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Revista de Historia Medieval

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EL IRRESISTIBLE ASCENSO DE LOS VISCONTI

El ascenso de la familia Visconti en Milán hay que enmarcarlo en las cruentas luchas cesaropapistas por el poder, representados por los partidarios imperiales, los gibelinos y los güelfos, seguidores del Papa y apoyados popularmente.

El veArzobispo Oton Viscontirdadero artífice del poder de los Visconti fue Mateo Visconti el Grande, o Mateo Magno Visconti ( Invorio, 1250 - Milán,1322). Fue hombre de armas y sirvió a su tío-abuelo, el arzobispo Otón Visconti, que trataba por la fuerza de hacerse con el señorío de la ciudad de Milán. Otón le nombró Capitán del pueblo en 1287. En 1291, el Consejo General de la ciudad le nombrará señor de Milán sin que existiera mandato oficial del Rey de los Romanos, Rodolfo I. En mayo de 1294, es nombrado por el emperador vicario general para Lombardía.

Desde 1295, la ciudad de Milán es objeto del deseo de gibelinos y güelfos, librándose encarnizados combates por su posesión. Mateo se mantuvo como buenamente pudo al frente de la ciudad hasta junio de 1302. La familia rival en Milán, los güelfos della Torre reunieron a los enemigos de los Visconti de las ciudades de Cremona, Pavía, Piacenza, Novara, Vercelli, Lodi, Crema y Montferrato. El poderoso ejército que lograron reunir hizo exiliarse a Mateo, que vio como la residencia familiar en Milán era incendiada. El nuevo señor de Milán fue Guido della Torre, sobrino del último della Torre que había gobernado Milán. Mateo permanció años acogido por la familia Scaligeri de Verona.

En noviembre de 1310, se produjo el encuentro entre Mateo y Enrique VII, Rey de Romanos y posteriormente rey de Italia y emperador, quien busca afanosamente la paz en LombardíMateo Viscontia, para lo cual necesitaba imperiosamente el acuerdo entre Mateo Visconti y los della Torre. Pero la falta de entendimiento entre tan enconados enemigos y la intervención de las tropas alemanas en Milán, expulsan a los partidarios milaneses de della Torre en la ciudad. Ante la discordia entre ambas familias rivales, Enrique VII prefiere apoyarse en aliados menos incómodos que le juren fidelidad: unos cuantos ciudadanos que se reúnen en la Sociedad de los Fieles.

En julio de 1311, el emperador vende a Mateo el cargo de vicario imperial para Milán, donde el Visconti debe vérselas de nuevo con sus viejos enemigos güelfos. Mateo, elegido por los milaneses capitán del pueblo, se desvinculó rápidamente de los dictámenes imperiales, dedicándose a imponer su jurisdicción sobre otras ciudades lombardas.

Pero la temprana muerte del emperador Enrique VII debilita en gran manera a los gibleinos. Se produce un período de luchas interminables entre Mateo y sus aliados gibelinos y los dell Torre y los güelfos. Los hijos de Mateo intervienen activamente en los combates. En 1316, el papa francés Juan XXII es elegido y parece totalmente decidido a expulsar a los partidarios del emperador del norte de Italia. Y para ello se enfrenta entre otros, con el señor de Milán, a quien prohíbe el uso del título concedido por el difunto emperador Enrique VII de vicario imperial. Incluso Mateo es excomulgado, en el ámbito de su lucha contra el papa francés.

El apoyo de Mateo a la familia genovesa de los Doria, en su intento de tomar el poder en la república de Génova, hace que el Papa contraataque con todas sus fuerzas contra los Visconti, pidiendo incluso ayuda a los franceses.

En 1320 se inicia en la nueva sede papal (con Juan XXII) de Aviñón un proceso contra Mateo en el que se le acusa de necromancia para provocar la muerte del papa. Mateo se negó en septiembre de ese año a Aviñón a responder de las acusaciones alegando su avanzada edad y su mala salud. El tribunal de Aviñón dicta su sentencia en febrero y Mateo es condenado en rebeldía de sus acusaciones de necromancia. En diciembre, el papa solicita al arzobispo de Milán que incoe un nuevo proceso contra Mateo y su hijo Galeazzo por herejía. La guerra continúa asolando la Lombardía. Los hijos de Mateo, Galeazzo y Marco, continúan su lucha contra los güelfos por toda la región.

El Papa sigue decidido a acabar con el poder de los Visconti. El cardenal Bertrand du Poujet, el ángel de la paz (pacis angelus ) del papa, proclama la cruzada contra los supuestos herejes viscontinianos, Mateo y sus hijos. El arzobispo de Milán, Aicardo Antimiani, condena a Mateo Visconti como hereje: se confiscan sus bienes y se anulan sus dignidades. Mateo Visconti, harto ya de tanta lucha, se retira a Crescenzago, muy cerca de Milán y confía el gobierno de la turbulenta ciudad a su hijo Galeazzo, en 1322. Mateo morirá enseguida.

GaleazzGaleazzo Viscontio fue nombrado capitán del pueblo por un año. Los sucesores de Mateo siguieron gobernando el señorío de Milán hasta el advenimiento de otra poderosa familia, los Sforza ya en 1450. El creciente poderío de los Visconti, representado por Galeazzo I (1322-1328), Azzone (1328-1339) y Luchino (1339-1349), provocó la reacción de los estados colindantes, que formaron una liga defensiva (Lega di Castebaldo), capitaneada por Juan de Bohemia como representante imperial y alentada por los Scaligieri de Verona, muy afectados por la política agresiva de Milán.

A mediados del siglo XIV el estado milanés comprendía toda Lombardía, incluyendo ciudades de importancia económica como Brescia, Bérgamo o Cremona. Los Visconti en esta época lograron mantener las posesiones milanesas frente a los ataques de la liga güelfa. Su expansión continuó a lo largo de toda la centuria, pese a las controversias existentes en el seno de la propia familia viscontea y la competencia florentina.

 

 

 
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