| Inicio | Contacto | Viaje por España | Revista Historia | Biblioteconomía | Noticias carpetanas | Madrid críptico | Blog |
Revista de Historia Medieval

Eric el Rojo en la Tierra Verde
Vikingos en Sevilla
El libro de Kells
Jayyam, esencia mística del vino
La primera Rusia
Beda, el Venerable
El poderío de Tula
El juego de la Oca
San Patricio de Irlanda
El reino de Tudmir
El Ordenamiento de Alcalá
Los Khmer de Angkor
El Preste Juan
La ciudad medieval de Tombuctú
El Reino de Ghana
Los rebeldes de Bobastro
El Rey Lobo
Ain Yalut
El juego de pelota
El Infierno, ese gran invento
Los Husitas
El Althing
Una República en Almería
Historia de la Spaten
La Danza de la Muerte
Juan Sin Miedo
La Devotio moderna
El irresistible ascenso de los Visconti
La conquista de Albania
Extrema y dura
Los Infantes de Carrión
Blanca Garcés de Navarra
Caos en el Hipódromo
Crisis iconoclasta
Los feroces ultramontanos
El almirante Cheng Ho
¡¡¡Venganza catalana!!!
Las vías pecuarias
El Puente del Perdón
Disputa por el Valle de Lozoya
Relaciones entre Segovia y el Valle de Lozoya
El Cid de Lérida
Las serranas del Arcipreste
El verdadero Guy de Lusignan
Atentado contra el Rey Católico
¡A buenas horas, mangas verdes!
Espías asados en Antioquía y caníbales en Maarat

 

 

LA CIUDAD MEDIEVAL DE TOMBUCTÚ

La irrupción en el África septentrional de los conquistadores árabes supondría un cambio sustancial en el equilibrio económico, social y político del Sáhara. Plenamente avezados a sobrevivir en las regiones más inhóspitas, los árabes penetrarían en el Sáhara, extenderían el islam hasta Sudan-es-Bilad ("la tierra de los negros") y reanudarían el tráfico comercial del que se hizo eco Herodoto. Con ello, las noticias de las legendarias riquezas del África negra llegarían una vez más al mundo mediterráneo y, desde allí, a toda Europa.

La sal, el oro y los esclavos eran las mercancías claves del nuevamente floreciente comercio transahariano. La sal, componente esencial para el organismo humano, brotaba sin cesar en las salinas de Taghaza, en pleno desierto, pero escaseaba dramáticamente más hacia el sur. Allí, en cambio, en los parajes ya húmedos y boscosos del África tropical, el oro era tan abundante que los soberanos de aquellos reinos enjaezaban sus cabalgaduras con pepitas de oro gruesas como el puño, decían los rumores.

Poco a poco, y aunque siempre basándose en fuentes indirectas, el epicentro del intercambio comercial adquiriría un nombre propio: Tombuctú, que se situó estratégicamente en el encuentro de las caravanas del Maghreb y las barcas provenientes de Gao, Niamey y otras ciudades a lo largo del Valle del Níger.

Fue fundada por el pueblo tuareg hacia el año 1100, convirtiéndose rápidamente en un centro sahariano para el comercio de las caravanas debido a su cercanía con el río. Hacia 1324 - 1331 Kankan Moussa, rey de Malí, amplió el asentamiento, dotándolo de mezquitas y palacios. La mezquita más antigua de la ciudad, conocida como Djinguereiber (la grande), fue construida en 1325 por Ishaq es-Saheli, un arquitecto granadino contratado por el emperador malinké. Según Ibn Battuta, Ishaq es-Saheli habría sido enterrado en Tombuctú. Durante la Edad Media su oro y su sal eran conocidos en toda Europa, pasando a ser uno de los núcleos comerciales más importantes del norte de África, donde los mercaderes árabes procedentes del Mediterráneo paraban y comerciaban. Con la decadencia del imperio de Malí, Tombuctú fue reconquistada en 1435 por los tuareg y, tres años después, por Sonni Ali, que la incorporó al reino Songhai , bajo cuya dominación alcanzó su máximo esplendor como centro de difusión de la religión y la cultura islámica en toda África occidental.

La ciudad tuvo su mayor esplendor durante el reinado de los Askia (1493-1591), con más de 100.000 habitantes de diversas etnias: bereberes, árabes, mauritanos, bambas y tuareg. En este periodo se origina la Biblioteca Andalusí de Tombuctú, que reúne manuscritos recogidos por moriscos exiliados.

Tombuctú fue famosa por su cultura, convirtiéndose en un centro de estudios islámicos, gracias a las diversas facultades de su Universidad. Uno de los lugares más atrayentes es su muralla, de unos 5 km. También es apreciable la belleza de la Mezquita Sankore, convertida en universidad; el Palacio Buctú y la Mezquita Sidi Yahia, recuerdos de la edad de oro de esta ciudad.

Tombuctú había sido una rica ciudad de intercambios entre comerciantes arabo-beréberes y los poderosos negociantes Diulas del Sur. El oro de las minas, el marfil, las plumas y los esclavos compraban los tejidos lujosos venidos de Egipto o del Oriente asiático, las alfombras, el tabaco, los dátiles, las especias, tan codiciadas por los europeos.

La credibilidad de Tombuctú en el imaginario occidental como un emporio de riquezas inimaginables quedaría definitivamente avalada a principios del siglo XVI por un fiable testigo directo, el granadino Hassan Ibn Muhammad al Wazzani, más conocido entre nosotros como León el Africano. "En Tombuctú se alzan una mezquita extraordinaria y un palacio majestuoso", explica León el Africano. "(.) Los habitantes, y especialmente los extranjeros que viven aquí, son extraordinariamente ricos (...)". Sus visitas a la ciudad coinciden con su momento de máximo esplendor, por lo que el granadino no debió de haber exagerado en demasía. Y esto era lo que lo europeos querían oir...

Con la penetración y el dominio de los europeos de la costa africana occidental, la trata de negros y la islamización, el equilibrio ancestral de las civilizaciones africanas se quebró, cayendo en decadencia hasta hoy lo alcanzado durante varios milenios de proceso civilizatorio autóctono.

 

 
© by Diego Salvador desde 2006
Revista de Historia Medieval Revista de Historia Moderna Revista de Historia Contemporanea Revista del Mundo Actual Revista de Arqueologia Revista de Historia Antigua Revista de Prehistoria