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Revista de Historia Medieval

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EL PUENTE DEL PERDÓN

El Puente del Perdón se ubica frente al Monasterio de Santa María de El Paular, en la carretera M-604, km 27,6, dentro del término municipal de Rascafría, en Madrid.

La historia escrita del valle de El Paular comienza en 1302, cuando la ciudad de Segovia toma la decisión de repoblar la zona sur de la Sierra. Para ello, el concejo segoviano renunció a parte de sus derechos y delegó la actuación repobladora (y pacificadora) en manos de la oligarquía urbana segoviana, encarnadas en las Cuadrillas de Quiñoneros de las parroquias de La Trinidad, San Esteban, SaVista de la Cartuja de El Paular desde el Puente del Perdónn Martín y San Millán. Los quiñones (caballeros urbanos) fundan así los cuatro pueblos de la cabecera del Valle: Rascafría, Oteruelo, Alameda y Pinilla.

Estos terrenos serán ocupados por campesinos del norte de la Península, beneficiarios por condiciones especiales de repoblación, que se ponían en marcha para estimular la venida de nuevos vecinos. El Valle pasó a formar parte entonces de una nueva unidad administrativa, el Sexmo de Lozoya, que formaba parte de la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia, el mayor concejo de la región.

En el siglo XIV se fundó la cartuja de El Paular, quizás dentro el empeño del monarca castellano Juan I de restaurar a las órdenes monásticas como elemento vertebrador de sus territorios.

Rascafría y Oteruelo acogieron personas de procedencias diversas y lograron defender sus derechos frente a Segovia. Junto con Alameda y Pinilla, se organizaron de tal manera que lograron comprar los territorios que habitaban a sus dueños legales, los quiñoneros de Segovia, según obra en el documento de compra de Rascafría por sus vecinos en 1442.

A finales del XIX, Rascafría rondaba ya los mil habitantes, y su economía estaba basada sobre todo en la ganadería, pero también funcionaba el antiguo molino de papel de los monjes cartujos, primer molino de papel de Castilla, tres molinos harineros y dos serrerías.

El actual Puente del Perdón fue construido a instancias de la comunidad cartuja del monasterio de El Paular durante la primera mitad del siglo XVIII (parece que fue inaugurado en 1738) para salvar las aguas del río Lozoya, y hacer más cómodo y accesible el paso desde el Monasterio al molino de papel de la finca de Los Batanes. Seguramente sustituyó a un puente de factura más antigua. El molino de papel sirvió para que los monjes fabricaran papel, uno de sus más importantes fuentes de ingresos. De aquí salió el papel con el que se imprimió en 1605 la primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes.

Es un puente de tres arcos construido con sillería de granito. Presenta dos espacios semicirculares de acceso y 2 plazoletas centrales situados sobre las pilas centrales que mantienen la estructura de la obra. Las dos plazoletas se dividen en dos descansaderos cada una, con bancos corridos semicirculares, también de piedra granítica. Desde estos bancos labrados podemos observar la monumentalidad del monasterio y el paisaje montañoso que nos rodea. Ahora bien, esta no fue la primitiva función para la que fueron creados, si no más bien para facilitar la celebración de asambleas y reuniones sociales de las gentes del lugar.

El puente consta de tres tramos apoyados en tres bóvedas de medio cañón que originan tres arcos de medio punto de idénticas dimensiones y ligero abocinamiento. El arco central está flanqueado por dos pilas de planta semicircular, con tajamares en su base, a fin de aguantar con mayor eficacia los previsibles aumentos del cauce del río, sobre todo en tiempos de deshielo o ante los efectos de alguna tormenta de efectos devastadores.

El pretil (muro o barandilla) que recorre el puente está decorado por una serie de molduras lisas, que trazan sobre los arcos figuras elipsoidales. En la parte inferior del muro, una gárgola se encarga de eliminar el agua de lluvia del tablero.

El Puente del Perdón fue restaurado en 1991.

El nombre parece proceder de una leyenda local según la cual se revisaba en el puente original la sentencia del reo condenado cuando le llevaban los alguaciles hacia la casa de la Horca, supuestamente situada en lo que es hoy el paraje conocido como Mirador de los Robledos, donde podemos admirar el menhir que forma el Monumento a la Guardería Forestal, desde donde divisamos todo el valle y las montañas que lo delimitan. Las autoridades del Valle acostumbraban a celebrar los juicios junto al puente. Los reos apelaban su sentencia ante el tribunal en el mismo puente y, si eran perdonados, volvían sanos y salvos. Si la cosa no prosperaba, eran ejecutados en la Casa de la Horca.

Con la repoblación segoviana de estas laderas de los Montes Carpetanos, a comienzos del siglo XIV, pudo construirse el puente original. Por aquel entonces, multitud de forajidos se ocultaban en los bosques del Valle y en los montes que lo bordean. Hemos visto como la Cuadrilla de los Caballeros de los Quiñones de la Ciudad de Segovia, compuesta por más de cien jinetes de lanza, fue encargada de poner orden en la región, con funciones judiciales para tratar de poner orden. Eran los quiñoneros los que trataban de impartir justicia, y lo hacían junto al Puente del Perdón.


 



 

 
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