centrarse en las revueltas de los muladíes andaluces, permitiendo de este modo una mayor audacia en las incursiones cristianas.

La gran protesta muladí es una protesta contra el pago de impuestos, inicialmente dispersa, hasta que Umar ibn Hafsun organiza esos movimientos. Tiene su residencia en la inexpugnable fortaleza de Bobastro, en la serranía de Ronda, y desde aquí realiza razzias contra las poblaciones de la llanura. Bobasto era un nido de águilas, un picacho inaccesible situado no lejos de los llanos de Antequera, desde donde Umar tenía fácil acceso a las campiñas del Guadalquivir y a la Vega de Granada. Fue detenido en 883, y pasó a integrar el ejército cordobés, debido a su habilidad militar. Pero, despreciado por la aristocracia árabe, acabó desertando y nuevamente erigió Bobastro como el centro de la sublevación, ahora con el objetivo definido contra los dirigentes árabes. Su programa dirigido a los muladíes se centra en la diferencia de los musulmanes peninsulares con los árabes, los cuales "nos oprimen con sus humillaciones y nos tratan como esclavos". Aspira a la igualdad de ambas poblaciones.

Ni los emires Muhammad, ni al-Mundhir o Abd Allah, ni tan siquiera el primer califa Abd-al-Rahman lograron expulsarle de su reducto serrano, donde sus hijos continuaron la lucha cuando Umar falleció en 917. A fines del siglo VIII, se produjeron los primeros abandonos de la causa de Umar, ya que anunció su conversión al cristianismo en 889, y los muladíes luchaban contra la opresión económica y la injusticia social generada por las élites árabes, pero en nombre del Islam, no del Dios de los cristianos. Es posible que Umar se convirtiese con objeto de conseguir el apoyo de los escuálidos estados cristianos, pero, sobre todo de los mozárabes andaluces.

Desde 912, Abd-al-Rahman III es emir de Córdoba, y se dirige a pacificar Al-Andalus. Primero contra los rebeldes andaluces, sin cuyo control cualquier intento de dominar las fronteras delAbd-al-Rahman III norte sería inútil. Primero ocupa Sevilla, y después ataca a los aliados de Umar para aislar al rebelde de Bobastro. Domina plazas fuertes estratégicas desde donde poder atacar directamente el centro de la rebelión de Umar, cuya fuerza disminuye progresivamemente hasta su muerte en 917. Su hijo Chafar sigue luchando, pero el emir divide sus fuerzas (muladíes y cristianos), pues ofrece el perdón a los musulmanes (muladíes) que se rindan. Incluso el emir aprisionó a otro hijo de Umar, Sulayman, a quien vuelve contra su hermano Chafar, asesinado en 920. En 928, Hafs, último hijo de Umar rindió la fortaleza de Bobastro al emir, que por fin logra pacificar las sublevaciones interiores andalusíes. Abd-al-Rahman III quiso dar un escarmiento ya que Bobastro fue el símbolo de la pérdida de poder de los emires, pero ahora quiere que sea el símbolo también del nuevo poder.

Encomendó a sus soldados la destrucción de todas las obras de fortificación de Bobastro que rodeaban la ciudadela que mandó edificar con gran diligencia. Hizo exhumar los restos de Umar ibn Hafsun y Chafar, y los alfaquíes (los doctores islámicos que no lovidaban la conversión de ambos al cristianismo) vieron que reposaban tumbados de espalda, a la manera cristiana. Sus osamentas fueron llevadas a Córdoba, y expuestas en la Puerta de al-Sudda sobre horcas elevadas junto a la de Sulayman, como advertencia al pueblo. Este acto necrofílico debía dar satisafacción a los verdaderos musulmanes.

Con la caída de Bobastro, Abd-al-Rahman III creyó llegado el momento de dar un nuevo paso, adoptando los títulos de califa y príncipe de los creyentes, así como el de combatiente de la religión de Allah. Posiblemente este paso se dio como defensa ante los fatimíes del norte de Africa, que deseaban unificar el Islam bajo su mando, por lo que eran mucho más peligrosos que el lejano y debilitado califato de Bagdad.

 

 
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